Maldita Casualidad

11. Lo que ella dice, se hace

Cuando Adrienna volvió a su casa, tuvo la suerte de lograr esquivar a su madre, que ya había regresado muy contenta de su salida de amigas. Cada vez que alguno de sus hijos volvía de algún lugar, Claudia tenía un radar de madre que nadie le quitaba y que la impulsaba a hacerle todo tiempo de preguntas a sus hijos. ¿A dónde fueron, qué hicieron, con quién estaban? Incluso, si ya se lo habían contado antes de salir, ella siempre tenía que preguntar todo.

A salvo en su habitación, después de dejar el disfraz de príncipe en el cuarto de Ramiro, Adri se acostó en su cama, mirando el techo. No le llevó mucho tiempo caer en un estado melancólico, cuando empezó a pensar en Thiago, en su pasado juntos, en haberlo visto de nuevo. Se había sorprendido de lo mucho que lo había extraño sin darse cuenta. Su sonrisa, el rubor de sus mejillas, sus ojos tiernos. Él siempre había sido adorable a su manera, y ella siempre lo querría, más allá de todo. Y aunque ahora estaba diferente, más atractivo e imponente, no dejaba de ser tierno, como sólo él podía.

Estaba contenta de recordarlo con cariño, sin caer en el error de creer que lo amaba de nuevo. Ya no sentía ese tipo de afecto hacia Thiago, ya no estaba enamorada (si es que alguna vez lo estuvo) y eso la dejaba tranquila, porque le hacía saber que si volvía verlo, podría tratarlo como un amigo normal.

Estaba lista para dejar esas ideas sobre Thiago atrás, cuando Tati apareció en su habitación sin previo aviso.

–Así que te encontraste con mi hermano – fue lo primero que dijo.

–La gente normal inicia con un "hola".

–¿Por qué me tuve que enterar por él?

–Yo estoy bien, gracias – Adri se incorporó y miró a su amiga loca entrar velozmente.

Tati estaba más que acostumbrada a pasearse por esa casa como si fuera suya. No necesitaba presentación ni permiso, lo cual para cualquier de la familia que no fuera Adrienna, podía llegar a ser irritante.

–¿Y? – dijo Tati con insistencia cuando se sentó sobre el escritorio de su amiga.

–¿Y qué?

–¿No le tiraste nada a la cabeza a Thiago? ¿Gritaron? ¿Se abrazaron? ¿Qué? ¿Qué pasó?

–¿Por qué le tiraría algo a la cabeza?

–No, tieness razón, no hay motivos– Tati se levantó del escritorio y paseó por la habitación. Puso su cara de "pensando, pensando", algo que Adrienna sabía que solo hacía cuando iba a decirle algo obvio, y finalmente se detuvo para verla con "cara de sorpresa" – Ah espera, se me ocurre algo. Porque fue un hijo de puta que te metió los cuernos.

–Eso fue hace mucho. Además las dos sabemos que yo no estaba muerta por Thiago.

Adrienna había aceptado salir con Thiago, en su momento, por varias razones que jamás dio a conocer. No por miedo, no por vergüenza, no porque fuera secreto. Tan sencillo como suena, Adri no era una persona que disfrutara develar sus sentimientos, y creyó que si daba explicaciones sobre ellos, inevitablemente tendría que defenderlos ante todos, y ante ella misma.

–Nadie está muerta por Thiago. Hay que ser idiota para querer a mi hermano.

Tati, por su parte, no había perdonado a su hermano por lo que le hizo a su mejor amiga. Como toda mujer que tenía sus principios primero, y que no creía necesitar a los hombres para nada más que para lo físico, ella repudiaba a Thiago por haber sido infiel, y se lo demostraba día a día. Parte de su plan los últimos años, había sido no dejar que Adri y el traidor se vieran o hablaran, lo cual funcionó porque su mejor amiga tampoco estaba de humor para enfrentar su pasado.

Pero uno no puede controlarlo todo. Ni siquiera la gran Tattiana.

–Gracias por lo que me toca.

–Bueno, eres saliste con él porque fue el primer chico que te dijo "eres hermosa, salgamos"

–No. Salí con él porque me parecía lindo pero no estaba completamente enamorada.

Era algo que Thiago ignoraba, o por lo menos era lo que Adri esperaba. Solamente Tati sabía que ella siempre había tenido dudas sobre sus propios sentimientos, y estaba en paz con eso. Hasta que se ponía a pensar porqué había tenido que pasar por todo aquello si no quería a Thiago realmente.

–Igual. Una infidelidad es imperdonable.

–Estamos hablando de tu hermano, no de un violador.

–Aunque sea mi hermano, no tiene derecho a hacer lo que hizo.

Sentada una al lado de la otra en la cama, las dos amigas se quedaron en silencio preguntándose qué tan importante era el tema como para seguir debatiendolo. Ambas silenciosamente, decidieron que había algo más interesante de lo que hablar

–¿Entonces...? – dijo Adrienna sonriendo. Le había avisado a su amiga de la fiesta por mensaje y sabía que ella no se iba a presentar en su casa sin un extra para saber su opinión.

–Entonces...– Tati la imitó con una sonrisa aún mayor. Se puso de pie, y quitó del umbral de la puerta una bolsa con forma de vestido.

–Voy a intentar adivinar qué es– se burló Adri.

–¡Tarán! – Tattiana sacó de la bolsa un traje de la Mujer Maravilla, hecho especialmente para una chica con cintura perfecta y curvas bien definidas. Los colores rojos, azul y amarillo resaltaban espectacularmente, y el diseño clásico adaptado al siglo XXI era ideal para alguien como Tati.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.