Maldita Casualidad

25. Bajo la cama

Como buenas amigas que eran, Adrienna y Tattiana se diferenciaban claramente como opuestas, lo cual ayudaba a que se llevaran bien. Pero de vez en cuando, uno podía notar que había pequeñas cosas que compartían. Preferentemente, pequeñas cosas que no eran de lo más agradables.

Por ejemplo, ambas ponían las galletas enteras en su boca cuando merendaban de chiquitas (algo que seguían haciendo); salían del baño solo con su ropa interior luego de ducharse, porque estaban más cómodas cambiandose en su cuarto (Adrienna lleva reprimiendo ese impulso desde que vive con una manada de hombres); y ambas tenían la necesidad de hacer cualquier cosa que no requiriera concentración acompañada de música.

Era exactamente lo que Tattiana estaba haciendo. Juntando su ropa y zapatos mientras la música a todo volumen salía de su computadora. Youtube o Spotify, daba igual mientras ella no se ahogara en el silencio, o peor, el ruido de los programas políticos que le gustaban a su mamá.

A simple vista, parecía una tarde normal. Y aunque la música podía distraerla de la facultad o la presencia de su progenitora, no era suficiente alboroto como para no pensar en Adrienna. No había tenido noticias de ella, y estaba extrañamente preocupada. Después de todo, había sido su plan.

–Hola, hermosa – susurró sobre el cuello de Tati, que saltó de sorpresa reprimiendo un pequeño grito.

–¿Qué haces en mi casa? ¿Y porqué te metes por la ventana?

–Vine a verte – respondió sujetándola por la cintura – ¿Qué? ¿Está mal?

–No – había estado pensando tanto en su amiga que se había olvidado de Ramiro, pero verlo la hizo más feliz de lo que hubiera creído – Pero tengo puerta ¿sabes?

Él sonrió. Usar la puerta iba en contra de su dramatismo.

–Me gusta sorprenderte.

Se unieron en un beso que prometía mucho. Incluso dieron dos o tres pasos que los llevarían a caer en la cama. Lamentablemente para los tortolos, eso no llegó a ocurrir, gracias al toc toc que se oyó a los pocos minutos.

–¡Tati, abrime! ¡Tengo que hablar contigo! – la voz desesperada de su amiga se escuchó a través de la puerta.

Instantaneamente, Tati cubrió la boca de Ramiro temiendo que dijera algo.

–¡Shh! Es tu hermana –susurró.

–¿Y? – dijo él para luego quitarse la mano de ella de la boca – Ella lo sabe ¿no?

–¡Ssshhh! – insistió – Sabe que dormimos juntos, no sabe que nos seguimos viendo.

–¡Por favor! ¡Es urgente!

Su habitación era más chica que la de Adrienna, además tenía más cosas que ocupaban espacio. ¿Dónde podía meter a su amante secreto?, el cual no estaba tan preocupado como ella.

–¡Ya va! – gritó.

No fue su mejor momento de inspiración, pero haber dado mil pasos alrededor del cuarto buscando una solución, lo mejor que encontró fue:

–Debajo de la cama – le susurró a Ramiro.

–¿En serio? ¿Cómo en una comedia romántica? – intentó ser gracioso (sin éxito) para tranquilizarla, cuando los ojos de ella se limitaban a suplicar que se ocultara – Bueno, bueno – dijo mientras se metía debajo de la cama

Tattiana se acomodó un poco el pelo, y tiró todo lo que había acomodado para dar la impresión de que había tardado en abrir porque estaba tratando de ordenar un poco. Era muy probable que su amiga no le creyera del todo, pero hacer el intento no la iba a matar.

–Hola, ¿qué pasa? – la saludó con su mejor sonrisa tras abrir la puerta.

–Problemas, eso pasa – Adrienna entró como una fiera al cuarto de su amiga. No le importó pisar la ropa o incluso tropezarse con ella, solo quería hablar – Es sobre Hache

–Ah... eso – consciente de que cierta persona escondida no tenía que escuchar esa conversación, Tati dijo – ¿Lo hablamos afuera? Quiero salir un poco. Tomar aire fresco, y eso...

–Explotó, él explotó – Adrienna no oyó lo que su amiga le proponía. Tenía tanto que procesar, que decir en voz alta para lograr entender todo lo que había pasado – Se juntó todo y no aguantó

–¿Cómo que se juntó todo?

–Si, me vio con Marco. Y escuchó cuando llamaste preguntando por él. Se fue enojado y ahora estoy totalmente perdida.

Era un resumen del resumen, pero Tati entendió. Principalmente, se percató de que parte de todo aquello había sido culpa suya, debido a la llamada. Pero ¿qué más podía hacer?. Adri no le decía nada, y ella necesitaba estar al tanto para ayudarla. Ahora lo mejor que podía hacer, dada cierta presencia imprevista, era tratar de calmarla y sacarla de la habitación.

–Bueno, tranquila que seguro no es tan malo como parece. ¿Por qué no mejor salimos, tomamos algo...?

Un nuevo toc toc más irritado tiró esas palabras por la borda como un tsunami.

–¡Tattiana, abrí!

Las dos amigas se miraron con confusión. Era claro que no se trataba de Thiago. Ramiro estaba bajo la cama, o en cualquier otro lado (en lo que respectaba a Adrienna). Y Tati no le daba su dirección a ningún chico.

–¿Quién es?

–Jack, el destripador. Abrime – tras responder con semejante descaro, no cupo ninguna duda: Luka.




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