Maldita Casualidad

14. Todo comenzó en el balcón

–Aire, al fin– dijo Adrienna aspirando fuerte algo que no fuera humo y mugre. Se acercó a la baranda solo para ver más allá de los autos estacionados, y la gente divirtiéndose en el jardín delantero.

–Si, uno se ahoga ahí adentro. – comentó Thiago acercándose a ella.

Ahora el verde de su traje podía apreciarse más. E incluso, Adri notó que éste no le quedaba tan holgado a Thiago como parecía, aunque no llegaba a marcarle la musculatura que seguro había desarrollado con los años.

–En especial alguien que no está acostumbrado – se burló ella de sí misma.

–No sería tan malo acostumbrarse.

–Nunca, mientras esté viva.

–No vas a cambiar nunca.

–¿Eso es malo?

–Para nada. Te hace única.

No necesitaba mirarlo para saber que tenía esos ojos tiernos sobre ella. Y que al llamarla única, había sonreído con nostalgia. Él solía recordarle muy seguido que no era una chica común, y apesar de que al inicio, eso le desagradaba, con los años fue viendo que no era tan malo ser diferente, solo difícil.

Ahora eran amigos. Y siendo que era algo reciente, lo dejaría pasar esa vez, pero no podía permitir que Thiago la siguiera tratando como cuando eran novios. A la larga no sería bueno para ninguno de los dos.

Por su parte, Thiago ni siquiera se había dado cuenta de lo que había hecho. Él solo la miraba porque amaba hacerlo, porque la extrañaba, porque le salía natural.

–Gracias– le dijo ella.

Incluso con la rareza del momento, Adri y Thiago lograron mantener una conversación amigable, casi normal. No tocaron el tema de su pasada relación, no eran tan tontos. Sin embargo, sí recordaron muchas experiencias de esa época. Como cuando fueron a Tigre y ella quiso comprar un cuadro que no sabía dónde iba a colgar; solo lo quería. O cuando Thiago se quedó atorado en un tobogán aquella vez que llevaron a su prima a la plaza, y Adri tuvo que ir a comprar manteca al supermercado chino para que se resbalara.

Buenos tiempos.

Aunque también había historias que le recordaban a Luka. Él era su amigo, su torturador personal. Era inevitable que estuviera presente. Por ejemplo, hablaron de la vez en que fueron al cine, y Luka reemplazó su bebida por una mezcla de vino con jugo. Adri salió colorada de la sala después de manchar a las personas que estaban sentadas delante de ella cuando escupió todo. O cuando Thiago quiso regalarle a Adri un libro clásico que ella quería, y Luka lo reemplazó por una revista para adultos. El pobre Thiago no supo de qué disfrazarse esa vez.

Raros tiempos, que siempre incluían a Luka.

–No me va a dejar tranquila nunca– dijo Adrienna.

–Solo si lo dejas– le respondió Thiago.

El día había cumplido, y había sido cálido. Pero la noche no quiso seguir el ritmo y se había tornado fría. El viento era prueba de ello. Aunque no fuera un frío gélido, Adrienna estaba medio desnuda en el balcón, y ella sentía más las pequeñas correntadas. Cuando Thiago la vio masajear sus manos contra sus brazos, deseó tener un abrigo que ofrecerle. Tuvo que pensar otra cosa.

–¿Quieres algo de tomar? Para quitarte un poco el frío, digo.

–Sabes que ya no bebo - le recuerda - Pero si encuentras algo sin alcohol en esta casa, te lo acepto.

"Que pedido más estúpido" se dijo a sí misma en cuanto cerró la boca.

–No pides mucho, eh– respondió Thiago reprimiendo una risa– El alcohol te quitaría el frío, Adri.

–No tengo frío. Solo no tengo calor.

–Ok– le dijo dándose por vencido– ¿Qué te traigo entonces?

–Sprite, pero que sea light

–Light y que no te ponga alegre... fácil de recordar.

Cuando se quedó sola, Adrienna no supo cómo sentirse. Estaba exhausta por estar en una fiesta que no le gustaba después de un día de puro movimiento; molesta porque los pocos que conocía ahí, la habían dejado sola; asqueada porque incluso con el aire frío golpeándola en la cara, no podía dejar de sentir que el aire estaba impregnado en vodka y malos cigarrillos; pero también estaba tranquila. El escenario no era el mejor, pero al menos había servido para que tuviera una conversación normal con su ex.

Y estaba ahí. En un barrio no muy diferente al suyo, con la vista de los suburbios al alcance de su mano. A pesar del bullicio de los pisos inferiores, estaba bien. O eso creyó hasta que escuchó la puerta a sus espaldas abrirse y cerrarse.

–Qué rápido...– dijo al darse la vuelta, pero se detuvo cuando alguien que no era Linterna Verde estaba viéndola de arriba a abajo con una sonrisa descarada– ¿Hola? ¿Tú eres...?

–¿No es obvio? Soy el Joker. – dijo el payaso estirando los brazos y dando una vuelta de exhibición para que la única espectadora, apreciara la brillantes de su disfraz.

Pero fue más bien el tono y la maldita sonrisa lo que se destacó.

–Ese tono arrogante lo conozco... – Adri se cruzó de brazos. Debió imaginarse quién era tan solo con verlo, pero el maquillaje la había engañado– Luka, el guasón más patético del mundo.

–Bonita, el angelito más tierno del universo– le respondió acercándose a ella.




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