Malas Decisiones

Despertar

Kanu

Al llegar a casa después del día tan largo que había sido, mis padres nos vieron a Sheccid, a Dilan y a mi, estaban preocupados por la hora que era y sobretodo porque habían notado las marcas en mi cuello, por lo que no me quedo de otra que contarles toda la verdad, haciendo que la noche se hiciera larga.

Al siguiente nos levantamos temprano, con muchos nervios nos dirigimos a la estación de policía más cercana, para ponerle fin a este sueño que me había atormentado por semanas, fue duro tener que contar todo y dejar que me tomaran fotografías del cuello, al terminar sentí miedo, pero a la vez sentí una parte de peso menos, además tuve que empezar a tomar terapia psicológica.

El sol se filtraba por las rendijas de las persianas, iluminando tenuemente mi habitación, me desperté con una sensación extraña, como si una tormenta se hubiera terminado y finalmente pudiera ver el cielo otra vez con claridad, me senté en la cama y me tomé un momento para observar mi entorno, las paredes pintadas de un azul pálido, los libros apilados junto a mi cama, la foto de mi familia en la mesita de noche, todo parecía igual, pero algo dentro de mí había cambiado.

Me levanté y me dirigí al baño, mientras me lavaba la cara, recordé la pesadilla que había tenido la noche anterior, en ella, volvía a vivir los momentos más dolorosos de mi relación con él, todas las mentiras, las manipulaciones, las promesas rotas, pero esta vez, era diferente, ya no sentía miedo, ni tristeza, ni culpa, sino valor. Me vestí con ropa cómoda y bajé a la cocina, en la cual está mi madre está preparando el desayuno, tarareaba una canción mientras revolvía los huevos, al verme me mostró una sonrisa.

—Buenos días —dijo con buen humor—. ¿Dormiste bien?

Asentí con la cabeza, sintiendo una ola de alegría recorrerme el cuerpo.

—Sí —respondí con tranquilidad—. Dormí muy bien.

Y era la verdad, por primera vez en mucho tiempo me sentía bien, mientras bebía un sorbo caliente de café, encendí la televisión y me encontré con las noticias, en las cuales salió una imagen familiar, casi escupo el café cuando apareció en la pantalla él, estaba esposado y tenia la mirada agachada, lo estaban subiendo a un vehículo de la policía.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo, la justicia finalmente había llegado, sentí una mezcla de emociones, entre ellas alivio, satisfacción, incluso un poco de tristeza, pero por encima de todo, sentí una profunda paz interior. Era como si me hubiera quitado parte de un peso de encima, como si finalmente me hubiera liberado de una cadena que me ataba a un pasado doloroso, pero ya no era la víctima, sino que era un sobreviviente, por fin había abierto los ojos a la realidad.

Después de varias semanas, por fin llego el día, mientras me vestía fue inevitable que los recuerdos de los últimos meses inundaran mi mente, todas aquellas palabras, todas aquellas veces que me escapaba para verlo, la manipulación, el dolor... pero hoy era un día de cierre, un día en que dejaría atrás el pasado y comenzaría de nuevo.

Salimos de mi hogar para dirigirnos al juzgado, el ambiente era tenso, cargado de emociones encontradas, había mas víctimas, algunos periodistas, unas pocas personas curiosas, pero todos estábamos esperando ansiosos el veredicto. El juicio fue largo y agotador, se presentaron pruebas, se escucharon testimonios, se debatieron argumentos, hasta que finalmente, después de horas de deliberación, el jurado llegó a un veredicto.

—El señor Alexis Quintana es culpable —dicto el juez desde su lugar.

Un murmullo recorrió la sala, los ojos de la persona que en el pasado me habían encantado, pero que también me había hecho tanto daño, se encontraron con los míos, en ellos vi una mezcla de miedo, rabia y resignación. En ese momento, algo dentro de mí se rompió, hoy por fin era el día en el que saldría de la jaula, ya no sentía odio, ni rencor hacia él, porque esta era la ultimas vez que nuestros caminos se cruzaban, mientras lo escoltaban fuera de la sala dos policías, me acerque rápido sin que pudieran detenerme, lo miré a los ojos y le dije

—Espero que algún día encuentres la paz que tanto necesitas y ya no causes dolor.

No sé si me escuchó, pero lo que sí sé es que yo finalmente podía descansar, me había quitado por completo el peso de encima, un peso que me había estado oprimiendo durante demasiado tiempo, además de haber aprendido las cosas que ya no estaría dispuesto a tolerar en una persona y que ahora se que una pareja no es necesaria en la vida.

Yo estaba finalmente despierto.




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