Maldita Casualidad

12. Sheila

Después de dejar a Adrienna al mediodía, Sheila empezó a caminar casi sin rumbo. Estaba decidida a encontrar a Luka y creyó que esa casa era la mayor opción. Pero no.

Si estaba con sus amigos, podía encontrarlo en el bar al que la había llevado a ella miles de veces. Donde el cuento había empezado. Lo intentó, sin éxito. Luka no aparecía, y eso sólo la molestaba más.

La otra opción era que estuviera solo, y si así era, los resultados eran demasiados. Luka no pasaba más de dos horas en un mismo lugar, y el día se acababa demasiado rápido como para buscar en cada sitio.

"¿Dónde te metiste?" se preguntaba ella sin tener respuestas.

Con cada segundo, minuto y hora que se formaba mientras ella iba a la deriva, sus múltiples recuerdos de su tiempo con Luka la invadían. No solo cuando lo había visto por primera vez, sino también la primera "no cita" que habían tenido, la primera vez en su casa, las risas tontas, los encuentros fortuitos, todo. Se sintió liviana pensando en todo aquello, pero también tonta por haber dejado que se terminara tan velozmente como había iniciado.

"Todo por culpa de ella" se decía a sí misma para sentirse mejor. Aunque lo cierto era que Luka le fue sincero desde el día uno. "Soy incapaz de amar a alguien más, más vale que lo entiendas ahora para no sufrir después".

La noche se avecinaba. El frío empezaba a sentirse más con cada dulce brisa que atravesaba las esquinas por donde Sheila pasaba. "Mejor lo dejo por hoy", pensó en un breve momento de debilidad, cuando lo que menos esperaba a esas alturas le pasó.

"Bingo".

El universo le sonrió a Sheila, iluminando una sonrisa en su rostro cuando el tesoro que andaba buscando hizo un acto mágico de presencia justo frente a ella.

Pensaba que ese encuentro sería romántico, dulce, apasionante. Pensaba que Luka seguiría siendo con ella, el hombre que le acariciaba el pelo después de pasar la noche juntos, y la invitaba al cine para "no" ver una película. Sus expectativas cayeron precipitadamente cuando él la vio y con una mueca de disgusto sólo supo decir:

–Ay, ay, ay...

Decidió que no le iba a dar importancia. Lo quería delante y ahí lo tenía.

–Hola, Lu.

–¿Es mi día de mala suerte o salieron de su casa todas las malas personas para encontrarse solo conmigo?

–¿Soy mala persona?

La forma en la que dijo aquello mientras jugaba con un mechón de su cabello, no le hizo mucha gracia a Luka. Él ya había superado su primera admiración hacia ella mucho tiempo atrás, y no pensaba volver a caer.

–Creí que era una vieja amiga a la que querías mucho.

–No, no, para nada.

Esos rostros que nos forzamos a olvidar, siempre vuelven. De alguna u otra manera, nunca salen de nuestras vidas. Eso le pasaba a Luka muy seguido: su pasado lo perseguía más de lo que quería reconocer. Su papá, sus viejos amigos, y ahora sus "no" novias. Aunque Sheila no había llegado a entrar en esa categoría, ella creía que sí, y eso era un problema para el pobre chico rompecorazones.

–¿Qué haces aquí? Pensé que te había mudado a... ¿India? o algo así– preguntó Luka sin dar demasiada importancia. Él había cerrado ese capítulo de su vida, aquel día en que se despidieron.

–Volví– respondió– Así es el trabajo de mi padre, ¿lo olvidaste?.

–Cierto, cierto. Bueno, espero que te vayas muy muy prontito, otra vez. – Luka quiso avanzar para irse. Ya era mucha cortesía para él, el siquiera haber parado a "saludar" a Sheila.

–No seas así– le dijo ella acercándose, y posando su mano en el pecho de Luka para que dejara de caminar, para que la viera a los ojos– Te busqué en todas partes, pensé que estabas con tus amigos, y resulta que estás solo. Solito para mi.

Si la vio, pero no con la mirada que le hubiera gustado.

–Solito si, para ti no. Nos vemos. – con Sheila todavía frente a él, Luka igual intentó marcharse, pero no se lo dejaron fácil.

–Eh, eh, eh. ¿A dónde vamos con tanto apuro?

–Dejame pensar... al Caribe. Mi esposa e hijos me esperan para cenar. Y los extraño mucho.

Sheila sonrió. Conocía lo suficiente a Luka como para no ofenderse con esa respuesta. Es más, ella encontraba extrañamente atractiva la forma en que su chico siempre era tan sarcástico y evasivo. Tal vez porque era el único chico en su vida que quería evitarla. Luka jamás entendió eso en ella, pero en su momento, no había necesitado hacerlo.

–Tienes un viaje muy largo por delante, entonces. Una hora más de espera no los va a matar.

–A ellos no, pero a mí sí. Además para dedicarte una hora de mi vida a ti, necesitaría mucho vodka encima y ponerme lentes para no verte bien.

Creyó que con eso ya la espantaría, y solo consiguió que Sheila se acercara más. A ella siempre le había gustado jugar con fuego, avanzar en el campo para tener la ventaja. Pero a él ya no le importaba. No le movía ni un pelo tenerla a tan corta distancia, que se acabaría con un beso. Solo le provocaba fastidio.

Sheila estaba deseosa de dar ese beso, y tenía todas las oportunidades para hacerlo. Luka nunca le pondría una mano encima para alejarla a la fuerza. En eso era como un caballero. Sin embargo, se contuvo. Si iba a tocar delicadamente los labios de Luka, quería que él también lo deseara.




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