Pasado el mediodía, Tattiana estaba sentada en la entrada con una bolsa de sus papas en la mano, devorando una tras otra. Veía a los alumnos ir y venir con caras y gestos tanto de decepción como de gozo por poder ir a sus casas a dormir. A los profesores quejarse por la miseria de su trabajo, y a los autos moverse, algunos como tortugas y otros como un rayo. Se aburría como la mejor, cuando llegó su amiga, con la visita más esperada, y la menos deseada.
–Que materia más horrible, por Dios– dijo Adri aferrada al brazo de su compañero.
–A mi me gusta – le respondió él.
–Yo no veo la hora de dar el examen final e acabar con esta tortura autoimpuesta.
–¿Examen final? Por favor, puedes pasarla en los parciales.
–No soy tan optimista e ingenua, amigo.
Marco se rió de aquello. Algo que para él hubiera sido una tragedia griega, perdida de tiempo y esfuerzo, y un manojo de nervios terrible, para Adrienna era algo inevitable por lo que pasaría durante toda la carrera como quien pasea por su casa.
Cuando Adrienna vio a su mejor amiga que se levantaba de los escalones, la saludó con una sonrisa.
–Hola, Adri – dijo ella y luego miró a Marco– Extraño.
–Rubia fiestera– contestó él.
Adrienna quedó en medio de los dos y lo mejor que supo decir fue:
–Wow, se siente verdaderamente el amor aquí, pero...– mira a su amiga– ¿Vamos?
–En realidad no, me llamó Thiago. Me pasa a buscar en un rato -- responde su amiga.
–Un rato ¿desde hace cuánto? – Adri se mostró sorprendida. Thiago no era un chico que disfrutara estar al frente de una responsabilidad tan grande como manejar, y mucho menos se había visto dispuesto antes de ayudar a su hermana así. Era nuevo para ella.
–Como... 20 minutos
–Vamos. Te llego yo– le dijo Adri.
–No, no, de verdad, está bien. Lo que sí, lo voy a esperar en el bar, así por lo menos como algo más que solo esto ¿no? - dice mostrando la bolsa vacía de snacks - Estoy famélica
Bajo un conjunto de risitas pequeñas, Tati y Adri se dieron un beso, se abrazaron y se distanciaron cada una por su lado nuevamente. Aunque Tati no se fue sin antes echarle una mirada de vigilancia a Marco, que solo se dignó a bajar la cabeza como un caballero.
Mientras avanzaban por el estacionamiento medio vacío de la sede, Marco le preguntó a su amiga:
–¿En serio vas a dar por perdidos los parciales? Yo te puedo ayudar
–Marco, aunque la mona se vista de seda... yo voy a seguir yendo a final
Marco sonrió como diciendo "eres un desperdicio de potencial". Y como Adri conocía a su amigo, y a esas sonrisas predecibles que él tiraba al aires, le dijo:
–No te preocupes, voy a estar bien. Y te prometo que vamos a terminar esta carrera juntos.
–Seguro que si.
–Pero no lo apuestes, ¿si?. Por las dudas
Solo les faltaban un par de años, algunas materias colgadas y pocos finales obligatorios para graduarse. Esperaban con ansias tener su título, y todo listo para viajar, como tanto habían hablado. Marco prometió desde hacía mucho que llevaría a Adrienna a su pueblo natal, en Italia. Que le presentaría a su familia, sus costumbres, y que la acompañaría en su recorrido por toda Europa. Un simple papel era lo que les faltaba.
–Bueno, aquí nos separamos– dijo Adrienna cuando llegaron frente a su auto.
–Nos vemos el miércoles– Marco abrazó a Adri.
–No te olvides del libro, eh. – le dijo mientras lo soltaba– Que sino no podemos hacer nada.
–Tranquila, ¿cuándo me he olvidado de algo yo?
–Te olvidaste mi cumpleaños.
–Bueno, pero nunca me olvido de nada cuando se trata de mi futuro académico.
Marco se alejó hacia su lado. Él no tenía auto. Gozaba de usar el transporte público porque así aprendía mejor cómo manejarse por la calle, y también podía socializar con la gente. Adrienna rezaba todos los días porque esa manía suya de hacer amigos hasta en los baños, no le trajera problemas algún día. No sabía cómo era en Italia, pero en su país las buenas intenciones eran máscaras perfectas.
Como por arte de magia... o brujería, apoyado en el capó del auto estaba Luka, esperando a que su querida Adrienna lo viera.
–Por Dios...– exclamó ella cuando finalmente sucedió.
–Tranquila, solo soy yo– respondió él sonriendo
–Que difícil es matar al diablo.
–¿No saludas?
–No– respondió ella acercándose a la puerta del auto, con la débil esperanza de que pudiera entrar al mismo sin mayores obstáculos. –¿Qué haces aquí? ¿No tienes cosas que hacer, una vida que gastar o tiempo que perder en otra parte?
–Muy graciosa, pero no.
–Es mi maldición, ¿no? Ser el centro de tu universo
Esperaba una respuesta tipo "no, tú eres mi universo", lo normal. Pero no. Luka quedó silenciado por alguna razón. Si había pensado varias respuestas que le complacían y que en algún momento diría, pero su prioridad se vio modificada en los últimos segundos y por ello dijo: