Maldita Casualidad

22. Plan C-elos

Las chicas se habían mudado a la casa de Tati, donde no se corría el riesgo de ser escuchadas por cierto pares de orejas entrometidas (ejem, Claudia). A diferencia de la casa de Adri, donde era prácticamente imposible estar a solas más de dos horas, Tattiana vivía solo con su mamá, y ésta trabajaba todo el día, y al igual que su hija, salía en la noche.

Hubo un tiempo en el que a Tati se entristecía por estar sola mucho tiempo. Hasta que descubrió las ventajas de aquello. Una de ellas: chismear con su mejor amiga sobre un posible nuevo romance.

Adrienna disfrutaba pasar tiempo en casa de su amiga, porque no era un lugar ni muy ostentoso, ni muy desastroso (excluyendo la habitación de Tati que parecía los restos de una Guerra Mundial). Estaba en un barrio cercano al suyo, pero más humilde, y sencillo. Y la casa en sí, parecía sacada de un cuento de hadas moderno.

Tattiana había estado dando vueltas en su habitación con su cara de "ideas conspirativas, vengan a mi", cuando el paso del tiempo le fue demasiado abrumador y finalmente dijo:

–Ok... no se me ocurre nada.

Adrienna, que estaba sentada en la cama disfrutando de un paquete de Pringles saborizadas, y viendo a su amiga romperse los sesos, pensó que ya era tiempo de intervenir.

–¿Y si olvidamos esta tontería?

–No, definitivamente no – dijo terminantemente Tati – Hay que hacer como si fuera un trabajo para la universidad. Mas precisamente, uno de investigación, donde primero tenemos que saber qué queremos saber.

Aunque redundante, su lógica no era incorrecta. Adri recordó lo mucho que Tati disfrutaba todo lo relacionado con cosas científicas, por más que la mitad de las mismas le fueran extrañas e inentendibles. Amaba el simple hecho de que fueran científicas.

Adri le siguió el juego, aún sin sentir el mayor interés. Si, le intrigaba entender qué significaba todo lo que había pasado con Luka, pero una parte de ella continuaba creyendo que lo mejor era olvidarlo todo. Su vida no iba a cambiar descubriera lo que descubriera, ¿o no?

–¿Y qué queremos exactamente? –preguntó.

–Básicamente, saber qué siente Luka por tí.

La unión de esas comunes palabras, le provocó un malestar a Adri.

–¿Podemos cambiarle el nombre para que no se me haga tan extraño?

–¿Y qué? ¿Le decimos Voldemort? ¿O el innombrable? – otra fascinación de Tati: Harry Potter. Había obligado (al estilo "La Naranja Mecánica") a su mejor amiga a ver todas y cada una de las películas de ese bendito personaje desde que habían entablado una amistad sólida, prácticamente.

–Cucaracha rastrera, me gusta más – pero Adri jamás se enganchó con la historia.

–Si, pero es muy obvio de quién hablas.

–Entonces... ¿Vómito de dinosaurio?

–No estás entendiendo el objetivo.

Tenía que ser un nombre que describiera todo el odio que creía sentir por Luka, sin pensar que estaba refiriéndose a él. Un nombre simple de recordar, pero no que la molestara al pronunciarlo.

"Hasta para esto me complica la vida, ese..." mientras pensaba aquello, Adri tuvo la respuesta. "No le voy a dar el crédito".

–¿Hache? – propuso.

–¿Hache? ¿Por qué?

–Es la primera letra de "hijo de..."

–Ya entendí, ya entendí –a interrumpió Tati – Me gusta.

"Me gusta porque soy fan de Mario Casas y su películas", pero eso claramente no lo confesó.

Una vez solucionada la incomodidad de Adri, y determinado cuál era el objetivo de su investigación, Tattiana le hizo saber a su amiga que era de suma importancia nombrar el plan. ¿Por qué? Sencillamente "porque se me da la gana" explicó. "Además, todo plan de conspiración tiene que tener un nombre".

Nuevamente se quedaron en silencio, y Tati puso su cara de pensar más seria y determinada, mientras Adri trataba de entender porqué todavía no había metido a su amiga en el auto para llevarla a un psicólogo, o no la había mojado de pies a cabeza con agua bien fría para que se le aclaren las neuronas.

La única razón por la que no abrió la boca, fue porque su amiga estaba esforzándose (exageradamente) solo por ella. Estaba dando (dramáticamente) lo mejor de sí para ayudarla en algo que la consternaba realmente, siempre relacionado al maldito Luka. Pero Tati, además de querer serle útil a su mejor amiga, solo quería sentir que estaba en una película de espías y ella era la clave para hallar la solución final.

Pasados los veinte minutos más largos de la vida, Adri propuso:

–Dejemos el bautizo del plan para el final, ¿ok?

Tati bufó enojada, pero accedió.

–Bueno, el tema tres... cuál es el plan.

Adrienna la miró con esos ojos acusadores que decían "¿No tenías un plan ya?"

–¿Qué creías? – se defendió Tati – ¿Que me levanto a la mañana con ideas malévolas para ayudarte?

–¿No es así?

–A veces...

Bajo la pregunta constante ¿Qué hace que las personas digan la verdad?, Tati evaluó múltiples opciones de plan que no logró concretar en ningún momento. Demasiadas ideas para tan poca preparación, y tenía que ser rápida. Su amiga no podía quedarse eternamente en su habitación solo para no cruzarse con Luka.




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