Malas Decisiones

Grave

Kanu

Ya estaba perdiendo la conciencia cuando logre escuchar el ruido de la puerta abriéndose, alcance a ver la sombra de Dilan, el cual se acercó y le dio un puñetazo en la cara a Alexis, el golpe lo dejo en el suelo y después le dio uno que otro golpe, yo caí al suelo tratando de poder tomar aire de nuevo, en eso también entraron mi hermana y mis amigas por la puerta, me tomaron y nos fuimos corriendo del lugar.

—¿Ya estas mejor? —me pregunto mi hermana mientras me daba agua de una botella.

Yo solo pude asentir mientras me ponía de pie de la banca del parque.

—Por poco y... —-empezó a decir Oriol, pero fue callado por la mirada de Asher.

—-Bueno, ¿ahora que vamos a hacer? — pregunto Kenia.

—Irnos de aqui —dije.

Mientras caminábamos de regreso nuestras casas, quise primero ir a tratar de hablar una última vez con Nina, así que nos dirigimos hacia su departamento siendo guiados por Oriol, pero al estar a una cuadra vimos pasar varias ambulancias, las cuales se dirigían en la misma dirección que nosotros, sin dudarlo camine más rápido rezando que no se estacionaran afuera de su edificio, pero por desgracia si fue así.

La zona ya estaba rodeada por una cinta amarilla y los policías empezaron a negar el paso, todas las personas que habitaban en el edificio estaban afuera, así que me acerque discretamente con nervios a preguntarle por lo ocurrido a una de las mujeres que se encontraba en el lugar.

—Disculpé ¿sabe que ocurre?

La mujer volteo a verme, se detuvo un momento a ver mi cuello y enseguida comenzó a hablar.

—Nadie sabe qué pasa, la única que sabe es la señora que está hablando con los policías de allá —señalo a una mujer que vestía un traje—. Pero lo que si te puedo decir es que se rumorea que unos jovencitos masomenos de tu edad se suicidaron de una sobredosis.

Su respuesta me impacto tanto que me dieron ganas de desmayarme, si no fuera porque me estaban sosteniendo por detrás, en eso empezaron a salir paramédicos junto con una camilla con un cuerpo que estaba siendo tapado con una sabana hasta arriba, el ver eso me hizo soltar un grito desgarrador y las lagrimas comenzaron a salir, la gente comenzó a mirarme mientras que mis amigos trataban de calmarme.

Poco después salieron más paramédicos con una segunda camilla, en ella estaba el cuerpo de Nina, la estaban oxigenando y detrás de ella estaba su tía llorando siendo acompañada por un policía, al verla comencé a correr hacia donde estaba, pero me detuvo un policía, por más que me moviera el policía no me soltó, en eso llegaron mis amigos y me solté a llorar más, porque no podía creer lo que estaba pasando. Lia fue a investigar sobre a qué hospital se dirigían las ambulancias y una vez que le dijeron, nos fuimos al hospital, en el camino le marque a Malia para que nos viera allá.

Las luces blancas del lugar me golpearon en la cara cuando entré por la puerta principal, mi corazón latía con fuerza en mi pecho mientras me dirigía a la recepción.

—¿Tiene información de Nina Timarco? —pregunté a la mujer de uniforme que estaba detrás del mostrador.

Ella reviso su computadora.

—Acaba de salir de terapia intensiva, ya se encuentra estable.

—¿Puedo ir a verla?

—Un momento —respondió ella, volviendo a teclear en su computadora—. Está en la habitación 304 del tercer piso.

Tomamos el ascensor, mis manos estaban sudorosas por los nervios que sentía, las puertas se abrieron en el tercer piso y nos encontramos en un laberinto de pasillos blancos, finalmente encontré la habitación 304 les avisé a los demás y entré con cautela.

Nina estaba acostada en una cama, pálida e inmóvil, su rostro estaba conectado a un respirador artificial y un monitor cardíaco hacia un sonido a su lado, me acerqué a ella y tomé su mano que se encontraba fría y rígida, sus ojos ahora estaban cerrados, no pude evitar que las lágrimas brotaran de nuevo, en ese momento una mujer entró en la habitación, era la tía de Nina, Claudia, su rostro estaba demacrado y sus ojos hinchados por el llanto.

—Hola —me dijo con voz temblorosa—. Supongo que tu y las chicas que están afuera son amistades de mi sobrina.

—Si.

—Gracias por venir.

—¿Qué... qué le paso? —pregunté, con voz temblorosa.

—Tuvo una sobredosis —dijo, con la voz entrecortada—. Está en coma, los médicos no saben si...

No pudo terminar la frase, porque se echó a llorar de nuevo, me acerque a ella y la abracé, sintiendo su dolor como si fuera mío, me quedé en el hospital durante una horas mas, le hablé, le conté historias, le dije cuánto la quería, que la perdonaba, no sabía si podía oírme, pero no importaba, necesitaba creer que ella estaba escuchando.




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