Maleficium: Contra El Destino

Capítulo 3

Una lágrima de ácido desciende por mi mejilla arrugada, abriendo un surco ardiente en mi piel antigua mientras observo la interacción de esos dos. Aprieto el mango de mi guadaña hasta que mis nudillos se tensan. No comprendo nada. Y detesto no comprender.

Lucien no responde.

Lo escucho tragar saliva, seca, forzada. El sonido es mínimo... pero para mí retumba como un trueno. A su alrededor nada parece existir. Ni los gritos. Ni el choque del acero. Ni la sangre que se derrama sin descanso sobre el suelo del Bosque de Luka, tiñendo las raíces que han presenciado siglos de masacres.

Las almas comienzan a desprenderse de los cuerpos caídos, y mis compañeros: eficientes, imparciales, eternos, las atrapan con el filo oscuro de sus guadañas. No miran a los príncipes. No sienten curiosidad. Para ellos esto no es más que otra noche de cosecha.

Pero yo sí miro.

Yo sí siento.

La tensión entre Lucien y Elias es tan densa que podría cortarse con el mismo metal que arranca espíritus del mundo. Si sus corazones aún latieran como los de los mortales, juraría que ahora golpearían con tal violencia que romperían sus propios pechos.

Y, sin embargo... permanecen inmóviles.

Como si el universo estuviera conteniendo la respiración.
Yo tenía conocimiento de las reencarnaciones entre vampiros, pero siempre, siempre, sin excepción eran del mismo clan, con muchos años de diferencia que sin duda no se notarían por la falta de envejecimiento en el físico de los vampiros.

Años de investigación y siendo testigo, ahora es casi improbable de que un caso así exista, en especial en ellos, que nacieron en el mismo momento, hora, guerra... No es simple juego del destino.

Escucho el primer movimiento de Elias en querer acercarse a Lucien, pero este retrocede con velocidad sobrehumana que hace que las hojas secas del suelo se mezclen con el aire causando un remolino ante Elias quien no duda en acercarse otra vez, pero dando un paso a la vez.
El hilo rojo que veo se hace más fuerte, cada vez más.
El caos se desata.

Elias avanza hasta quedar frente a Lucien, apenas a un suspiro de distancia. Lo mira con una esperanza temeraria, casi dolorosa. La luna cae sobre su rostro y acentúa esa belleza trágica que no suplica... pero tampoco huye.

No es la belleza de un guerrero victorioso.

Es la de alguien que recuerda algo que el otro aún se niega a aceptar.

Lucien sostiene su mirada. Por un instante, demasiado breve para que cualquiera más lo note, sus ojos se endurecen... y luego titubean. Como si la imagen de Elias... sus facciones suaves manchadas de sangre, la luz rojiza ardiendo en sus pupilas, estuviera golpeando una memoria enterrada bajo siglos de disciplina.

El aire entre ellos se vuelve espeso.

No es hipnosis.

Es reconocimiento.

Siento que incluso yo podría morir ante tanto suspenso y tensión. Yo. Que he presenciado el fin de imperios y la última exhalación de reyes.

Muerdo mis uñas con una ansiedad impropia de mi edad eterna mientras observo desde lo alto. Mis alas se tensan. Mi cuerpo, comienza a temblar. Aprieto la guadaña contra mi pecho, como si necesitara anclarme a algo sólido en medio de esta locura silenciosa.

Es la primera vez que se ven.

La primera.

Y, sin embargo, la electricidad que vibra entre ellos supera la de un matrimonio vampírico forjado durante siglos de sangre compartida. No es deseo. No es odio puro. Es algo más denso, más antiguo... algo que no necesita recuerdos para existir.

El bosque entero parece inclinarse hacia ellos.

Y yo... yo no sé si estoy presenciando el nacimiento de una tragedia o el inicio de una revolución.

Siento que si me muevo podría arruinar ese momento, hasta que Lucien susurra, pero lo escucho, para mí, nada es imposible de escuchar, oír, sentir, oler, olfatear...
—"Dime lo que piensas cuando me ves..."— Le dice Lucien con los ojos rojizos como la sangre misma, Lucien le rodea mirándole con esa misma intensidad. Antes de que escuche lo que le responde Elias caigo al suelo con fuerza, no siendo dolor, sólo que mi cuerpo no responde de tantos nervios, no estaba preparado para este momento, ni un millón de años me hubiera imaginado esto. ¡Jamás! pero alzo mi mirada para verlos y escucharlos aunque sienta toda mi cadera encima de mí.
—"Siento..."— escucho una voz atrevida por parte de Eilas, también un sentimiento de nervios en este. —"Que podría morir de tan sólo tenerte de frente..."—
Lucien parece sorprendido antes de alzar sus garras venenosas e intentar lastimar a Elias. Lucien no ataca porque odie lo que escuchó.

Ataca porque le afectó. Lucien no lo persigue de inmediato. Sus manos siguen temblando levemente. No por veneno. Por algo más viejo.

Las garras salen no por furia... sino por defensa.

Elias, quien retrocede con velocidad incluso anonadado con la reacción de Lucien, él exhala su aire saltando en el aire hacia la rama de un árbol para mirar a Lucien con decepción, incluso herido en su orgullo. La madera del árbol se rompe con fuerza ante un puñetazo del príncipe. Eias vuelve a pisar el suelo cuando el árbol se parte a la mitad, sin perder la vista de Lucien, obviamente notando su incomodidad y su temblor en sus manos.

Hay algo que ellos saben y yo no esto enterado, eso hace que mis pies tiemblen ante la anticipación y emoción que esto conlleva y no voy a rendirme hasta saber qué está ocurriendo aquí.

¿Por qué dicen que se perdieron?
¿por qué dicen que se extrañan?
¿por qué se ven con ese anhelo?
No van a ocultarse de mí.




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