Al entrar, la policía me dijo a dónde dirigirme. Intenté ver el lugar pero por la hora y la poca iluminación no era muy posible. Solo vi edificios similares a los de una escuela, un poco más grandes y abundantes. Largos pasillos con jardineras y muchas plantas. Escaleras que unían todo y algunas líneas de colores amarillas y rojas.
Me llevó a la parte baja de un edificio, eran unas ventanillas como donde te atienden en los bancos. Dentro había una señorita como de unos 40 años, tenía el cabello rubio aunque no se veía natural sino de tinte. Además era largo y rizado, su rostro muy maquillado pero no podía ocultar del todo las arrugas. Tenía un suéter de cuello de tortuga color roja y en su pecho un gafete con su nombre y fotografía "Erika Gómez"
—Jefa aquí, llegó esta niña que dice que del ministerio la mandaron para acá.—Le notificó la policía desde afuera con un tono fuerte.
—¡Qué raro!—Decía ella mientras miraba.—No me dijeron nada, ni tampoco está en el reporte su llegada.—Me miró fijamente.—¿Quién te mandó aquí?
—Una policía que trabaja en el ministerio.—Respondí asustada, no quería que me sacarán, además el taxista se había ido ya.
—No hay problema, puedes quedarte esta noche en este lugar y mañana temprano iniciaremos el trámite para que puedas incorporarte aquí.—Me dijo muy amablemente.—¿Ya cenaste?
—Ya señorita, pero tengo un poco más de hambre-contesté apenada—No he comido durante dos días.
—¡Ay mi amor!—Me dijo dándome una sonrisa.—Te voy a dar algo de cenar y después te llevaré a una habitación para que puedas dormir.
El recorrido fue muy corto, me llevó a una cocina pequeña muy cerca de la oficina donde me recibió. La cocina era muy pequeña pero bonita. Estaba decorada de color rosa, las cortinas, las paredes y las cuatro mesas que estaban ahí eran de ese color. Al fondo había un pequeño refrigerador de donde sacó un poco de leche y comida para prepararme unas quesadillas. Lo hizo con tanto cariño que me recordó a mi nana cuando lo hacía para mí. Las quesadillas las hizo en una estufa gris que estaba enfrente de nosotros. Agarró de un mueble un sartén y un poco de aceite con lo que me las preparó. Yo la veía tan emocionada que casi salen lágrimas de mis ojos al sentirme al fin en un lugar así.
Las quesadillas estaban deliciosas, jamón, queso y algo de crema hicieron una combinación exquisita que al llevarlas a mi boca me daban un exquisito placer. Me comí cuatro en total hasta sentirme satisfecha, un vaso de leche y una galleta que me regaló al finalizar la cena.
Mientras yo comía ella se preparó un café y lo tomaba viéndome comer, sonreía como si le diera felicidad el que yo comiera o tal vez la felicidad que sentía en ese momento yo sé la canalizaba.
Cuando terminé de cenar me pidió mi plato y vaso y los puso en el lavatrastes. Me dijo que la acompañara a la habitación donde yo dormiría esa noche. Salimos y dimos vuelta a la izquierda en el primer edificio. Esta vez el trayecto fue más largo que el anterior. Pude ver más edificios, jardineras, unas canchas muy grandes parecidas a las de mi escuela. Se podría practicar fútbol, básquetbol y tenis. También pasamos por un gran estacionamiento aunque en esa noche estaba casi vacío, solo había dos coches estacionados en él, una camioneta roja y un coche azúl que estaban muy separados uno del otro.
—Aquí es, mi niña—Me decía al detenerse en la entrada de un pequeño edificio.—Dormirás en esta habitación por hoy. Abrió la puerta quitando un candado y deslizando hacía la derecha. Entró y encendió la luz para que yo pudiera pasar.
—Pasa por favor ¿Traes ropa cómoda para dormir?
—Duermo con lo que traigo puesto.—Respondí un poco apenada.
—Entiendo, no te preocupes te traeré un cambio limpio para que puedas dormir bien.
La amabilidad de la señorita era de admirarse, por mucho era el mejor trato que había recibido desde que mi nana me atendió por última vez meses atrás.
Salió y me dejó sola para contemplar la hermosa habitación. Claro, era pequeña en comparación a la que yo tenía en casa con mi padre pero se respiraba una energía de alegría y libertad. Había dos camas individuales con solo sábanas y una almohada en cada una de ellas. Había un buró con 6 cajones y en la parte de arriba una lámpara que estaba apagada. La habitación en su mayoría estaba de color azul, aunque la pintura parecía algo vieja. Este cuerpo no tenía ventanas lo que hacía una oscuridad importante. Además, el foco que tenían no alumbraba muy bien pero esto era mil veces mejor que dormir en la calle.
—Listo chica, esta ropa está limpia, puedes usarla por hoy.—Regresaba la señorita con ropa en sus manos.—Mañana te asignaremos algo nuevo.
Me dio una playera muy delgada que tenía un estampado de Mikey Mause en el abdomen. También un pans de color azul con un logotipo que no había visto antes. No era para nada ropa nueva pero si que estaba limpia y cómoda, ideal para dormir aquella noche.
—Bueno, cambiate y mañana temprano trataré de venir yo a visitarte.—Seguía muy amable.—Si no, dejaré instrucciones para que una compañera te expliqué todo respeto a este lugar y podamos iniciar tu trámite aquí.
—Muchas gracias en verdad.—Corrí a darle un abrazo. No lo pensé, solo sentí la necesidad de hacerlo.
—No te preocupes, aquí estarás bien.—Me abrazaba también ella.
Nos soltamos y ella salió del cuarto cerrando. Yo me cambié rápidamente para poder dormir lo antes posible. Puse mi ropa encima del buro y corrí a apagar la luz.
De un brinco llegué a la cama y muy feliz puse la cobija que estaba doblada y me acosté a dormir.