A la mañana siguiente, Adri hizo algo extraordinario. Algo extraño en ella, y que le cambiaría el día por completo. Algo posiblemente desastroso y perturbador... se quedó dormida. Pero no solo eso. Se quedó dormida el peor día de la semana para ella. El indeseable día en que tenía cuatro clases seguidas a las que tenía que ir sola, gracias al trabajo de Marco, y en el que le tocaba hacer las compras pues su madre iba a estar ocupada con sus amigas (se lo merecía una vez a la semana). Ese día cuando las horas no alcanzaban y los pies no podían ir lo suficientemente rápido.
La torpeza con la que se levantó de la cama, no ayudaban a compensar las caídas que se pagaba mientras intentaba cambiarse frente al espejo del baño (al que llenó mediante saltitos cortos), se cepillaba los dientes y se peinaba. Bajar las escaleras fue casi tan atolondrado como todo lo demás. Tuvo suerte de no acabar rodando hasta el comedor. De todas formas su esfuerzo por verse decente, se acabó cuando llegó a la cocina, medio rengueando pues le falta media pierna dentro del pantalón y un zapato. Su desayuno no quiso colaborar, y Adrienna terminó con gran parte de su cereal en el piso, y las tostadas ensuciando su cara.
Justo y Ramiro ya estaban despiertos, y seguramente Rodrigo se había ido más temprano a la facultad como niño responsable. Los que estaban, se esforzaron en contener la risa, y se limitaron a disfrutar del espectáculo que Adri daba gratis involuntariamente.
–¿Día difícil? – preguntó Joaquín en cuanto bajó las escaleras y vio que su hermana parecía más una locomotora que un humano.
Adri no se molestó en responder. Consiguió terminar de vestirse completa antes de salir de la casa, pero eso no era ningún alivio para ella. Porque ahora venía lo peor: el tránsito. El recorrido a la sede de la facultad no iba a ser pan comido. Incluso si hubiera salido tan temprano como deseaba, los autos de los trabajadores no se la habrían dejado fácil. E ir caminando no habría sido una opción ni en un millón de años. A veces pensaba que para esos días, le vendría bien una moto, pero luego recordaba que no estaba tan loca y desesperada.
Aguantó bocinazos, frenadas erráticas, roces peligrosos con ciclistas, y se saltó dos o tres semáforos, pero al final llegó entera y a las prisas a la clase 104. Por un segundo, temió que se hubiera equivocado de clase. En medio de tanta corrida, y siendo que ninguno de sus amigos estaba para ayudarla, era algo que podía pasar. Pero cuando el profesor empezó a hablar, más allá del cansancio, se dió cuenta de que estaba en el aula correcta.
Luego de las primeras dos horas de estar sentada escuchando hablar sin parar a un profe que claramente debía jubilarse, el resto de las tres clases que Adri tuvo que aguantar, fueron puro sueño y copiar sin pensar. Se había esmerado en conseguir un asiento al fondo de cada clase para que sus cabezazos y ocasionales ronquidos, no molestaran a los demás... o para que el docente no la notara.
La última clase no fue la mejor. Si bien resultó muy animada, con debates y mucha participación, pero también con mucho que anotar, y su mano estaba al borde del colapso. Adrienna no tuvo tiempo para aburrirse ni para cerrar un minuto los ojos; hasta terminó más cansada.
Salir de la facultad fue un golpe de aire refrescante. No había hablado ni con Marco, ni con Tati, aunque ambos le habían enviado decenas de mensajes para ver cómo estaba, sabiendo que no iba a ser el mejor día de la semana.
"Buenas, ¿no vendrás?"
"Todo bien??"
"Adri, no te olvides de pasarme las cosas de la clases de hoy, please"
"Si no ibas a llevarme a la facu, me hubieras avisado"
"¿Estás bien?"
"Sigues viva??"
A Marco le respondió que estaba bien, pero muy apurada porque había iniciado mal el día. Mientras que a Tati solo le dijo que tuvo una urgencia tipo MQD (me quedé dormida) Ella iba a entender, e iba a dejar de mensajearla.
El camino de vuelta a la casa fue más tranquilo. La gente ya estaba en su trabajo, no iban a volver a salir, así que Adri pudo manejar tranquila pero aún con prisa. A medio camino, recordó otra de sus tareas del día: tenía que ir al supermercado. De ella dependía la cena de aquella noche, y no quería hacerse responsable del hambre de sus hermanos. Emprendió camino hacia el centro y se detuvo en el Vea. No era la mejor opción, y sin embargo fue la única que se presentó. Todo lo demás estaba cerrado.
Un poco de carne, arvejas, miel, papas, salsa, galletas, manteca, pan, especias. No miraba, solo ponía cosas en el changuito esperando que sea lo que su mamá quería. Choclo, cereales, crema, queso, jamón, huevos, verduras, chocolate. Al final, resultó ser una compra mayor, y gastó más de lo que pensaba. Sin duda, lo que más le costó fue llevar todas las bolsas al auto deseando que ninguna se rompiera en cualquier momento.
"Dios, no permitas que el Diablo aparezca justo ahora" pensaba Adri con desesperación.
Se salvó de su presencia pero no de sus mensajes. Cuando se subió al auto y revisó su celular, el nombre de Luka estaba por todo el Whatsapp.
"Hola, bonita, ¿cómo estás?"
"Estás muy linda hoy"
"¿Me extrañas?"
"Hoy no trabajo, ¿nos vemos?"
"Me encanta que me ignores ;)"