Maldita Casualidad

3. Cuatro mas una

Nadie había escuchado el incidente de Adrienna y Luka en el baño. La música del parlante habría apaciguado los gritos y las bromas pesadas, al parecer.

Por eso, cuando Adrienna bajó a la cocina, ya vestida, con el pelo todavía algo mojado, y la furia desbordando de su cuerpo, su madre se sorprendió, puesto que lo primero que ella dijo fue:

–Me tiene harta. Ya no vive con nosotras, y sigue en la casa como si fuera suya.

Claudia tenía la habilidad de convertir las palabras de su hija en una historia estilo los Tres Chiflados. Para ella, los problemas insignificantes de su hija, no eran más que eso: insignificantes. Aunque entendía que como buena adolescente, ella tenía otro punto de vista.

–Buenos días, princesa – dijo Claudia mientras terminaba de servir la mesa para el desayuno– ¿Vamos a arrancar esta mañana como siempre? Es decir, ¿hablando de Luka?

–Si, pero... es que ¿No tiene una vida?

–Lo pregunta la chica cuya vida pasa por los libros y la música. Además del café.

Adrienna era apasionada de la literatura. Amaba leer cualquier cosa que cayera en sus manos, desde romance hasta terror gótico, e incluso disfrutaba de la botánica. Mismo ocurría con la música. Los clásicos de los '50 eran sus favoritos, pero gustaba de escuchar cualquier cosa que le hiciera sentir magia, básicamente.

Según ella, cualquier cosa que la hiciera alejarse de la realidad aunque sea por 20 minutos, valía la pena y su tiempo.

–Si, pero yo no leo libros ni escucho música en la casa de otras personas.

–¿Ah no? Te terminaste todo el capuchino de la vecina el otro día.

–Ella me invitó. Era consciente de lo que hacía al ofrecerme café

Claudia no pudo hacer más que reírse. La exageración que su hija ponía en sus palabras, le causaba mucha gracia, y no era para menos. La pobre mujer escuchaba día y noche cómo Adrienna defenestraba a Luka, como si él fuera el diablo encarnado.

Adri se servía su café, esperando que su madre, aunque sea una vez le diera la razón. Podía esperar sentada.

–No te rías, mamá. Puede que no sea el ejemplo de vecina, pero jamás me meto en baños ajenos mientras los dueños se duchan

–¿Eso pasó?

–Nooo, es mi futura novela. ¿Te gusta la trama?

Claudia intentó con esmero y paciencia hacerle a entender a su hija que aquello seguro había sido un accidente. Que Luka era un excelente muchacho, cariñoso y muy simpático, a lo que Adrienna respondía poniendo los ojos en blanco y soltando resoplidos molestos y pesados.

–Mamá, ¿me explicas cómo es que solo tú tenes la suerte de casarte con alguien, que tiene unos hijos maravillosos, pero cuyo mejor amigo es tu ex hijastro?

Adrienna nunca había tenido problemas con las relaciones de su mamá. Y es mucho decir, considerando que ésta tuvo muchas relaciones a lo largo de los años. Pero las más importantes fueron solo 3. La primera, fue su primer matrimonio, del cual surgió como producto del amor Adrienna y sus hermanas. Hubiera sido su único matrimonio, de no haber sido por el fallecimiento repentino de su marido. Las cuatro lo superaron bien, con nostalgia y algo de llanto. Sin perder el recuerdo del gran hombre que fue.

Su segundo matrimonio fue, tal vez, el más complicado. Él no era un mal hombre, no agredía ni a Claudia y ni a Adrienna. Pero su temperamento no era el más fácil de tratar. La particularidad de ésta relación, era que el señor no venía solo. Su querido hijo Luka, estaba incluído en el paquete, y eso a Adrienna le cambiaría la vida para siempre.

Parecían hermanos normales, que se peleaban de vez en cuando, que jugaban, se hacían bromas. Pero Adrienna no lo veía así. Para ella, todas las actitudes y juegos bromistas que hacía Luka, no eran más que pesadas molestias y constantes malestares. Algo que le dejó muy claro desde siempre, y algo que él no se molestó en cambiar. Su relación se mantuvo así toda su breve historia de hermanastros. Hasta que Claudia ya no pudo soportar su propia relación, y se divorció del padre de Luka.

Adrienna estaba feliz pensando que nunca más tendría que soportar a su ex hermano. Y esa alegría se intensificó cuando llegó la tercera y última relación importante de su mamá. Javier. Él era un empresario muy respetado y exitoso. En lo personal, resultaba ser amoroso pero solo en pequeñas dosis, pues también era algo tímido. Lo que en un principio asustó a Adrienna era que Javier también tenía hijos propios. Cuatro para ser exactos. Y ella estaba un poco aterrada, recordando lo que fue tener un hermano en su momento.

Sus preocupaciones se fueron cuando los conoció. Eran mayores que ella por unos cuantos años, maduros, graciosos, divertidos. Y si bien la molestaban de tanto en tanto, ella la pasaba muy bien con ellos y se sentía en familia.

La única pena de su nueva vida con Javier y sus hermanastros, era que todavía no se libraba por completo de su anterior pesadilla. Luka. Su mala suerte actuó muy bien aquella vez, y a los pocas semanas de conocer a sus nuevos hermanos, Adrienna se enteró de quién era el mejor amigo de los mismos. Y ahora tendría que soportar nuevamente a Luka. Como si los años en los que pudo respirar sin él no hubieran pasado jamás.

–Casualidad, supongo – respondió su madre.




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