Maldita Casualidad

28. Las hermanas sean unidas

Mientras Troya ardía en un lado del mundo, dos tortolitos andaban a los besos del otro. Ramiro y Tattiana habían abandonado la casa de ella en cuanto su mamá irrumpió en su habitación. "No vi nada, no vi nada. Sigan, tranquilos" había dicho mientras su hija y su ¿novio? se volvían a vestir a velocidad record, pero no era suficiente.

Se escabulleron a la habitación de Ramiro para terminar lo que habían empezado. Estaban solos, y se besaban tiernamente ignorando el desastre de cuarto en el que se encontraban. No había señales de que alguien fuera a molestarlos, y sin embargo, acabaron tirados en la cama, completamente vestidos, sin hacer más que mirarse el uno al otro.

"¿Te molesta si nos quedamos así, solo un ratito?" había preguntado Ramiro. Le acariciaba varios mechones rebeldes de aquel pelo rubio, mientras le respondía: "Me parece perfecto".

Era inexplicable para ambos el porqué preferían estar abrazados viendo a la nada, cuando podían estar haciendo algo más entretenido. Era lindo que no tuviera que pasar nada para que sintieran de todo. Ramiro estaba en modo protector, rodeando el cuerpo de Tati con su brazos pero sin presionarla lo suficiente: aspirando su perfume e imaginando que podría quedarse así el tiempo que hiciera falta para no olvidarlo nunca. Tattiana se veía vulnerable, y no se asustó por ello. Todo lo que odiaba del amor no lo veía en ese momento con él. A decir verdad, estaba tan tranquila y segura que hasta se cuestionó si estaba viva, si era ella misma. Pero esas ideas pesimistas no fueron tan fuertes como hacerla poner distancia.

Parecía una pintura digna de perdurar. Y así habría sido si el fuego de Troya no hubiera llegado hasta sus pies.

–¿En qué piensas? – preguntó Ramiro deseando que la respuesta fuera compatible con sus ideas.

–Me preocupa Adri – se sinceró Tati – En dos días el mundo se le dió vuelta. ¿Estará bien?

–Es Adrienna. Da muchas vueltas, pero siempre halla el Norte.

"Es verdad" pensó ella.

–Pero todavía no pude hablar con ella. Y llamé a Marco a ver si sabía algo y no, nada

–¿Llamaste a Marco? – Tati asintió contra el pecho de Ramiro como si esa pregunta fuera a ser la única que le hiciera – ¿Eres muy amiga de ese?

–¿Por qué? – preguntó ella con una sonrisa perversa mientras se incorporaba para verlo – ¿Celoso?

–No, para nada – su larga carrera como Don Juan profesional nunca lo había preparado para sentirse amenazado por otro hombre. Es más, en cuanto aparecía la verdadera competencia, era su política abandonar la lucha para servir en otra guerra. Si estaba celoso, como buen orgulloso que era, no lo iba a reconocer – Uno se pone celoso cuando tiene baja autoestima. Yo soy mejor que cualquier tipo que conozcas, eso lo sé.

Le resultaba adorable a Tati presenciar aquello. Ramiro y Adrienna se parecían tanto en eso: nunca reconocían errores, sentimientos y celos.

–¿Entonces? – preguntó ella.

Una respuesta tan evasiva como ingeniosa salió de la boca del acusado.

–Simplemente... indago sobre tus conexiones.

–Bueno, no indagues tanto a ver si te dejo por obsesivo.

–No podrías dejarme aunque quisieras. Soy demasiado compatible para ser tuyo.

–Wow, qué hombre tan seguro.

No confirmó aquello con otra típica respuesta. Lo hizo con un beso. En medio segundo aquella paz que habían construido uno en el otro, se hizo polvo ante el deseo que se tenían. Y un nada inofensivo beso se fue transformando en caricias, susurros y prendas perdidas.

Pero...

–Ejem – exclamó Justo cuando entró repentinamente en la habitación – ¡Ejem! – repitió tras no ser escuchado la primera vez – ¡Se quema la cama! ¡Ramiro y Tattiana! ¡Se quema la cama!

–Carajo... – murmuró Ramiro para luego gritar en dirección a su inoportuno hermano – ¡¿Qué?! ¡¿Por qué tan agresivo?!

–¿Por qué dices? Hace una hora que los estoy llamando – se excusó – Si lo del fuego no funcionaba iba a tener que tirarles agua fría encima para separarlos.

¿Quién en esa habitación iba a refutar aquella verdad?

–Bueno. ¿y qué quieres, Justo? –preguntó Tati mientras intentaba ponerse rápidamente la remera escudándose tras el cuerpo de Ramiro.

–Adri, acaba de llegar. Creí que... – no terminó la frase y Tattiana ya había saltado de la cama y corrido hasta la habitación de su amiga – ...querías verla.

Ramiro se quedó en la cama, sin pantalones y con la peor cara de odio que podía dirigirle a su hermano mayor. Si, estaba preocupado por Adri, pero podía aguantar cinco minutos siquiera.

–Gracias Justo, eh.

–De nada – respondió – Limpiate la baba.

Ramiro se pasó la mano por la cara en cuanto su hermano se fue, solo para descubrir que lo había engañado.

Adrienna se acostó en su cama. Tenía la firme intención de ponerse los auriculares y perderse en la música un rato. Dejar que el reloj marque las 20.00 horas para hacer lo que pensó de camino a su casa. Sin embargo, el portazo que su mejor amiga dejó al entrar al cuarto, no le dió muchas opciones.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.