Maison d´ May

Capítulo 7. Parte 1

May no tuvo pesadillas esa noche, solo sueños dulces de niños corriendo por las praderas de un pueblo. El mundo se veía enorme y demasiado brillante; miraba desde su ventana hacia la casa de sus vecinos, ella le esperaba desde el día que iniciaron las vacaciones, el tiempo se sentía como una eternidad hasta el momento de divisar el coche de su familia. Tan pronto salieron de aquel coche corrió hacia su tía quien lavaba apacible mientras los demás jugaban en el jardín.

-¡Han llegado! ¡Han llegado!- dijo llena de entusiasmo- ¿Puedo salir a jugar?

-Solo si te comportas como señorita- dijo su tía- recuerda que debes llegar para la cena.

Adoraba más que nada aquellos días de juegos con los hijos de los vecinos, cuando el agua fresca de las fuentes y los ríos invitaban a pasar días rebosantes de felicidad y buenos recuerdos. Tan llenos de esperanza e inocencia, recuerdos de los que estaba segura, recordaría por la eternidad. Cuando en el mundo había todavía amor y bondad en las personas; y los niños como ella y sus primos, como él y sus hermanos aún podían disfrutar juntos del cálido beso del verano y de la primavera...

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La hermana de May entró al cuarto de golpe arruinando un posible buen comienzo del día, parecía más molesta que emocionada, como habían pasado el día en el centro comercial era turno de May escoger los lugares, eso si quería ir a la playa con sus nuevos amigos.

-¿Cuanto más piensas dormir?- arrojó una almohada a su rostro- siempre despiertas temprano y justo hoy se te ocurre dormir de más.

- Nunca te han gustado mis elecciones, no veo porque la emoción de salir temprano.

-Porque para ir a la playa necesitas un traje de baño y ayer no compraste nada.

-Quedamos en que yo elegiría los lugares.

-Pero debes comprar un traje de baño y yo lo elegiré.

El agua por fín salía caliente y por un probable error de diseño la pared de la ducha tenía una ventana que daba al mar más grande de lo que normalmente solían ser; si May se paraba en puntillas podía ver los barcos que iban y venían por las aguas oscuras que se extendían por el horizonte, por lo menos esa ventana no estaba tan baja como las ventanas junto a la bañera. Ya que la habitación de May quedaba un poco apartada del resto no había que compartir el baño, el cual era cómodo para ella, del tamaño perfecto, ni muy grande ni muy chico. A May le pareció escuchar desde su habitación tocar Lili Marleen. Ignoró los gritos de su hermana desde el otro lado para concentrarse en tararear al son de la canción.

May se arregló el cabello con unos victory rolls y salió de la habitación con el look más retro que pudo. Después de todo no había por qué dejarse llevar por su hermana. Irían a un par de museos, a un par de tiendas de segunda y su hermana la dejaría en paz una vez que la arena se metiera por sus dedos. Cuando dió un último vistazo al espejo él la miraba con sus ojos de angel. May estaba de tan buen humor que lanzó un beso al aire, lo que le hizo reír de forma encantadora. Las mariposas revoloteaban en su estómago subiendo el calor hasta sus mejillas. Mayrin se despidió torpemente antes de derretirse de la pena.

Si el día anterior anduvieron por las calles transitadas, esta vez fueron por avenidas tranquilas del centro de la ciudad. May eligió el museo de flora y fauna marina esperando que su hermana no sufriera tanto de su tiempo, a ella le gustaba el agua, algo debía interesarle de ella además de andar semi desnuda al aire libre. Lo más interesante del museo, al menos para Mayrin fueron las salas de excentricidades, con imágenes y supuestos esqueletos de criaturas mágicas reales. Tomó folletos y hasta una pequeña antología con leyendas y cuentos locales en la tienda de regalos, era su primer museo de vida marina y parecía el mejor del mundo. 

Después de tachar el museo de antropología e historia de la ciudad siguieron su ruta por la "Avenida de los Chuches" una avenida popular en la ciudad por tener tiendas toda clase de cosas estrafalarias y poco convencionales, en las ciudades anteriores solo había tenido ocasión de entrar en un par de tiendas sin oportunidad de comprar otra cosa que un atrapasueños y un broche. Aun así su hermana solo le permitió entrar a una tienda de discos; una casa de aspecto francés cuya planta baja estaba adecuada para ser una tienda.

En las paredes entre viejos posters de discos y cantantes los cuadros en blanco y negro de los dueños originales descansaban. Era sorprendente que en un siglo un pueblo pasara a ser una ciudad. May siguió viendo aquí y allá hasta detenerse en una fotografía peculiarmente familiar. Una donde se encontraba toda una familia y, entre ellos aquellos ojos de ángel sonreía entre tantos. Sabiéndose alterada por ello tomó al azar unos discos de acetato y de forma apresurada los compro actuando lo más natural posible, salió de ese lugar antes de que su hermana preguntara cualquier cosa, dejándose arrastrar hasta un local de bikinis. Dina recobró su brillante felicidad en cuanto llegaron al malecón, luciendo sus lentes de brillantes y un diminuto bikini rosado dio un codazo a su hermana para que sonriera también. Dina poco le gustaba estar con su hermana, la sentía como una pequeña nube de tristeza capaz de avergonzarla sin siquiera intentarlo. Le desagradaba tanto su actitud como su mal gusto, pero más le desagradaba que aún así la llegaran a ver más bonita que a ella. No tardó mucho en darle el empujón para que saliera de su camino.

May caminó por la arena buscando conchas, en realidad no le interesaban los amigos de su hermana, antes solía presentarla ante sus grupos, pero ello no duró mucho; los chicos tras los que iba su hermana no dudaban en coquetearle y la situación se ponía incomoda cuando hablaban de temas populares, por eso era un alivio para ambas no seguir juntas. May quería amigos, no chicas hipócritas criticando a su espalda ni chicos en busca de la menor oportunidad para aprovecharse.




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