El departamento de Luka no era la gran cosa. Ni muy grande, ni muy pequeño, pero definitivamente suficiente para un chico que dormía toda la noche y la mitad del día, como Adrián (el compañero de Luka), y para el propio Luka, que rara vez estaba mucho tiempo ahí.
Por alguna razón, cuando no tenían nada mejor que hacer, sus amigos disfrutaban pasar tiempo en ese departamento. Ya sea por el sillón y los reclinables color kaki que tenía, o porque siempre pedían comida de delivery que manchaba la mesa del mini comedor, Rodrigo y sus hermanos pasaban tardes enteras ahí, haciendo de todo y a la vez nada.
Luka y Joaquín estaban en el sofá más grande jugando a las carreras en la Play, frente a un televisor común. Rodrigo no estaba muy lejos, aunque eso parecía. Sentado en uno de los reclinables, tenía un libro en la mano con el que batallaba para su examen; mientras que Ramiro se ubicaba frente a él en otro de los reclinables, simplemente con su celular en mano.
Desde la cocina, Justo gritó con la cabeza metida en la heladera.
–¿Luka? ¿Esta cosa se puede comer? – levantó un tupper rojo que dentro guardaba un par de milanesas.
–Justo, amigo mío, porque te quiero te lo digo. Esacosa es de Adrián. Ergo lleva ahí como... 3 años. Eres libre de comer lo que contenga, pero no lo recomiendo. Cocinó él, además.
–Qué asco – tenía hambre, pero no estaba tan loco.
Dejó el tupper donde lo encontró y volvió a la sala. Tomó asiento junto a Luka, y le robó el mando del juego para darle una paliza a su hermano. Él no se molestó, pero igual le dió un pequeño golpe a Justo en la cabeza.
–¿Sigue durmiendo? – preguntó Ramiro. A lo que Luka respondió "Adrian no sería Adrian, si no estuviera durmiendo".
Aunque ninguno prefería que la situación fuera diferente. A nadie le caía mal Adrián, pero se estaba mejor cuando no se metía en la escena. Donde cada uno seguía con lo suyo, y solo ocasionalmente sucedía algo inesperado, como Rodrigo lanzando su libro al piso, y exclamando:
–¡No quiero estudiar más!
Sin importar lo que cada uno estaba haciendo, se detuvieron a mirarlo como si fuera un animal extinto.
–¿Acabo de escuchar al cerebrito de mi hermano, decir que no quiere estudiar más? – preguntó Joaquín mientras volvía a dirigir la mirada hacia el juego.
–Tal vez muera hoy– agregó Justo.
–Si eso pasa, no esperes mis flores– respondió Rodri. Se masajeaba las sienes y respiraba profundo para evitar otro arrebato.
–Aw... rompes mi corazón– Justo continuó. Y luego Ramiro le susurró "mejor tu corazón antes que tu cara".
–Tranquilo, Justo – le dijo Luka pasando su mano por el hombro de su amigo – Si te mueres, yo te lloro por todos.
Justo apoyó la cabeza en el hombro de Luka, sin poder abrazarlo puesto que había retomado el juego con su hermano. Y dijo.
–Gracias, ¿por qué no eres mi hermano, Lukita?.
–Porque mi mamá prefiere los mexicanos.
–Y la nuestra a los japoneses – comentó Ramiro – Si los hombres del país seguimos así, nos vamos a quedar sin mujeres.
La madre de los chicos había fallecido hace un par de años, pero antes de eso, se había vuelto a casar, igual que Javier, con un hombre de Tokio, dueño de una empresa petrolera. Antes de que la Parca se la llevara, como decía Ramiro cuando tenía un mal día, ella les enviaba fotos de sus días, sus aventuras sin la pesada tarea de ser madre. Los mensajeaba cada hora para saber de ellos, aunque no los llamaba porque era demasiado para ella escuchar sus voces.
Incluso sin conocerlos lo suficiente, Romina intentaba que sus hijos no la olvidasen. Y no lo hicieron.
–No deberías estar preocupado por eso ¿cierto? – dijo Rodrigo retomando una sonrisa relajada – Por lo que escuché anoche...
–Explicate, hermanito.
–Él no fue el único que te escuchó – agregó Justo.
Dos contra uno no era una batalla limpia, y estaba a punto de ponerse peor para Ramiro.
–¿Que escuchó qué?
–A una rubia gritar como loca y a un insensible decirle "shhh, que mis hermanos tienen el sueño ligero" – respondió Rodrigo.
Todos los presentes menos Ramiro, claramente, se rieron de aquello. No era nada malo que sus hermanos supieran de sus encuentros sexuales, de hecho, ya se dijo que a él le gustaba alardear. Pero se centró en las palabras de Rodrigo: "una rubia". Corría con suerte si nadie había visto que se trataba de Tattiana.
–Yo escuché la cabecera de la cama, golpear contra la pared – continuó Justo.
Ramiro se acomodó nervioso en su asiento y respondió.
–Deberían agradecerme que le dé emoción sexual a sus solitarias noches.
–Nadie necesita de tu emoción sexual. Menos cuando estoy estudiando – dijo Rodrigo. Se estiró para agarrar el libro que había tirado, pero en seguida volvió la mirada hasta su hermano.
La casi intimidación de su hermano mayor, hizo que Ramiro se pusiera más a la defensiva. Aunque no lo pareciera, ese no era ni el comienzo de una pelea entre hermanos. Si acaso era un juicio hacia el rebelde de la camada, al que no planeaba someterse sin pelear.