A medianoche, la fiesta en casa de Mauro explotaba de gente disfrazada que se dedicaba a beber, gritar, y en algunos casos, bailar desenfrenadamente. Había mucha luz en aquella mansión de paredes celestes, solo porque había demasiados adornos que en la oscuridad acabarían destrozados. Nadie se molestó ni se quejó por ello. Mientras la música no parase y los tragos siguieran llegando, lo demás no tenía importancia.
–Con una casa así, ¿quién no se la viviría haciendo fiestas? – dijo Tati mientras cruzaba el umbral de la puerta. Su traje de Mujer Maravilla lucía bien colgado de un perchero, pero quedaba deslumbrante en el cuerpo de esa chica, y nadie podía negarlo.
–La respuesta es tu mejor amiga. – respondió Adri caminando detrás de su mejor amiga. Ella también lucía su disfraz de ángel como una diosa. El blanco sin duda resaltaba su tono de piel y la hacía ver como caída del cielo. Pero ella no acompañaba el espectáculo que era verla con una sonrisa. Se sentía incómoda vistiendo así, en un lugar diseñado específicamente para que se formaran parejas de una noche. Además, Tati la había maquillado, y esa noche sus labios llamaban exageradamente la atención pintados de rojo brillante.
–¿Enojada? – preguntó Tati viendo a su amiga cruzarse de brazos y responder.
–Furiosa.
–Te vas a divertir, yo sé que sí.
–Yo que tú, no lo apuesto
No tuvieron que avanzar mucho para notar que la fiesta estaba siendo muy disfrutada por 3 Hulks, un par de bebés gigantes, algunos lobos con sus respectivas ovejas, como 7 tipos vestidos como la Liga de la Justicia versión nerd, un puñado de animales de granja, y cuándo no, las "sexys": chicas cuyos cuerpos les permitían comer de todo y no engordar, y gracias a esa cualidad, podían vestir trajes de conejitas, zorritas, gatitos, maids, brujitas y otros diminutivos, atrayendo miradas que no pensaban responder.
Adrienna las admiraba. Ella no tenía el valor de usar esa ropa acompañada de esa actitud independiente. Y sin embargo, ahí estaba, sin darse cuenta de que esa noche, ella podía hacerse pasar como una de las sexys con sus alitas y su aureola.
La cocina era el lugar más concurrido. Toda la casa estaba atestada de gente, pero entre esas cuatro paredes, era imposible contar cuántas personas había tomando, comiendo y vaciando las despensas buscando ¿qué? ¿Marihuana?.
Adri y su amiga solo fueron ahí para buscar un vaso limpio (una tarea casi titánica) que no soltarían en toda la noche. Y lo lograron de milagro, cuando un bufón apareció mágicamente con una bolsa de vasos de plástico nuevo que se vació en cuanto fue abierta.
Mientras el vaso de Tati se llenaba con tequila, limón y sal, el de Adrienna se mantuvo limpio hasta que encontró una botella de gaseosa cerrada que se quedaría para si nadie más la reclamaba.
Saliendo de la cocina, el salón era la mejor opción, si no planeaban bailar. Ahí solo iban las parejas que querían intimidad, o los invitados que jugaban pendejadas de la edad, como Verdad o Reto, el juego de la botella, o Chupa y Sopla. Adri y Tati no se unieron a ningún juego, pero se reían viendo perder a los demás.
Aunque le hubieran robado un par de sonrisas, Adri seguía pensando a qué hora podría irse de la fiesta. Y esas ideas se intensificaron cuando se permitió inhalar por la naríz por primera vez desde que pisó la casa.
–El olor que hay aquí adentro... – dijo Adri con una clara mueca de asco – es peor que el que queda en el baño después de que alguno de los chicos entra.
–No está tan mal.
–¿No? Literalmente solo veo vómito en el piso
–No, también hay vasos y bebidas tiradas.
No importaba lo que dijera Tati, la expresión de odio mezclada con arrepentimiento de haber ido de Adri no iba a cambiar.
–Ésto da mucho asco.
Adrienna estaba preparada con varios argumentos para seguir quejándose. Tenía una larga lista que esperaba por ser presentada: La música era repetitiva y aturdía los oídos; los pocos que bailaban a penas daban pasos para hacerlo; los que pretendían tener intimidad, se acariciaban en pleno centro de atención; la comida estaba la mitad en el piso y la otra mitad en proceso de descomposición; los gritos y bullicios hacían que le doliera cada vez más la cabeza, no podía pensar ni en voz alta; los baños estaban siempre ocupados, y no precisamente por el llamado de la naturaleza. Y la peor de todas: su vestido la estaba volviendo loca, a cada rato tenía que levantar su escote para que éste no revelara más de lo necesario; se pasaba la mano constantemente por la falda para que ésta no se elevara; los zapatos no llevaban más de tres horas en sus pies, y éstos ya le estaban reclamando; y las alitas en su espalda, por más pequeñas que fueran, eran chocadas por cuanto tonto borracho pasaba a su lado.
–Pero si son las chicas más hermosas del mundo.
La presencia repentina de su hermano Ramiro, evitó que Adrienna empezara a hablar contra el anfitrión y su desenfrenada fiesta.
–Pero si es el hombre más adulador del mundo. – respondió Tati cuando lo vio. Solo logró que Ramiro sonriera..
–No trates de halagarme, Tati. Ningún intento va a hacer que te ayude con Mau.
–No necesito de tu ayuda, para que un chico me mire.