Maldita Casualidad

18. Sobre el techo

Luka la llevó de vuelta a los suburbios, pero a una distancia notable de la casa de Mauro. Aún se oían algunos ruidos de gente borracha, y si prestaban atención, algo de música deprimente. Pero no los verían y eso era lo mejor.

Todo parecía normal, hasta que Luka empezó a subir por un árbol para luego pasarse delicadamente al tejado de la casa más cercana. Adrienna no tenía dudas de que tendría que hacer lo mismo, y no se quejó. A diferencia de cuando la noche había iniciado, sus dudas y desconfianzas ya no la golpeaban en la cabeza cada vez que Luka hacía algo estúpido. Aunque se lamentó un poco de tener que hacer como Tarzán con un vestido puesto, en una casa ajena.

–Luka...– le decía mientras temblaba al pasar de la última rama al tejado.

–Tranquila, vas bien– le respondía él, extendiéndose la mano para que le fuera más fácil.

Una vez ambos en el techo, Luka la ayudó a sentarse a su lado, y se quedaron ahí. No se llegaba a ver el amanecer desde donde se encontraban, ni esperaban tener un mejor paisaje del que un montón de casas apiladas en grandes jardines perfectamente cuidados, con sofisticados autos en sus garajes, proponía. Pero se estaba tranquilo, a esa hora, en ese lugar.

–¿Esto no es invasión de propiedad? – preguntó Adri mientras obligaba a su falda a no moverse demasiado.

–Hasta donde sé, no nos metimos en ninguna casa.

–Pero estamos en el techo de una.

–Tranquila, solo te culparé de todo a tí si alguien nos ve.

Adreimna le regaló un pequeño golpe en el hombro. No se acercaba ni un poco a la agresividad que le había mostrado toda la vida, lo cual Luka agradeció. Y lo hizo pensar que había logrado algo en esas horas, algo bueno para que ella no lo odie tanto.

Adrienna miró levemente hacia abajo y él preguntó.

–¿Te da miedo caerte?

Ella lo miró con superioridad para que no se notara el temblor que las alturas le provocaban en su mano, y respondió:

–¿Te da miedo que te tire?

–No. No me da miedo

–Mientes.

–¿Tú crees? – Luka se levantó y caminó hasta el borde del tejado.

Adri no lo siguió, solo dejó que su corazón se acelerará del miedo, y sus hombros se pusieran increíblemente tensos ante las muchas posibilidades fatídicas que veía en ese momento.

–Luka, sientate

–¿Por qué? No tengo miedo

–¡Luka! En serio te puedes caer

Siempre le había gustado jugar con fuego. El muy suertudo rara vez se quemaba. Y no iba a desperdiciar la preocupación que Adri le estaba obsequiando en ese momento. Hizo un milagro evitando que su sonrisa se ampliará más, y decidió ver hasta dónde podía llegar, caminado por el bordo con un equilibrista.

–¡Luka, por favor! – lo vio a los ojos y se dio cuenta de que la estaba jodiendo, como siempre. Él no tenía miedo, pero ella se sorprendió al saber que si estaba asustada de que se cayera, por más veces que había soñado con eso, años atrás. –Por favor– le suplicó.

Él sonrió. Si había algo que había deseado por mucho tiempo, era que Adrienna le suplicaba. Aunque no quiso detener ahí.

–Si me dices que soy el mejor hombre del mundo y que me quieres...

–No voy a decir eso.

–Ok– Luka apostó de más, y se paró en una pierna sola.

–¡Bueno, bueno, bueno! Eress el mejor hombre que conocí en mi vida. ¡Pero por favor sientate de una buena vez!

–¿Y lo segundo? – dijo inclinándose hacia el vacío.

–Y...– "me voy a condenar después de esto" – te... quiero.

El rubor que pintó sus mejillas de rojo suave, hizo que Luka cediera. "Es tan hermosa" pensaba, "incluso cansada, con la ropa sucia, y el maquillaje corrido, no deja de encantarme".

–Tú ganas– respondió él con una sonrisa sobre sus labios, y luego se sentó.

Adrienna aprovechó que volvía a tener a la misma altura, y lo golpeó nuevamente. Esa vez, con más fuerza.

–¡No me asustes así! – le gritaba Adri mientras Luka se refugiaba entre sus brazos y reía– ¡No te rías! ¿Y si te caías y rompías el cuello?

–¿Hubieras llorado?

–No... Le hubiera escupido a tu cadáver.

Luka redujo sus risas a una simple sonrisa, muy sincera y tranquila, y miró a Adrienna asegurándose de que ella también lo estuviera viendo. Colocó su mano en la mejilla de ella, y la acarició.

Podía fingir cuanto quisiera. Mentir las veces que fueran necesarias. Ignorarlo olímpicamente, si quería. Pero en esos 5 minutos en lo que creyó que Luka podía desaparecer en un parpadeo, vio que no estaba lista para perderlo. Pará bien o para mal, Luka era parte de su vida, de su historia. Había estado con ella incluso cuando no era una opción deseable.

–Luka– dijo ella rompiendo el silencio que se habían creado mientras se miraban.

–Mmm– respondió todavía esperando que ella empujara su mano, sin desearlo, sin embargo.

–¿A qué te referías cuando dijiste que se te acaba el tiempo?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.