Maldita Casualidad

4. Los amigos lo saben todo

Tattiana era la mejor amiga de Adri desde la primaria, cuando ella apreció de la nada y se apoderó de su grupo de amigas como un torbellino con brillo. Habían hecho la tarea siempre juntas, se habían atorado en el tobogán del parque juntas, incluso habían pegado el bolso de la maestra al piso juntas. Eran uña y carne, se adoraban, a pesar de ser tan diferentes. Una agresiva pero relajada, la otra salvaje y llamativa.

Se sabían la vida entera de la otra, cada secreto, cada detalle. De volverse enemigas algún día, se destruirían mutuamente, sin dudas. Pero qué probabilidad había de que eso ocurriera, si no podían estar una sin la otra.

Adrienna estacionó su auto frente a la casa de su amiga. No creía que ella estuviera en la entrada, ya lista y preparada para salir de inmediato, pero mínimo esperaba que le hubiera contestado uno de los 300 mensajes que le dejó desde que salió de la casa.

Esperó. Bostezó. Cabeceó. Y al final, escribió:

"Baja de una vez, o llegaremos tarde"

"Ahora!!!!!!" le respondió Tati.

Una de las ventajas de conocer a una persona con lujo de detalles, es que se sabe qué debilidades explotar para conseguir resultados. Y a Tati no le sobraban puntos débiles, pero había uno en particular que la manejaba como títere. Adrienna escribió:

"Tengo las papas que te gustan en el auto"

Contó 5 segundos, y entonces apareció su querida Tati en la puerta, gritando:

–¡Me voy, ma!.

Enseguida, se subió al auto con la esperanza en los ojos, y una sonrisa en los labios. Como era usual en ella, se había vestido con una remera blanca escotada en V, y unos jeans negros casi deshechos que combinanban perfectamente con sus botas, igualmente blancas. A diferencia de Adri, Tattiana disfrutaba verse despampanante para que la comieran con la mirada, incluso cuando solo iban a la universidad.

–¿Todo bien? Vamos que no llegamos – dijo mirando en todas direcciones dentro del auto– ¿Y mis papas?

Adri ya había arrancado el auto, cosa que impedía a su amiga salir cuando le dirigiera esa mirada típica en la que revelaba su engaño.

–Era mentira ¿cierto?

La sonrisa culposa de su amiga, delató su mala acción.

–No se juega con esas cosas– dijo tras bufar como una niña.

Adrienna se limitó a dejar la mirada fija en el camino. Mientras tanto, su amiga bajó el espejo del parasol del acompañante, para arreglarse el pelo y el maquillaje. Adri desvió ligeramente la vista hacia ella, y sonrió.

–¿Estuviste con alguien anoche o qué?

–No, nada que ver – sorprendida por la pregunta de su amiga, Tati no se dignó a verla a los ojos, especialmente porque sabía que no necesitaba contacto visual para notar que mentía.

–Tati, te conozco. El pelo, el maquillaje. Te preocupa que se te note algo... ¿indecoroso? que alguien misterioso te hizo– Tati calló, como una tumba, mientras Adri sentía una inminente sonrisa de "tengo razón y lo voy a seguir demostrando" – Sé que es casi imposible que vayas a algún lado y no te quedes con un chico. Y si mal no recuerdo, saliste anoche.

–Eso no...

–Además, solo comes esas asquerosas papas cuando quieres sacarte un mal sabor de boca.

Silencio. La juez Adrienna no había dictado sentencia, y la acusada ya estaba a punto de confesar.

–Puedo seguir, si queres...

–Bueno, si salí. Pero lo haces ver como si fuera una regalada.

–Yo nunca dije regalada. Pero eres el prototipo perfecto de mujer para los idiotas de los clubes nocturnos.

Luego de un suspiro profundo y liberador, Tati cedió.

–Sí, conocí a alguien que me cayó muy bien. Pero...

–Pero fue algo de una sola noche. Lo sé –dijo Adri interrumpiendo a su amiga

–Como siempre, supongo.

Tattiana no solo era el prototipo de mujer que los chicos miraban y a la que le coqueteaban en los bares. Ella era el tipo de mujer que no se enamoraba nunca, y eso le pesaba. Había perdido la fe en los hombres cuando su mamá se divorció de su séptimo esposo. Para ella, la palabra amor no era más que un término sin sentido en el que la gente se excusaba cuando quería acostarse con alguien sensible o romántico.

Salía, conocía a medio mundo, pasaba una buena noche. Pero jamás estaba dispuesta a llevar algo más lejos de lo necesario. Adrienna respetaba eso, incluso cuando sabía que en realidad su amiga todavía esperaba a...

–El hombre perfecto no existe– dijo Tati mirando hacia la ventana que le movía el cabello en cualquier dirección.

–No digas eso. Te vas a enamorar algún día.

Tati se rió.

–¿Y me lo decís tú?

–Cierto. Olvida lo que dije

Adri tampoco era una mujer de enamoramientos. No creía que las relaciones de su madre la hubieran afectado. Simplemente no se sentía capaz de amar a nadie. No estaba preparada para entregarse a nadie, ni compartir infinidad de cosas con alguien especial. Para Adrienna, todo lo importante en la vida lo podía vivir perfectamente con su mejor amiga, o sus hermanos. Y la intimidad física llegaría cuando tuviera que llegar.




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