Maldita Casualidad

24. Explosión

A la mañana siguiente, Adrienna no estaba segura de qué esperar. Podía estar Luka en cualquier esquina, esperando el peor momento para aparecer. O podía cruzarse otra vez con Thiago y esa vez sí que no sabría cómo encararlo. Incluso esperaba la caída de un avión, si con eso podía faltar a las clases y esconderse en su cama el resto de la semana.

Pero no. Lo único que ocurrió mientras bajaba de su auto y se encaminaba a la entrada, era lo más normal de sus días: Marco leyendo un libro.

Ella se acercó y bajó su lectura a la altura del mentón de su amigo solo para preguntar:

–¿Está interesante?

–No tanto, por eso te esperaba– respondió él.

Caminaron adentro del edificio como todos los días. Adri no pensaba contarle las novedades a Marco a menos que se le escapara o no tuviera otra opción. No porque no confiara en su amigo, o tuviera vergüenza, aunque si la tenía en parte. Más bien pensó que todo era muy retorcido de contar y estaba decidida a tener un día tranquilo.

Se dispuso seriamente a no pensar en Luka (en sus labios) ni en Thiago en lo que restaba del día. Pero nuevamente, no fue lo que pasó y sus deseos se volvieron polvo en medio de una tormenta.

–Quiero hacerte una pregunta– dijo Marco – ¿Puede ser que tu amiga rubia fiestera te haya pedido mi Instagram?

Un extraño cosquilleo de pánico subió por la espalda de Adrienna.

–¿Por qué?

–Porque me empezó a seguir ayer – respondió Marco – Y lo raro es que me habló sobre una petición que me tenías que hacer o algo así.

"Tattiana hoy te mato" pensó ella al tiempo que se agarraba la cabeza entre las manos y buscaba cómo evitar el tema. No se le ocurrió nada. Además era consciente de que su amigo no iba a dejarla en paz así como así. Era demasiado raro que Tati le hable a él como para no pedir una explicación.

–¿De qué petición hablaba? – insistió Marco.

Con solo un suspiro como preámbulo, Adrienna empezó su explicación. Desde su "enfrentamiento poco regular" con Luka, hasta el descarte de Thiago como "interés amoroso". Obvió algunos detalles que la ponían en evidencia, como el hecho de que Luka besaba muy bien y que ahora pensaba más en él que en cualquier otra cosa. Pero si detuvo en que Tati estaba convencida en que Marco era la mejor opción para simular tener onda con alguien. Estaba en medio de esa parte cuando su amigo la interrumpió:

–Acepto.

–¿Dijiste qué?

–Dije que acepto.

Había sido muy fácil. Sin chantajes, ni trampas visibles, Adrienna no podía creer que su amigo accediera a semejante tontería. "Todos los italianos están así de locos" se planteó.

–Pero ¿entiendes lo qué estás aceptando? ¿Coquetear conmigo? O sea, ¿conmigo?

–Lo entiendo a la perfección.

–¿Y cómo es que estás tan tranquilo?

Marco le sonreía sinceramente. Si, le parecía un juego de niños lo que Adri le contaba, y estaba sorprendido de que ella formara parte activamente de un plan tan bobo, pero también se divertía de la situación, de la rar comedia romántica que su mejor amiga estaba viviendo, y no quiso perder la oportunidad de formar parte. Aunque eso no fue lo que respondió.

–En gran parte porque eres mi amiga y quiero ayudarte como tú me ayudarías a mi.

–Eh, no, te equivocas. Yo nunca te ayudaría con algo tan estúpido.

Él se reía porque la base de su amistad era la esencia de la estupidez. Ser convencionales no era lo suyo, y sus temas de conversación era la prueba de ello.

–Ok – dijo él – Lo confieso: quiero conocer a la famosa cucaracha rastrera.

–¿En serio lo vas a hacer solo por eso?

–Obvio, va a ser divertido.

Solo acudieron a una sola clase esa mañana. La cabeza de Adri no daba abasto y Marco estaba muy entusiasmado por iniciar la operación "conquista", como la llamaba. Que ambos estuvieran así de distraídos no servía para nada, así que se fueron antes a la casa de Adrienna. Sin saber lo que allí se cocinaba, claro...

**********************************************************************

Su mamá siempre le había dicho que existían quienes nacían para ser eternos niños, y que estaban aquellos destinados a vivir con un alma de viejo. Claudia sin duda era una mujer con alma de señora. Por eso gozaba tanto de tejer, bordar y coser. Pero más que nada, disfrutaba el no pensar mientras hacía eso. La calma de estar sola aunque estuviera rodeada de gente; la paz de desconectar el cerebro mientras las manos inquietas forman algo hermoso.

Solía acompañarse de música o algún programa de fondo, pero ese día prefirió la compañía de su propia voz, y se puso a tararear. Nada en específico, ni complicado. Solo tonadas que le llegaban y ocupaban el espacio del silencio.

–Buen día – la saludó Justo cuando entró a la casa.

–Buen día, hijo.

La puerta apenas había sido cerrada cuando ambos oyeron el sonido del timbre. Justo abrió la puerta.

–Luka, qué sorpresa. Usualmente entras como si nada. ¿Qué pasó? ¿Descubriste que tenemos timbre? – hizo notar el sarcasmo en su comentario, pero Luka no le siguió el juego




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.