Cuando llegó a la puerta de su casa, Adrienna dudó si debía entrar. Aunque era imposible, tenía miedo de cruzar la puerta y encontrar al indeseable Luka detrás. Todavía no entendía cómo hacía ese chico para materializarse en cada lugar al que ella iba. Pero más que nada, no entendía cómo no se aburría de molestarla.
Si iba al cine, él estaba en la fila de atrás. Si entraba a un café, era Luka quien le pasaba el azúcar desde la otra mesa. Si compraba ropa, Luka la esperaba del otro lado del vestidor (si no es que tenía las descaradas agallas de meterse dentro de él). No podía respirar el aire puro de su jardín, sin que Luka entrara por la otra puerta y lo contaminara todo.
Estaba a punto de bajar del auto, cuando su celular comenzó a sonar. Su rostro se iluminó al ver la pantalla. Eran sus hermanas.
–¡Adri! Hola, hermosa – dijo Stela
–Hola, caídas del mapa. ¿Cómo están?.
–Bien, muy bien. Francia es preciosa. Deberías venir.
–Si, mi avión privado sale en cinco minutos. En un rato estoy por allI.
–¡Aguafiestas! – gritó otra voz alejada del micrófono, muy parecida a Giulia.
Las hermanas biológicas de Adri tenían 26 años, y hacía 5 que estaban viajando por todo el mundo. Un día simplemente decidieron que un solo lugar en el mundo no era suficiente para ellas, que algo grandioso y especial las esperaba del otro lado del charco. Así que armaron las valijas, se despidieron de todos, y desaparecieron en un avión.
Cada tanto les llegaba un regalo de parte de ellas, pero las llamadas eran más frecuentes, y divertidas. Sobre todo, las bromas. Era imposible hablar con Stela o Giulia sin que ellas fingieran un embarazo repentino, o una enfermedad contagiosa, o una muerte accidental. Claudia ya les había gritado mil veces para que dejaran de asustar a toda la familia pero ellas gozaban demasiado viendo las caras sorpresivas de su mamá y su hermana.
–Adivina qué, Adri– dijo Giulia.
–Ya no me creo nada de lo que ustedes digan. Son mentirosas compulsivas.
–Bueno, más vale que te creas ésto... Van a publicar nuestro libro.
Las dos hermanas gritaron fuerte y claro mientras se reían celebrando la noticia. Adrienna se les habría unido pero estaba absorta en la poco creíble idea de que sus hermanas mayores habían escrito un libro.
–¿No vas a decirnos nada? – preguntó Stela.
–Primero quiero ver el libro publicado, para después creerles, si no se ofenden.
–Ay, no seas tonta– le dijo Giulia– Es 100% real. Te lo prometo.
Si, también había prometido que un perro rabioso la mordió en Beijing. Y que Stela se había caído en el Gran Cañón. Pero Adrienna tenía que reconocer, que si se trataba de una broma, era una noticia mucho menos escandalosa o arriesgada de lo que solían ser sus historias.
–Bueno, supongamos que les creo– les dijo– ¿Y de qué es el libro?.
–Son las fotos que venimos juntando de todos los lugares a los que fuimos este tiempo, acompañadas de una breve anecdota. – le explicó Stela– Son hermosas y no teníamos donde colgarlas así que las pusimos en una página web, y...
–Una editorial de turismo las vio, ¡y las quiere publicar en físico! ¡¿No es genial?!. – la interrumpió su hermana.
Fotos. Eso sí era más factible que un libro de suspenso, o una historia de amor trágica. Stela y Giulia no eran muy diferentes a cualquiera que saliera de su país natal. Documentaban todo en sus celulares. Y no era de sorprender que hacerlo les hubiera dado tan buenos resultados. Las fotos que solían enviarles a su familia, siempre eran muy profesionales y bellas, sin duda, dignas de un libro real.
–Me parece una noticia real, pero todavía no voy a felicitarlas. – insistió Adri – Quiero esperar a tener las pruebas.
–Ay, hermana, ¿por qué eres tan seria? – vociferó Giulia.
–Soy precavida. No vaya a ser cosa que otra vez me lo crea, se lo diga a mamá, y resulte, Giulia, que no adoptaste a un bebé chino.
Las hermanas estallaron de risa. Aquella vez, cuando paseaban por una pequeña ciudad de China, se habían cruzado con una pareja con 15 hijos. Sus bocas quedaron tanto tiempo abiertas, que más tarde les dolieron las mandíbulas. No podían creer cómo una mujer tan chiquita tenía la fuerza para parir tantos bebés, y cómo un hombre podía ganar lo suficiente como para mantener semejante familia.
Y dado que Claudia siempre había deseado ser abuela, la mente maquiavélica de Giulia hizo lo suyo. Llamó a su madre, y con voz dulce y esperanzadora le dijo que había adoptado a un lindo bebé chino, y que iba a criarlo completamente sola. Claudia puso el grito en el cielo. "¿Cómo que adoptaste? ¿Estás loca? Eres una niña. ¿Sola?¿Sin tu madre si quiera para que te ayude? ¿No le vas a dar un padre a esa criatura? ¿Qué dice tu hermana? ¿Te vas a quedar en China?". No alcanzaba el tiempo de vida de ninguna para que Giulia contestara todo lo que su madre preguntaba, así que después de un rato, le confesó que era mentira. Claro que Claudia, luego de aquello, no quiso hablar con sus hijas por un tiempo... hasta que las ganas de saber si estaban bien superó la decepción de no ser abuela.
Adrienna no sufría tanto como Claudia con las mentirosas bromas de sus hermanas, pero igual no quería ser la presa de nadie. Ya le alcanzaba y sobraba con Luka.