Maldita Casualidad

30. Un maldito final de película

–Ey, apareciste – fue lo primero que escuchó Luka cuando entró a su departamento. Luego el sonido de fondo de un programa que solo Adrián era capaz de ver debido a su nivel bizarro, y el microondas funcionando. Seguramente calentando algo que igualmente, solo Adrián podía tolerar.

Tiró las llaves en la mesa y se sentó en su sillón. No había hecho más que caminar todo el día, pero por alguna razón (nada desconocida) se sentía en extremo exhausto y pesado.

–No recuerdo la última vez que te vi por aquí – dijo Adrián.

–Bueno, estamos a mano. Yo no recuerdo la última vez que te vi despierto.

–Puede ser porque últimamente me quedo dormido hasta las tres o cuatro de la tarde.

Luka nunca iba a saber cómo hacía su compañero para dormir 16 horas casi consecutivas. Solo se levantaba para ir al baño, y él mismo ha reconocido que por pereza absoluta, se ha orinado en su cama y en su sillón durante la siesta.

–Asqueroso – se quejaba Luka.

–Soy un incomprendido.

–Eres un inútil.

Adrián era un auténtico NiNi. Hace dos años, su abuelo murió y solo porque odiaba a muerte a su hijo, le heredó todos sus bienes a su único nieto: Adrián. Él decidió vender la mayoría de las cosas cuando se dió cuenta de su valor histórico. Armas de la Segunda Guerra Mundial, uniformes de la Guerra Civil, cartas de los soldados de Malvinas, y demás. Su abuelo como su bis y tatara abuelo, eran coleccionistas obsesionados de ese tipo de antigüedades, pero Adrián no. Solo era obsesivo de la nada misma, y se planteó que era debía ser su profesión. Desde entonces ni estudia, ni trabaja; duerme, come y va al baño como un perrito.

Luka lo conoció cuando buscaba departamento. No tenía suficiente para pagar uno por sí mismo, así que buscó a quién estuviera interesado en compartir. Llegó a la puerta de Adrián gracias a un aviso en Internet, y lo impresionó haciéndole la cena mientras él se moría en el sillón. Menos de dos horas después, Adrián ya le estaba pidiendo que se mudara con él. "Yo pago todo el alquiler. Solo necesito que laves, planches, limpies y cocines". Cuando Luka le preguntó porqué estaba dispuesto a semejante gasto solo por un amo de casa, Adrián respondió: "La plata no me importa pero si mi vieja me visita y ve un basurero, se va a instalar acá y eso sí que no lo quiero".

Adrián se mecía en su propio sillón, mientras lanzaba eructo tras flatulencia a la espera de que su comida esté lista.

–¡¿Puedess no ser tan desagradable?! – le gritó Luka. Su humor estaba en el peor nivel posible.

–Uuuyy, que humor de perros. ¿Qué pasó?

Adrián no era su amigo, solo su compañero y su mascota, dependiendo de cómo se lo vea. Pero no era mal chico cuando se preocupada de que mamá sustituta estuviera en condiciones de mantenerlo.

–No es de tu imcumbencia. Estoy bien - respondió Luka.

Adrián igualmente no se iba a rendir tan pronto.

–Bueno, si no me quieres contar... – "psicología inversa" le decían.

–Llevo todo el día tratando de hablar con ella, y ahora resulta que cuando va a verme, la tonta de Sheila aparece y lo arruina todo.

–Ahh, ¿te viste con Shei?

Conocía brevemente la historia de Luka con la tal Sheila. Que fue una vía de escape en un momento duro para su amigo. Que estaba medio loca, pero sabía cómo hacerlo olvidar de todos sus males. Y lo más importante, por lo menos para Adrián...

–Algo así – respondió Luka

–No me queda claro el problema. Sheila está buenísima.

Luka resopló. No iba a negar que Sheila tenía su encanto. Solo le molestaba que su compañero se tomara su malestar en broma, solo porque ella le parecía hermosa.

–Que me besó – explicó Luka.

–Otra vez... ¿y el problema?

–Adri nos vió.

–Ah, claro, ¿cuándo no? Adri.

Adrienna era un caso diferente. Adrián no solo había escuchado de ella, sino que había entendido de mil y una formas lo que ella significaba para Luka. Según él, Adrienna era la mujer más increíble del mundo, la más linda, inteligente, divina; el mundo no era digno de ella, y los mortales no teníamos derecho a verla a los ojos, excepto Luka. Las exageraciones de su compañero siempre fueron reducidas automáticamente a: Adrienna es el amor de la vida de Luka, punto.

–Dile que fue un error, y ya está. – soltó Adrián como si el problema ya se hubiera solucionado.

–No sabes cómo es ella.

–No, la verdad es que todo lo que sé de ella son relatos tuyos. Nunca la ví, ni siquiera en fotos.

–Porque te conozco y no quiero que te le acerques

Había mucha verdad en eso. Además de posesivo, Luka era muy precavido, y el comportamiento perezoso y la mente sucia de Adrián, no eran algo que quisiera cerca de la mujer de su vida.

–Celoso.

–No son celos, la estoy cuidando.

–¿De tu amigo?

–No, de un posible pervertido que la acosaría todo el tiempo que esté despierto.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.