Maldita Casualidad

15. El Joker y el Ángel

–¿Qué hacemos aquí? – preguntó Adri cuando llegaron a un pequeño parque abandonado a poco más de 7 cuadras del suburbio que acababan de abandonar.

Iluminados solo con algunos faroles maltratados, estaban el solitario tobogán rojo al que le faltaban escalones, las hamacas cuyas maderas amenazaban con quebrarse pronto y con cadenas oxidadas, y los clásicos sube y baja que parecían estar en condiciones, pero ninguno de los dos propuso subirse.

–Mmmm... todavía no sé– respondió Luka.

–¿Cómo que no sabes?

Él alzó los hombros con fingida inocencia.

–No sabiendo.

–A ver, una pregunta... ¿eres tonto de nacimiento o aprendiste en algún lugar especial? – oyó cómo Luka se reía a su lado– No, en serio. Porque tu nivel de idiotez cada día me sorprende más.

–Bueno, si en la categoría de "lugar especial" está incluida mi casa, entonces sí, me enseñaron.

–¿Tu casa? ¿Cómo es eso?

Su mamá y su vida antes de conocerla, eran cosas que Adrienna desconocía totalmente de Luka, y eso era tan molesto como tener al susodicho siempre al acecho. Se sentía rara preguntando y Luka estaba debatiendo cómo responder mientras continuaba su caminata por el parque como si esa pregunta nunca hubiera surgido. Pero ella siempre se jactaba de ser directa, en especial con Luka, así que no iba a retractarse.

–Es... complicado. – inició él.

–Es...una respuesta que no pienso aceptar.

–Bueno, digamos que mi padre no se ganó el premio al papá del año, nunca.

Adrienna tenía vagos recuerdos de ese hombre. Y prefería que se mantuviera así, ya que lo poco que le había quedado, no era muy alentador. Había sido un buen marido dentro de todo, estaba presente con su mamá, y le hacía lindos regalos pequeños de vez en cuando, volviendo de su trabajo. Jamás la trató mal a ella o a sus hermanas cuando vivían juntos, ni hubo problemas que tuviera que hablar con algún terapeuta. Pero solía sentir escalofríos cada que lo veía, o más particularmente, cuando estaban él y Luka en una misma habitación. Más que padre e hijo, parecían preso y carcelero.

–Nunca me hablaste de él. En realidad, nunca hablamos de nada en concreto, siempre peleamos.

–No, tú peleas.

–Porque tú provocas.

–Si, es cierto. Igual, aunque no fuera así... mi padre no es uno de mis temas favoritos.

Le creía. No había que ser genio para notar que Luka se ensombrecía mucho cuando la palabra "papá" sonaba en su voz. A duras penas, ella podía respetar eso. Pero esa noche se trataba de hablar ¿cierto? Y ella también podía ser una persona insistente si lo requería.

–La verdad es que cuando estaba con mi mamá, no era el hombre ideal, pero no me pareció tan malo. – dijo.

–Porque a tu mamá la quería.

–¿Y a su hijo no?.

"A su hijo le cagó la oportunidad de ser feliz" pensó Luka, para luego sacar una sonrisa forzada pero tierna, a su manera.

–A su hijo... le enseñó cómo ser un tonto.

Habían sido sus palabras y nunca antes le había pasado que hubiera deseado arrepentirse para con Luka. Sintió en esa sonrisa que le regalaba que su comentario le había dolido. Aunque pedir perdón no estaba en su lista de aprobados, tampoco iba a ser tan cruel de callar.

–Muy a pesar de que te odio... no te quería ofender.

–Eso casi pareció una disculpa

–Casi.

Siguieron caminando por el pequeño parque sin volver a tocar el tema del padre. Cruzaron un intento de arenero que estaba por ahí, y jugaron a esquivar los obsequios de los perros en la oscuridad. Adri se arrepintió de que su curiosidad y su ego le hubieran hecho aceptar el desafío, si lo que la noche prometía eran caminatas sin sentido con su peor pesadilla.

Al menos, el viento fresco que antes le erizaba la piel desnuda de los brazos, ya no molestaba. Quizás llevar el abrigo de Luka sobre los hombros tenía algo que ver. "Yo tengo camisa, no la necesito" se había justificado cuando se lo dió. Adri se dio cuenta del lindo gesto, casi humano por parte de él, pero no se sintió complacida con el mismo, ya que las manos de Luka, por más ocultas que estuvieran en los bolsillos de su pantalón, se restregaban contra sus piernas constantemente para combatir el frío que obviamente sentía. Aún así, no dijo nada. "Que sufra un poco".

–Bueno– dijo Luka de repente deteniéndose frente a Adri– Por alguna razón te traje y tenemos que averiguar cuál.

–Trata de que sea esta noche, ¿si?.

Recorriendo su entorno con detenimiento y gracia, Luka buscó cualquier cosa que pudiera gustarle a Adri. Literalmente, lo que sea que evitara que ella se fuera. No había planeado con exactitud aquella noche, pues había cierto atractivo en dejar que el azar juegue sus cartas. Pero estaba dispuesto a hacer lo suyo, si con eso lograba su cometido.

–Ey, una calesita. – dijo finalmente señalando al viejo juego infantil hacia su derecha.

Agarró la mano de Adrienna y la arrastró hacia el aparato. Como estaba alejado del centro de la plaza, las farolas no lo iluminaban del todo, pero todavía estaban visibles los dibujos infantiles y divertidos que decoraban el juego. Algunos caballos seguían en pie, algunas carrozas, elefantes, aviones y autos aún conservaban algo de estructura. Era viejo, sucio y parecía a punto de desfallecer en cuanto se lo tocara, y de todas formas era encantador, porque al verlo era imposible no rememorar épocas más fáciles, inocentes, dulces.




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