Ya caída la noche, Claudia batallaba con su hijo mayor para que él pusiera la mesa. Ella no dejaba que Joaquín lo hiciera, pues había estado ayudando todo el día, y le toca al mayor moverse un poco.
–¿Perdón? Yo me estuve matado toda la semana estudiando y hoy me liberé de todo ese puto estrés. También me merezco un descanso – se justificaba él.
–¿Y quieres que nombremos un edificio en tu honor? – se burlaba Joaquín al otro lado del sillón.
–No me presiones, hermanito, que si me levanto es para meterte la cara en la salsa.
Joaquín se rió de aquella amenaza porque era la clara prueba de que su hermano no estaba enterado de nada. No había salsa en la que pudiera meter su cara. Pero decidió guardarse esa información, que Rodrigo lo intentara y se decepcionara en el intento.
Claudia insistió en que se levantara y la ayudara.
–Además, ni siquiera sé si voy a cenar. Tuve un día muy pesado y quiero dormir –agregó Rodrigo.
–Si, porque tu día fue el peor de todos ¿no? – dijo Joaquín sin percatarse de que su madre todavía estaba de pie a su lado, y preguntó:
–¿Por qué dicess eso, hijo? ¿Quién tuvo el peor día?
Los hermanos intercambiaron miradas que no eran nada tranquilas. Sus palabras que parecían inofensivas, los habían metido en un secreto que no tenían el derecho a revelar. ¿Qué tanto sabía Claudia sobre Adri y su amigo? No mucho, seguramente, pues eran consientes que Adri la había ignorado casi todo el día. ¿Querría ella que le contaran a su madre lo que estaba pasando? Ni idea, conocían a su hermana pero no estaban en su cabeza.
No dijeron nada, y no dejaron de verse. "¿Qué respondo?" parecía decir Joaquín, mientras su hermano se preguntaba "¿Qué mierda hiciste?".
–Ey, ¿quién tuvo un mal día?
Joaquín abrió la boca pero no dijo nada más que sonidos de duda sin sentido. Planeaba una mentira que seguramente no saldría bien, y lo sabía con tan solo ver a su madre cruzarse de brazos.
La respuesta bajó las escaleras en ese instante.
–¡Ramiro! – gritó Juaco. El joven mencionado se paró en seco con mirada dubitativa y se dirigió hacia sus hermanos, quienes se pararon de inmediato y lo abrazaron uno de cada lado frente a Claudia – Él tuvo un día terrible.
La pobre madre, angustiada por la noticia, usó tu tono más amoroso.
–¿En serio, mi cielo?
El pobre damnificado no sabía qué responder, más que nada porque lo tenía perplejo el comportamiento errático de sus hermanos. Podía deducir que estaban inventando una mentira, pero sin más datos a su disposición, no podía seguirles el juego.
–Si. Vamos, Rami, dí la verdad – lo insitaba Rodrigo.
Ramiro seguía sin decir palabra. ¿Inventaba algo o esperaba a tener más información?
–Cuentale a mamá que... que... – quiso ayudarlo Joaquín.
–Te peleaste con Tati – completó Rodrigo.
–Y que ella está pensando en dejarte.
–¡¿Qué?! – exclamó Ramiro. Lo que decían sus hermanos tenía menos sentido del que creía, pero la verdadera amenaza estaba en el hecho de que Claudia no sabía de su relación con Tattiana.
–Si, si, porque... – siguió Joaquín con cada vez menos ideas en la mente.
–Él la engañó – terminó la frase el mayor, notoriamente disfrutando y aterrado al mismo tiempo.
–¡Ey! ¿Yo qué? – gritaba el afectado, mientras su madre lo miraba con ojos acusadores
Rodrigo y Joaquí continuaron otro rato dando a entender que su hermano era el peor novio de la historia. Que había hecho cornuda a su novia en menos de 2 días, y que había sufrido todo el día cuando ella se enteró. Gracias al público conocimiento del carácter de Tattiana, la historia fue más creíble.
–¡Yo no hice nada! – exclamó Ramiro tratando de limpiar su imagen frente a Claudia. Pero Rodrigo insistió "¡Si, lo hiciste!", esperando que su hermanito entendiera el mensaje. No lo hizo – ¡Que no! Estuve en...
El golpe rápido que su hermano meyor le propinó al costado del estómago, hizo callar al acusado, para que el benjamín de la familia completara la frase:
–En la casa de la otra chica.
–Si. Es una chica que... vive cerca... cerca del departamento de Luka.
La expresión de tristeza y decepción de Claudia solo iba en aumento conforme oía la historia inventada de sus hijos. Y Ramiro reprimía el hilo de dolor que el golpe había causado. Eso más el susurro de Rodrigo ("Cooperá un poquito, tarado"), le hicieron entender que o seguía la corriente, o la cosa se iba a poner peor para todos.
–¿Pero por qué hiciste algo tan feo, hijo? – preguntó Claudia – No sabía que estaban juntos, pero Tati es una chica divina, no se merece que le hagan algo así.
Ramiro todavía estaba aguantando un gemido de dolor que no le ayudó a responder con normalidad, por lo que Joaquín intervino.
–Si, él ya lo sabe. Ya aprendió que no puede vivir sin ella. ¿Verdad, Rami?
–S-si... – respondió al fin – Estoy muy arrepentido. Iba a ir a pedirle perdón a Tati por... por...