Maison d´ May

Capítulo 22.

cuentras? -preguntó Sara- Devi me dijo que pasaste un momento difícil. Entiendo si no puedes o no quieres decirme, no te sientas presionada a hacerlo, solo pregunto porque me preocupaste, desapareciste sin decir nada, así que mejor me callo antes de empeorar la situación ¿Si? Solo, siéntete segura de que puedes contar conmigo, incluso si no puedes hablar. Trataré de comprenderte.

-Estoy bien, no tienes de que preocuparte, siento las molestias, es solo que no estoy acostumbrada a... es algo nuevo para mí.

Sara calló por un momento, abriendo la boca para seguir el interrogatorio pero deteniéndose al mismo tiempo al darse cuenta de que, preguntar más allá podría significar tocar algún asunto delicado. Cuanto interrogó a Devi tras recibir las noticias, esta lo evadió diciendo que eran cosas demasiado personales para ser ella quien lo contara y, viniendo de una boca floja que no callaba ni lo que pensaba, debía tratarse de algo serio. Lo mejor que podía hacer era creer que ahora estaba bien, es decir, parecía estar tan sobria como siempre, quizás era a eso a lo que se refería Devi y May era de quienes preferían sanarse a sí mismos y no depender de nadie.

-Grandioso, me alegro -Sonrió tan natural como pudo pudo tras el triste pensamiento- ¿Sabes? Creí que era una broma lo del invernadero.

-Para ser honesta, pensé que tendría negativas.

Tras esa discreta sonrisa Sara habló con su habitual energía, quizás energía de más. A penas y entendió lo que le dijo. May rió levemente ante las bromas que pudo entender de aquel extraño humor que Sara tenía, tampoco era quisquillosa en cuestión de sentidos del humor, poco entendía esa parte de las personas y ella misma carecía de esa cualidad, pero era reconfortante que alguien bromeara con ella a pesar de no entender bien sus chistes, otros en el pasado se rindieron en poco tiempo.

-No tienes idea de la suerte que tienes. Las secundarias y la preparatoria pública tienen proyectos sociales de muchos tipos, la construcción de casas y refugios es parte de ello. Normalmente hago mi labor social en el hospital. Pero los puestos se llenaron este año y tuve que trabajar levantando paredes de blocks para un comedor comunitario en un campo agrícola. Así que, si quieres escoger un buen proyecto debes tener buenas calificaciones, a los mejores les permiten escoger antes.

-Es la primera vez que escucho de una cosa así ¿Qué clase de proyectos hay?

-De todo. Puedes hacer labores directamente en comunidades, asistir a instituciones de salud, sociales, cultura, deporte o investigación, si tu promedio es de los mejores puedes ser asistente en empresas privadas, al menos eso dicen los rumores. Claro, todo depende de tus calificaciones y los resultados de las pruebas vocacionales que hagas. Es genial porque te ayuda a elegir carrera. Me gusta estar en emergencias donde puedo ver sangre y accidentes extraños, pero ni loca seré doctora.

-¿Crees que podría escoger algo como trabajar en un periódico, o alguna editorial?

-Seguro no tendrás que preocuparte. Cualquier cosa que tenga que ver con ciencias sociales es dejada de lado. Y si no, siempre están los clubes escolares. La preparatoria incluso imprime su propio periódico escolar.

-Suena bien, me parece asombroso que puedas trabajar prácticamente donde sea.

-A mí me parece más asombroso que me aprendiera todo eso, osea, en vez de folletos te dan un catálogo, y a los de primero les dan uno en su primer día de inducción para los talleres y clubes. Es obligatorio entrar a uno y es obligatorio practicar algún deporte. Te lo repetirán hasta el cansancio cuando entres, ya lo veras, son unos pesados.

-Eso es emocionante, me hubiese gustado algo así en mis anteriores escuelas, así ya tendría decidido que quiero hacer de grande.

-No conozco muchos que estén de acuerdo contigo -se rió- lo hacemos por obligación porque es parte de la tira académica, no creo que alguien piense como tú además de Devi. Ella es la única persona a la que escuché decir que le gusta.

Las chicas se rieron, Devi no solo parecía ese tipo de persona que te ayudaría sin pensar, en verdad lo era, lo había sido siempre. May se preguntó qué clase de trabajo era para lo que la estarían preparando y si los proyectos que escogía tenían alguna relación con ello. Casi de inmediato se dijo para sus adentros que los proyectos que escogiera debían ser por el mero placer de tener opciones, pensó que si no pudiera escoger su futuro, escogería un proyecto diferente cada vez para probarlo todo. Si no tuviera opción... ello le dio vueltas trayendo el recuerdo de aquella mujer; así se sentía en sus sueños, como si no pudiese elegir.

El claxon interrumpió la imagen para dar aviso de la llegada de Eissen e Itatí. May y Eissen presentaron a sus acompañantes y con una mirada, estos encontraron una complicidad que no podía explicarse;  sus ojos grandes y expresivos estaban bien guardados entre un par de largas y gruesas pestañas, tenían una luminosidad encantadora y resaltaban en su tez mayormente uniforme en su rostro pero que en sus brazos  y manos marcaba un impresionante contraste entre la diferencia de colores en las manchas de su piel. Sara no disimuló ni un poco su fascinación por Itatí, como Itatí no ocultó su interés por Sara.  Itatí era después de Nina, la persona más cercana a Eissen, fueron vecinos de casillero por dos años y pasaban juntos mucho tiempo, tan pronto presentarlos recibió la señal que lo envió directo al asiento trasero.

-¿Como estás? Deva dijo que pasabas un mal rato. Espero que estés mejor.

-Si, estoy mejor ahora -sonrió lo mejor que pudo- Solo necesitaba un respiro antes de volver.

May esquivó su mirada, todavía no se sentía del todo cómoda con Eissen. Respondiendo solo lo necesario ante sus comentarios ingeniosos, era un chico cool, divertido y relajado, pero por momentos parecía un poco incomodo, May tardó un poco en notar que podía ser la causa de esa incomodidad, a veces olvidaba que daba una apariencia seria para los otros chicos, por lo que tuvo que hacer un esfuerzo real a diferencia de con Sara para convivir con ellos. La camioneta era del primo mayor de Itatí, a un lado tenía el logo de la constructora familiar. Su familia trabajaba en una constructora que había iniciado con el abuelo y sus hijos. La constructora tuvo un buen crecimiento y planeaban seguir siendo una empresa de familia, pero Itatí no quería seguir con ellos para seguir sus sueños de ser maestra de música, lo que en cierta forma desilusionó a su abuelo. La noche que Itatí le pidió a su primo la camioneta su abuelo se enteró de los planes del invernadero antes de la cena e intentó una vez más convencerlo de que era su futuro.




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