Maldita Casualidad

23. Nunca quise ser tu amigo

–Que mierda.

Era todo lo que Adrienna podía decir viendo a dónde la había llevado su mejor amiga, su supuesto soporte y ayuda en aquella situación. Aparentemente, Thiago tenía la desdichada costumbre de pasar algunas tardes en el mismo parque donde ella había pasado la noche con Luka. Donde una calesita olvidada que funcionaba milagrosamente con magia, la había hecho reír con el hombre a quien más odiaba en el mundo.

Tattiana le explicó que más allá de su extraña aversión para con el parque, si querían que su plan funcione debían estar ahí, porque su hermano usaba ese mismo espacio para sus dibujos. "Despejado y sin tus gritos" solía decir cuando cerraba la puerta al salir. Pero Adrienna nunca se había enterado siquiera de que su ex novio era dibujante, así que fue una sorpresa para ella.

–Tiene vergüenza o algo así – le dijo Tati.

Aunque Adri lo entendía. No debía ser sencillo creer en el talento propio cuando tu hermana y tu mamá se dedican a menospreciarte constantemente por creerte un idiota. Si creía que era un idiota, pero ella no se lo gritaría las 24 horas del día como a un perro.

–Ahora, te acercas, hablas con él, le coqueteas y yo hago el resto– tan fácil y tan impreciso, así eran los planes de Tattiana.

–Alto, alto, alto ¿Qué sería el resto?.

No tuvo ninguna respuesta, pues apenas terminó de hablar, notó que su amiga ya había dado varios pasos en la dirección opuesta a donde estaba Thiago.

Adri estaba extrañamente nerviosa. Curiosamente extraviada. Se iba a acercar a él, y ¿qué iba a decir? ¿hola?. Parecía tonto ponerse a pensar demasiado para iniciar una conversación con alguien a quien conocía tan bien, y sin embargo no podía controlar su ansiedad. Parte de ella se debía seguramente al hecho de que iba a ser linda con Thiago conscientemente, y eso era algo en lo que no tenía mucha experiencia.

Dando pequeños pasos inseguros, Adrienna se acercó a Thiago memorizando en voz baja cómo lo saludaría. Lo normal. Una vez que llegó a él, se dio un último impulso de valentía, y tras exhalar fuerte puso su mejor sonrisa y dijo:

–Hola

No hubo respuesta. Se hubiera sentido ofendida de no ser porque notó a tiempo que Thiago llevaba puesto unos auriculares. Entonces se sintió tonta.

–¡Hola! – le gritó, y esa vez, sí llamó su atención

–Hola... Adri.

En ese instante, el pobre despistado se hizo acreedor de todo el nerviosismo que Adrienna había cargado minutos antes. Al sacarse los auriculares, su cuaderno y lápices cayeron al suelo, acompañados por su celular y la mochila que se encontraba a su lado.

Adrienna rió. Estaba más relajada.

–Te ayudo.

–Qué sorpresa. ¿Qué haces aquí? – le preguntó él mientras juntaba torpemente todos los lápices e intentaba que el contenido de las hojas no se viera.

–Em... paseaba, caminaba. Es un parque ¿no? Para eso sirve.

–Ah, si. ¿Te quieres sentar?

–Si.

Había poca gente a su alrededor. Una clásica escena de algunos chicos jugando a la pelota donde los árboles no eran un estorbo. Y alguna que otra pareja recostada en el verde césped tratando de que las hormigas no invadieran su comida. Pero no más que eso. El día levemente nublado no ayudaba a que la gente saliera de sus casas, y por eso Adrienna se cuestionó: "¿Por qué Thiago salió a dibujar sabiendo que podía acabar mojando su trabajo?".

–¿Y qué hacías? – le preguntó "inocentemente" al tiempo que espiaba las hojas en el regazo de Thiago.

–No, nada.

"Tiene vergüenza o algo así, el muy boludo" había dicho Tati, así que Adri tendría que presionar más directamente.

–¿Dibujabas?

–Bueno, si –admitió con rubor en las mejillas y orejas– Un perrito... un gordo perrito deforme.

Definitivamente era el perro más feo que Adri hubiera visto en su vida. Las orejas desproporcionadas, el hocico chueco, las patas gigantes. Solo viéndolo a la distancia podía pasar por un intento de cubismo.

–A mí me gusta– volvió a mentir.

–¿De verdad?

–Eso creo.

–He de estar haciendo algo bien entonces.

–O yo soy muy mala crítica de arte.

Thiago se rió.

–Dudo mucho que seas mala en algo.

Ella se sonrojó. Era mala en muchas cosas, pero se sentía lindo que nadie te lo dijera. Vivir en la ilusión y mejorar a partir de ellos, siempre había sido su preferencia.

–Creo que tienes una idea errada de mi persona – le dijo –Estoy muy lejos de ser perfecta.

–Puede que no seas perfecta, pero eres increíble.

Entonces, Adrienna recordó mil momentos fugaces en los que su ex novio le decía constantemente lo maravillosa que era, lo buena persona que se mostraba, lo tierna, dulce e inteligente que solía ser con todo el mundo. Ante los ojos de ese hombre, Adrienna era un ángel que tuvo el descaro de caer justamente frente él.

Tal vez ella no había sufrido como las chicas normales por el engaño de Thiago. Tal vez ella no lloró por semanas, mientras se ahogaba en helado y escuchaba música a todo volumen. Pero al menos se sintió traicionada por culpa de esos momentos. Si era tan buena y espléndida como él decía, ¿por qué la engañó?.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.