Maldita Casualidad

27. El clásico no es lo que parece

El asesino siempre vuelve a la escena del crimen, eso dicen. En su caso, Luka no podía volver al tejado donde había dado el primer paso real con la creía era la mujer de su vida, pero bien era libre de pasear por aquel parque. Allí donde la hizo dar vueltas en una vieja calesita mágica; donde resultó también su detestable encuentro con su ex amigo. Muchos recuerdos lo agobiaban esa tarde, casi noche, mientras pateaba las hojas y se decía a sí mismo: "Tenía que esperar 12 años ¿no?. Que estúpido".

Ya pensaba que tenía todas las batallas perdidas, y su único alivio era que iba dejar todo atrás con solo el recuerdo de algunos besos inolvidables. No dejaba de pensar en eso. Había soñado muchas veces que la tomaba de la cintura, acomodaba algunos rizos rebeldes detrás de su oreja, y la besaba. Sin culpa, sin miedo, solo ellos dos sin nada en el medio que los detuviera. Eran sueños con escenarios tan diversos que lo distraían de la realidad, y sin embargo solo 3 cuando mucho se habían cumplido.

Parecía mentira que el frío de la tarde no lo sacara de ese trance, pero el vibrar del celular si.

–¿Hola? – contestó.

–Hola, soy yo – no tenía que escuchar más. Era la inconfundible voz de ella

–Bonita – sonrió.

Ella ignoró el adjetivo. No estaba de humor para iniciar un conflicto y menos por teléfono.

–Tenemos que hablar –le dijo – ¿Dónde estás?

Aun sin verle la cara sabía que ella estaba seria. Se arriesgaría a decir que hasta preocupada, pero ya sería demasiado

–En el parque. Ya sabes cuál

–¿Por qué estás ahí?

–No lo sé.

Le creía. Ella misma había vivido momentos en los que los propios pies te llevan a cualquier lado solo porque la mente no es quien los dirige. La última vez ahí, habían pasado muchas cosas, que además eran recientes, y en serio prefería evitar que volvieran a ocurrir. Pero si iba con la frente en alto y las ideas claras (o lo menos difusas posibles), puede haya otro recuerdo menos jodido entre aquellos árboles.

–Ok – dijo Adri – Estoy allá en un rato.

–Aqui te espero.

"Ay, Dios. ¿Qué habrá pasado ahora?" pensó mientras sacaba una caja de cigarrillos del bolsillo trasero y se ponía uno en la boca. Después de todo ese día de mierda, no esperaba nada bueno de nadie, ni siquiera de ella. De haber hecho las cosas de otro modo, ahora no estaría tan asustado por verla. Pero quería verla. Estaba desesperado por tenerla delante, que todo se arregle y poder hacerla felíz como se merece. ¿Qué probabilidad había de que eso ocurriera esa tarde?.

–¿No lo habías dejado?

No tenía que verla para saber quién era. Y antes creía en su cero posibilidad, ahora estaba seguro.

–Nunca dije eso – dijo Luka – Y menos a ti.

Shelia se acercó lo suficiente para sacarle el cigarrillo de la boca y quedarselo.

–No, para eso primero tendrías que hablarme

–Debe haber una razón por la que no te hablo ¿no?

–Tú sabras.

Le había concedido un día. Veinticuatro horas para que reflexionara sobre lo que ella había significado para él. O tan siquiera para que recordara los buenos momentos que tuvieron juntos. Fue soñar demasiado creer que realmente lo había hecho.

–¿Qué quieres? – preguntó Luka. Agilizaría ese poco fortuito encuentro tanto como pudiera. Lo último que necesitaba ese dia era que su "no" ex y la mujer de su vida se encontraran frente a él. En especial conociendo a Sheila.

–Te extraño. Quería verte. A lo mejor me extrañabas también y ...

–Nada – la interrumpió – Se extraña a quien se quiere. Y lo único que quiero de ti es que desaparezcas.

–No lo decís en serio.

–¿Apuestas?

Tenía poco tiempo antes de que Adrienna llegara. Ya sea que fuera a pie o en Uber, el camino desde su casa hasta aquel lugar no era un recorrido muy extenso. Y Sheila no se iba. Ser bruto con ella no le había funcionado nunca, ya que al parece le gustaba que fuera una presa difícil. Desgraciadamente para su situación, no estaba ni remotamente dispuesto a fingir interés en ella. Si las películas le habían enseñado algo, era que eso nunca funcionaba con las locas.

Tic tac tic. "¿Qué hago?"

–Por favor, Luki – ella seguía presionando – Yo sé que te sigo gustando, aunque sea un poco.

–Ni un poco, ni nada. Te lo dije antes y te lo digo ahora, la única que me gusta...

–Es Adrienna – ya estaba cansada de ese maldito nombre y lo que significaba para él. Harta de competir con alguien que ni siquiera estaba jugando y aún así ganaba – ¿No te cansa que esa chica no te quiera? ¿Qué te humille y te desprecie? ¿No te harta ser su última opción en todo?

"Si, por supuesto que si" pensó. Cada día le dolía más ser una sombra siniestra en la vida de Adrienna. Aquel rostro que ella rezaba no ver cuando empezaba el día. Estaba muy exhausto de intentar hacerla feliz sin que lo parezca. Y de todas formas, todavía no estaba listo para tirar la toalla.

–Pasó mucho tiempo desde la última vez que nos viste juntos, Shei. Las cosas cambian.




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