Ambos entraron donde los ruidos de disparos eran lo más normal del mundo. Donde las luces parpadean y los niños, que no pueden tenerlo en su casa, corren sin control durante el día los fines de semana para jugar. Donde antes la gente se creía cool solo por estar ahí, y ahora se siente patética por hacerlo: un viejo local de videojuegos.
–Tan chan... siguiente parada– dijo Luka.
Adrienna no supo qué hacer, más que reirse.
–¿Es broma?
–Nop
–No sé una mierda de jueguitos, y ¿me traes aquí?
–¿Yo? No, el camino amarillo así lo quiso.
–Antes era el universo, ¿ahora el camino amarillo?
Luka encogió los hombros y se dignó a tratar de retener una risa. Adrienna era experta solo en el Uno, por lo que todos los juegos electrónicos, al igual que el resto de los juego de mesa, le eran una tortura, porque nunca podía ganar. Luka lo sabía, y tal vez por eso aquella fue la única parada de su recorrido que sí planeó con anticipación
–Si estuviéramos en Oz, me dedicaría a buscar a Nox y te dejo plantado, creeme.
–¿Nox?
–Es el personaje de una saga de libros de Danielle Paige.
Adrienna miraba a Luka mientras este intentaba no reírse.
–¿Qué? Es una saga muy buena, y ese es mi personaje favorito.
–Aaahh, claro. Olvidé que todos los novios que has tenido están sacados de novelas raras.
–No todos. – respondió ella pensando en Thiago. Fue una de las pocas veces en las que pensó en él. Mayormente se recordaba a sí misma que tendría que disculparse por haberlo abandonado en la fiesta. – Y es mejor eso que la triste realidad, donde el chico ideal debe estar del otro lado del mundo si es que existe.
Al escuchar eso, Luka dio otro paso hacia el lado de Adrienna. Ya estaba bastante cerca, y él quiso arriesgarse más. (No había aprendido nada en la fuente). Pero sorprendentemente, Adrienna no pareció querer poner más lejanía. Solo ignoró lo que dijo después.
–O a medio paso.
El lugar no era muy grande. Como toda casa de juegos, tenía las clásicas maquinitas para los más veteranos, y los aparatos modernos para los jóvenes que no podían pronunciar Pac-Man. Por inusual que fuera, no había tanto ruido como Adrienna hubiera esperado de un sitio así, pero si sobraban vasos tirados por todo el piso, y un mar de galletas y papas fritas en cada asiento que a esa hora, estaban completamente vacíos. Por un segundo, Adri creyó que había vuelto a la fiesta de Mauro, y se quiso pegar un tiro. Solo la constante presión de la mano de su acompañante le recordaba dónde y con quién estaba.
–¿Por qué este lugar sigue funcionando? Los chicos tienen juegos en la computadora, y hasta en el celular.
–Porque debe haber chicos normales en el mundo que no pueden pagar un plasma para jugar. Además yo venía aquí con mis amigos de chiquito, y definitivamente es mejor que estar en el sillón de tu casa.
La fugaz imagen del Mini Luka con otros amigos que no eran sus hermanos, sentados en el piso de su casa frente a la pantalla, la dejó asqueada. Tal vez porque pensaba en ellos como los clásicos niños que no dejaban en control ni para bañarse, o porque los únicos amigos de Luka en los que podía pensar eran los que venían del infierno. Pero el caso era que borró eso de su mente antes de que su rostro la delatara.
–¿Por qué? – preguntó – Ni siquiera debían venir chicas a las que impresionar. A ninguna le interesan los videojuegos.
–Teníamos 12, las chicas eran lo de menos. Veníamos por las golosinas.
–Eso tiene más sentido– Adri se rió solo de hacer memoria a la época en que Luka tenía esa edad. Un chiquillo travieso y molesto que alardeaba por ser el mejor jugador de Galaga.
Cuando entraron al local, solo había un hombre en el mostrador que le dio a Luka 500 pesos en fichas, osea, 15 fichas. "No necesitamos más" le dijo a Adrienna. Podría haber pensado que era tacaño de su parte, porque con 15 fichas no se hacía nada, pero tu estrategía era divertirla, no viciarla, o en el peor de los casos, hartarla.
–¿Y a qué quieres jugar?. – preguntó ella analizando el tipo de juegos que tenía al alcance de la vista. Parecía que todos estaban diseñados para la guerra o para que los hombres estúpidos no se vieran tan mal frente a una pantalla que se tragaba su plata. Y de las pocas máquinas modernas que había, ninguna estaba diseñada para durar más de 30 segundos de entretenimiento.
–A lo que quieras, mientras pueda dejarte ganar fácilmente. – contestó Luka también viendo hasta donde podía para elegir un juego.
–¿Así que dejarme ganar?
–Claro, como un caballero.
–No podrías ganarme de verdad nunca.
–Para ser una persona que no se tiene ni idea de juegos, te ves bastante segura.
–El simple hecho de que creas que no puedo, me da la certeza de que si.
–Eso es muy retorcido.
–Soy mujer, esa es la esencia de mi naturaleza – se justificó – Pero para que entiendas mejor... elige un juego.
Un minuto después, Luka y Adrienna se batían en duelo frente a un gran aparato con dos pistolas enganchadas a él, con las que tendría que asesinar, mutilar y degollar un ejército zombie mutante. El nombre del juego era tonto y no tenía sentido, y la trama era lo mas trillado que podían esperar. Lo habían elegido porque era de los pocos cuya pantalla era del tamaño de un cine, y así podrían ver bien a quién mataban, y porque estaba al fondo del local, así si alguien pasaba no podrían reconocerlos. Esa fue idea de Adri.