Dos meses habían pasado, mi contacto con Ayato se redujo a observarlo desde la distancia, no conteste sus llamadas, tampoco respondí sus mensajes, ni siquiera fui a verlo una última vez para explicarle lo que había hecho, la muerte de las chicas se le terminó adjudicando a unas criaturas, aunque nunca dieron con ellas. No sabía si saldría viva de la pelea que se avecinaba así que preferí desaparecer, si salía victoriosa iría a buscarlo, si no... Preferiría que me olvidará.
El entrenamiento de Raissa fue intenso, tanto que pensé que iba a morir, a pesar de que mi cuerpo estaba mejorado por el mana llegué a creer que no podría soportarlo, solo la fuerza de voluntad fue lo que me ayudó a continuar. Anna no la paso mejor, al ser la menor su cuerpo se tardó más en adaptarse, solía ser la que más lastimada terminaba; muchas veces quedaba en un estado deplorable, insistiendo en continuar para no ser una carga para nosotras. Era bastante triste verla seguir aún cuando sus huesos estaban rotos. A pesar de que al día siguiente estaría como nueva su cuerpo se llenó de cicatrices que no se borrarían fácilmente.
En dos meses las chicas y yo nos volvimos bastante unidas, nunca había tenido amigas que me comprendieran en tantas cosas, en las alegrías, en las tristezas y en las perdidas. Ayato quizás era mi mejor amigo en este mundo m, tal vez algo más que nunca llegamos a oficializar, pero tener amigas mujeres era algo muy diferente, compartir la misma carga, el mismo temor y el mismo deseo nos hizo más fraternas al punto de confiarnos la vida entre todas.
El entrenamiento no solo se basaba en habilidades y fuerzas, debíamos cazar criaturas, encontrar sus puntos débiles, analizar sus patrones de ataques. La información que teníamos sobre Calypso era limitada, las máscotas gemas (como les llamaba Anna) no tenían mucha información de ella aparte de que era la responsable de crear a los monstruos así que debíamos estar preparadas para lo que sea.
Lo positivo de todo el arduo entrenamiento fue que ya podía controlar mis poderes de forma decente, podía mantenerme transformada por más tiempo y no terminaba tan agotada luego una larga pelea, logré realizar hechizos bastante destructivos con mi varita y aumentar el poder de mi Aquamarine Omega Buster
La noche anterior al día del ataque, después de dar una corta vuelta por la zona amurallada de Neo-Japon, con algo de suerte pude vislumbrar a Ayato en un balcón, observando la luna un poco melamcolico. Sin detenerme a hablar regrese a nuestra 'base de operaciones' improvisada (en realidad era un viejo edificio medio derrumbado en un país olvidado de lo que antes solía ser latinoamerica) para repasar el plan por última vez con las chicas.
Cuando llegue me tope con Anna llorando amargamente, siendo abrazada por Charlotte y Ginevra, Raissa sostenía su mano, entrelazando sus dedos con fuerza. De todas, la pequeña Anna era la que más miedo tenía, no quería volver a morir.
El ambiente en la habitación era tenso, y el llanto de Anna resonaba en mis oídos como un eco doloroso. Me acerqué a ellas, sintiendo una punzada en el corazón al ver la angustia en el rostro de mi amiga. Charlotte, con su carácter fuerte, intentaba consolarla, pero incluso su voz firme parecía quebrarse ante la desesperación de Anna.
-¿Qué pasa? -pregunté, tratando de mantener la calma a pesar de la inquietud que crecía dentro de mí.
Ginevra levantó la mirada y me hizo un gesto para que me acercara.
-Anna está asustada -dijo, su voz suave y comprensiva. -Ella no tiene el mismo tiempo que Raissa, Charlotte o yo. Tampoco tiene la fuerza que demostraste, su poder, aunque es el más destructivo de todas, es muy volátil, muy inestable, tiene miedo de morir.
Me agaché junto a ellas, sintiendo la necesidad de ofrecer apoyo. Tomé la mano de Anna, que temblaba ligeramente.
-No estás sola, Anna -le dije, intentando infundirle algo de fuerza -Todas estamos aquí contigo. Hemos pasado por tanto y hemos sobrevivido. Esta vez no será diferente.
Raissa asintió, sus ojos firmes reflejaban determinación.
-Lo que enfrentaremos mañana es peligroso, sí, pero también hemos entrenado duro para esto. Somos más fuertes de lo que creemos. Más fuerte que hace dos meses.
-Anna, puedes contar con nosotras, no dejaremos que ninguna caiga -exclamo Charlotte con fuerza
Anna secó sus lágrimas con la manga de su sudadera y nos miró a todas, un destello de esperanza cruzó su rostro.
-¿Y si no soy lo suficientemente fuerte? -preguntó con voz temblorosa.
-Entonces seremos fuertes por ti -respondí sin dudarlo. -Juntas somos un equipo. Si alguna cae, la levantaremos. Eso es lo que hacemos.
Charlotte sonrió suavemente y añadió:
-No solo somos un equipo, somos una familia, cada una entiende el dolor de la otra, cada una entiende el miedo de la otra. Estamos juntas en esto
Las palabras de Charlotte parecieron calmar un poco el torrente emocional de Anna. Por un momento, el miedo se disipó y se sintió un aire de camaradería entre nosotras.
-Vamos a repasar el plan -sugirió Raissa, tomando el control de la situación -Necesitamos estar preparadas para cualquier cosa que Calypso nos lance.
Nos sentamos en círculo, y mientras repasábamos los detalles del ataque, la tensión comenzó a transformarse en determinación. Cada una compartió sus pensamientos sobre cómo podríamos abordar la situación, qué estrategias utilizaríamos y cómo podríamos protegernos mutuamente.
El miedo aún seguía presente, pero estábamos llenas de determinación. Si esto ponía fin a esos monstruos, si esto lograba que la humanidad fuera libre una vez más teníamos que hacerlo.
La noche avanzó y, aunque el sueño intentaba reclamarme, me sentí más alerta que nunca. Al amanecer iríamos hacia la guarida de Calypso y aunque aún recuerdo lo que le dijimos a Anna no puedo evitar sentirme nerviosa y asustada. Si algo salía mal el precio a pagar serían nuestras vidas.