Estaban caminando normal, uno junto al otro. Sin llegar a rozarse las manos, y con el deseo latente de hacer, al menos por parte de Luka. A paso lento y tranquilo para que cualquier "manifestación del universo" no pasara desapercibida.
Cuando de repente...
–Rápido, pide un deseo. – dijo Luka cubriendo rápidamente sus propios ojos.
–¿Qué? ¿Por qué? – dijo Adri extrañada por la reacción sin sentido de su acompañante.
–Mi mamá siempre me decía que el primero que ve una fuente tiene el derecho a pedir un deseo.
Cuando Adrienna miró hacia adelante, entendió a lo que Luka se refería.
Habían dejado la plaza bastante atrás la última hora caminando. Adrienna se había quitado los zapatos satánicos que su amiga le había dado, y se abstuvo de tirarlos a la basura, solo porque no eran de ella. Caminaba más tranquila pero tenía que ver constantemente al suelo para evitar pisar vidrios u otras desgracias esparcidas por el suelo. Luka la guiaba, y por eso había visto esa preciosa fuente en medio de aquel pavimentado de piedra vacío.
A diferencia del parque, ese lugar estaba muy limpio y cuidado, al igual que la fuente, con su agua salpicando y fluyendo como debía ser. Con un diseño simple, sin ángeles interpretando a cupido, ni feas gárgolas que solo sirven para asustar a los pecadores en las iglesias europeas, esa única estructura de cerámica beige, era más atrayente que el resto de las figuras a su alrededor. Claro que eso no tenía porqué ser así, si las mismas no hubieran estado pintadas por las gracias de las palomas, y las manos garabateadas de algún perdido y aburro grupo de adolescentes.
–¿En serio? – preguntó ella, divertida porque Luka todavía no se quitaba la mano de la cara.
–Si. Y quiero que tengas el privilegio.
Si antes era adorable por fingir magia que no tenía, ahora le resultaba admirable por confiar en cosas que solo los niños se dignaban a escuchar y creer. Se reía de él, pero era diferente a cómo lo hacía antes. Se reía porque... se divertía de lo que él intentaba hacer por ella con tanta ternura. Sin embargo, no dejaban de ser ella y Luka, así que...
–Pero técnicamente, tú la viste primero.
–Adri, no me arruines en buen gesto. Pide un deseo.
–No se va a cumplir. Ya la viste primero.
–Adri.
Ella sonrió. Y aunque no podía verla, Luka también sonreía porque sabía que ella lo hacía. Sabía que estaba ganando todo el terreno que había deseado por años. Y eso lo hacía, extremadamente feliz.
Adrienna cerró los ojos, solo por no saber hacia dónde más mirar, y pidió un deseo. No estaba segura de qué solicitarle al cosmos para que mágicamente no le diera nada. Y de cualquier forma, ella tampoco quería nada. Tenía familia, una casa, salud, estaba completa. Excepto por el estorbo aparentemente reivindicado que tenía al lado. Y de la nada, supo qué pedir. "Deseo que las cosas con Luka cambien para bien".
El resto dependía del bendito cosmos, y de que su mala suerte se tomará un descanso. Pero ella desconocía otra cosa importante, y era lo mucho que le pesaría ese deseo en el futuro.
–Listo.
–¿Me lo prometes?
–Nunca te mentí ¿Por qué lo haría ahora?
Luka descubrió sus ojos, y la miró. No se cansaba de verla, hasta cuando tenía el vestido manchado oculto tras su propio saco morado, sin zapatos y con el cabello alborotado. No se hartaba de decirle en su mente un millón de veces lo hermosa que era hasta cuando su maquillaje le embarraba la cara desproporcionadamente. Y esperaba, algún día, decir que jamás se cansaría de abrazarla y besarla cada mañana al despertar, y cada noche al perderse en los sueños donde ella sería la estrella.
Y sin embargo, de su boca salió algo muy diferente a lo que pensaba.
–No vas a decirme qué deseaste ¿verdad?
–No se va a cumplir, si lo hago
–¿Ahora eres supersticiosa?– se burló
–Si pido un deseo, lo pido bien.
–¿Fue algo bueno por lo menos?
–Depende de lo que consideres bueno.
–Que un animal salvaje no aparezca de la nada y me coma, sería bastante bueno.
–Tranquilo, no tengo deseos homicidas... por ahora.
Se rieron juntos mientras Luka se sentaba en la orilla de la fuente. Ahora podía verla mejor y también la consideró bella. Aunque no se tomó el tiempo de admirarla mucho. Quería hablar, más que contemplar, algo que no fuera su Adrienna.
Inhaló fuerte y dejó salir un gran suspiro con todos sus pesos en él.
–Odio las películas de acción. No me gustan, son muy irreales. Las explosiones, las persecuciones, las caras intensas que ponen. Todo falso. Por eso prefiero las comedias, cagarme de risa sin pensar en si es posible o no lo que veo.
–¿Qué? – Adri no entendí de lo que estaba hablando. Lo miraba confundida, esperando que se explique, pero no lo hizo.
–Y la pizza con piña me parece aberrante. Todo lo que mezcle dulce y salado me da arcadas. No uso zapatillas que no sean deportivas, ni me compro ropa color marrón, me queda fatal, y hace parece que uno se cagó en los pantalones. – continuó – Escribo mis sueños a la mañana porque siempre los olvido y no me gusta. Quiero saber qué es importante para mi inconsciente, por eso me gusta Freud. Aunque leerlo es aburrido. Amo, en serio amo, correr y trepar donde sea. Cuanto más peligroso mejor. Y me gustaría estudiar francés alguna vez. Pero no quiero pisar Francia, mi temperamento no me ayudaría en nada allá.