Mis manos temblaban como una hoja muerta, se encontraban teñidas de un rojo oscuro, turbio y con un fuerte olor a metálico, mi respiración estaba entrecortada, me costaba mantenerme estable. Las cosas habían sucedido muy rápido, solo recordaba ver a Charlotte sobre el cuerpo de Anna, la pequeña Anna, quien a pesar del miedo tenía sus ojos llenos de determinación, quien a pesar de ser la más joven fue la que más se esforzó en el entrenamiento, esa niña que veía en nosotras la familia que había perdido. Ahora estaba sin vida, con sus ojos huecos, sus gemas destrozadas y su cuello abierto, como si una criatura salvaje la hubiera atacado intentando desgarrar lo más profundo de su tráquea. Casi vómito al ver que era la criatura, aquella criatura con ojos llenos de locura y labios manchados de rojo, aquella criatura llena de una ira tan grande que me hizo temblar internamente, aquella criatura salvaje, con deseos de carne y sangre no era otra que mi antigua compañera Charlotte, quien ahora se encontraba muerta, asesinada por mis propias manos.
•12 horas antes•
El viento ondeaba mi cabello con fiereza, era una sorpresa que mi vestido se mantuviera como siempre. No creo que sea muy buena idea volar con un vestido, pero no es como si pudiera hacerlo de otra forma, al menos no se destrozó por la velocidad a la que volabamos.
Las ruinas de ciudades abandonadas decoraban el paisaje ante nosotras, desde grandes arquitecturas oxidadas y destruidas hasta enormes estatuas y monumentos, todas cedieron con el paso del tiempo, todas cayeron ante la destrucción de Calypso.
Las diferentes criaturas y monstruos se abrían paso ante nosotras, algunas peleando entre ellas, otras atacandonos sin compasión. Una bandada de monstruos voladores nos emboscaron guiandonos hacia su guarida, la pelea fue bastante intensa, no por lo peligroso de las criaturas, si no por su cantidad.
-¡Anna, ahora! -luego de hacer cargado con mana nuestras armas le di la señal para disparar.
Los dos enormes rayos de luz convirtieron en polvo a todos los monstruos frente a nosotros dando por terminada la pelea.
-Mientras más nos acercamos más monstruos aparecen, no es de esperar que la Nueva Gran Colombia sea la más asediada por los monstruos -Charlotte se sentó sobre un gran trozo de concreto mientras descasaba un poco.
-¡Gahhh... Ya perdí la cuenta de a cuántos hemos matado! -Ginevra solto un quejido, no habíamos tenido mucho descanso desde que nos acercamos al nido de Calypso. -Si seguimos así estaremos agotadas antes de enfrentar a La Madre de Todos los Monstruos.
-Ella debe saber que estamos cerca, quizás esa es su intención -Raissa, a pesar de mantener la compostura, también se notaba ligeramente agotada. Blandiendo su estrella de la mañana señaló hacia el horizonte y dijo. -Esto aún no termina, cuiden su guardia.
El horizonte se oscurecía a medida que nos acercábamos a la guarida de Calypso. Las nubes, gruesas y amenazantes, parecían latir al compás de los ecos de las criaturas que habitaban ese lugar maldito. La tensión en el aire era palpable, tanto que podía cortarla con un cuchillo.
-¿Pueden sentir eso? Es una ira inconmensurable, es escalofriante -murmuro Anna con cara de ponerse mala.
Ante nosotras se extendía un gigantesco cráter, tan basto que fácilmente podría medir unos cientos de kilómetros desde un extremo a otro. El cráter no solo se extendía hasta el horizonte, su profundidad también era algo de temer, mientras más cerca del centro más profundo se hacía.
Decidimos aterrizar antes de entrar a la zona de impacto, la periferia del cráter se veía inusualmente sola, sin ninguna criatura a la vista, algo que nos pareció bastante extraño, los monstruos no bajanba su cantidad de camino acá.
-Estos ¿Son hongos? -Charlotte se acercó con curiosidad al borde del cráter, viendo de cerca las extrañas protuberancia que salían del suelo.
Se veía bastante interesada, después de todo, mientras viajabamos descubrimos que la naturaleza dejaba de crecer mientras más nos acercabamos a la zona de impacto. Raissa los veía con desconfianza, nada que creciera cerca de aquí podía ser bueno; la chica mágica de rosado extendio su mano y toco suavemente el hongo con su dedo.
-¡No los toques! -exclamo Raissa alarmada, lamentablemente ya Charlotte había acariciado el hongo.
El sombrero del hongo explotó en una nube de esporas que rodearon a Charlotte, como una reacción en cadena las demás explotaron haciendo que la chica inhalara una gran cantidad sin poder evitarlo. El humo entro por sus pulmones y se filtro rápidamente por todo su cuerpo, la chica cayo de rodillas tosiendo sangre y perdiendo el control de su cuerpo, el rubí en su abdomen brillo intensamente bajo su ropa, intentando deshacerse de la toxina. Charlotte convulsionaba frente a nosotros, los sucesos ocurrieron tan rápido que nos tomo por sorpresa y no sabíamos que hacer.
Raissa con su rápida reacción, se cubrió la nariz con una mano y corrió hacia Charlotte sacándola de esa nube tóxica. La morena, quien apenas había estado unos segundos dentro de la nube, comenzó a toser violentamente luego de dejar a Charlotte en el suelo. Su gema también brillo intentando purgar el virus dentro de ella. Las convulsiones de Charlotte se detuvieron, las venas en su cuerpo resaltaban de manera aterradora, su piel se veía más pálida que de costumbre y su respiración estaba agitada.
Ginevra corrió a su lado y por orden de Raissa utilizo algún tipo de magia para estabilizarla.
-Calypso no será amable con nosotras... -Raissa jadeo, lanzándose magia a si misma, se veía demacrada también. -Debemos tener cuidado, las gemas no pueden purgar esa toxina tan rápido, si Charlotte se hubiera quedado unos segundos más su gema se hubiera corrompido y estaría muerta.
Raissa escupió algo de sangre y respiro profundo, la nube de esporas había regresado al hongo y este lucía como si nada hubiera pasado, como un hongo indefenso.