Maldita Casualidad

31. Un nuevo comienzo

Adrienna pasó la mejor noche de su vida en casa de Luka. Algo que nunca creyó posible. Habían planeado estar juntos tanto como fuera posible, antes de que ella tuviera que escabullirse nuevamente hasta su habitación. Confiaba en que sus hermanos habían sabido cómo encubrirla, pero no podía dejarles toda la responsabilidad.

Sin embargo, el cansancio logró vencerlos a ambos, y se quedaron dormidos más tiempo del planeado.

Aunque Luka literalmente durmió con un ojo abierto para asegurarse de que todo había sido real, y que Adrienna no iba a desaparecer en cuanto se durmiera. Solo se relajó a la mañana, cuando el cuerpo tranquilo de su ¡novia! seguía descansando a su lado, con el cabello alborotado, y su ropa tirada en un rincón de la habitación.

Quiso ser un caballero la primera noche que pasaron juntos. Se levantó temprano e hizo el desayuno. Estaba preparando el café justo como sabía que Adrienna lo tomaba cada mañana, y dejando que el pan se tostara en el horno, cuando su teléfono sonó. Al ver el nombre en la pantalla, su sonrisa se esfumó. "Viejo" era todo lo que decía.

Antes solía responder a sus llamadas por el simple hecho de que era su papá, pero más que conversaciones, lo suyo eran peleas que siempre llegaban al mismo punto: Adri. Esa mañana empezaba una nueva vida para él. Una en la que su felicidad no solo era merecida, sino también correspondida. Y ninguna persona, mucho menos ese hombre, lo iba a convencer de lo contrario. No se iba a sentir culpable por ello.

Oprimió el teléfono rojo en su pantalla, y lo apagó poco después.

Era libre, al fin. Con ella.

Entró a la habitación justo en el momento en que Adri abría los ojos. Justo cuando estaba recordando las manos de Luka recorriendo su cuerpo, y el calor del mismo abrazándola entre las sábanas. Se puso de la vergüenza que traía consigo la luz del día.

Él le entregó su café con tostadas en bandeja de plata en la cama. Ella se sorprendió y agradeció con un gran beso. Y aunque hubiera deseado poder disfrutarlo más (el beso y el desayuno), el reloj no se detenía por nada y ella debía volver. Había llegado caminando a la casa de Luka, pues el ruido de su auto hubiera alertado a su familia a la hora de su huida, así que Luka la alcanzó en su moto.

Tardaron más en subirse al vehículo de lo que les había costado separarse mientras ambos se vestían en la habitación luego de una ducha rápida. Ni ella deseaba irse, ni él quería dejarla marchar. Pero el mundo no se detenía en ese departamento.

–Sujetate fuerte – le dijo Luka luego de ajustarse el casco, y poner en marcha la moto.

No pasaban de las 9 am, por lo que la calle estaba bastante tranquila aquel día. "Mierda" pensaban ambos. Un viaje así de rápido significaba menos tiempo juntos.

Una vez a unas pocas cuadras de la casa de Adrienna, ella se bajó del transporte y se despidieron con un beso del que ninguno quiso dar fin. Solo había pasado una noche, y ya sentían que estar lejos era demasiado duro. Adrienna fue la más sorprendida de sentirse así, pero para Luka aquello era felicidad absoluta.

–Te voy a extrañar – le dijo él sin soltar su cintura y atrayéndola hacia sí.

–La ventana de mi habitación casi siempre está abierta – confesó ella.

–Suena bien. Pero ¿y si...?

Las palabras se atoraron en su voz, como cuando era pequeño y no sabía qué decirle para que jugasen juntos. Era importante, realmente importante lo que quería preguntar, pero no sabía cómo sin apresurar las cosas.

–¿Y si qué? – preguntó ella confundida.

Luka respiró profundo y simplemente lo soltó.

–Vivir juntos... ¿y si vivimos juntos?

La tomó por sorpresa. Apenas habían tenido su primera vez hacía unas horas, y él ya quería que pasaran todos los días conviviendo. Era verdad que no sería una novedad para ninguno, debido a sus años como hermanastros. Cada uno sabía las mañas y los gustos del otro. Pero el escenario había cambiado enormemente. Ahora compartirían habitación, armario, almuerzos, cenas, todo de una forma mucho más íntima. Literalmente todo.

Era un paso que considerando tantos años de conocerse no parecía muy grande, y aun así daba mucho miedo. En especial a Adri, quien sabía que ahora quería estar con Luka, pero no quería que todo se fuera a la mierda por no pensar bien las cosas, y seguir el calor del momento.

Al final, le respondió.

–Un año.

–¿Un año viviendo juntos?

–No, un año considerando y evaluando vivir juntos.

Luka se entristeció un poco, cuando la respuesta inmediata no fue "si".

–¿Es tu forma de decir que no?

–Es mi forma de pedirte que saques un poco el pie del acelerador – estaba a punto de ser más vulnerable con Luka y quería que él lo supiera – Esto es nuevo para mi, Luka. Y aunque ya salté al vacío... todavía no quiero darme contra las pierdas.

Podía entenderla por más odio que eso le daba. No había pensado más que en pasar cada segundo del día a su lado cuando le hizo esa pregunta. Y era claro que mientras la tuviera entre sus brazos, nunca iba a pensar en nada más. Pero Adri tenía razón. Ya habían ido de 0 a 100 en una noche, así que podía esperar un año si era necesario para llegar a 1000.




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