Maleficium: Contra El Destino

Capítulo 4

Soy un ser chismoso, lo sé. Me incorporo lentamente, sin apartar la mirada de los dos herederos, observándolos con la misma atención silenciosa de un gato al acecho. Siguen luchando... o al menos fingiendo hacerlo, como si fueran niños de preescolar empujándose sin entender realmente por qué pelean.

Bueno... al menos uno de ellos no lo sabe.

Alzo mis alas y me impulso hacia un árbol más cercano. Mientras vuelo, algo capta mi atención. El hilo rojo. Antes ardía con intensidad, vibrando como una cuerda tensada por el destino mismo... pero ahora se ve opaco, debilitado, como si la misma pelea lo estuviera agotando.

No quiero pensar en lo que eso significa.

No quiero pensar que alguno de los dos va a morir.

Me partiría este frío y anciano corazón.

Me poso sobre una rama gruesa mientras mi guadaña, paciente y silenciosa, comienza a absorber las almas de los vampiros que caen muertos en la batalla cercana. Sus espíritus se deslizan hacia el filo oscuro como niebla atraída por la noche.

Suspiro.

Abajo, los dos príncipes siguen golpeándose con una furia que ya no parece guerra, sino frustración.

Cada puño que lanzan es casi una sentencia. Como si cada golpe los empujara un paso más hacia el destino que los persigue desde antes de su nacimiento.

Y lo sé.

Algo dentro de mí lo sabe.

Esto está mal.

Pero detener esta batalla es imposible. La guerra entre estos clanes no es solo costumbre... es tradición, sangre, historia. Ha vivido durante siglos en las raíces mismas de esta tierra y en el orgullo de los vampiros que la habitan.

Romper algo así... no ocurre sin que el mundo entero se resquebraje primero.
Pero mis oídos escuchan algo que no es imposible de ignorar, volteo mi mirada por fin de ellos a susurros, murmullos de los vampiros alrededor. No puedo evitar sentir curiosidad.
—"¿es esto una broma?"
—"He visto pelear al amo Lucien mejor y más sanguinario que hoy. No tiene piedad. Ahora parece que... sólo está jugando, no parece querer lastimarlo, porque ya lo habría hecho."
—"No parecen pelear en serio, mira cómo se ven a los ojos, no hay ira, no hay enojo... es como..."

Los murmullos se vuelven más densos, como una nube oscura que empieza a cubrir toda la sala.

Algunos vampiros se inclinan hacia adelante, otros se miran entre sí con desconfianza.

—"No... esto no está bien."
—"El príncipe Lucien jamás alargaría una pelea así."
—"¿Y si...?"

La última voz se apaga antes de terminar la frase. Aprieto los puños. Esto es peor de lo que imaginaba.

Los vampiros son criaturas de orgullo. Su linaje está construido sobre la dominación, la superioridad... la sangre. Una pelea entre príncipes no es un espectáculo: es una declaración.

Y, sin embargo...

Lucien gira sobre sí mismo, esquivando el golpe de Elias con una elegancia casi coreografiada. Sus movimientos son precisos, calculados... pero nunca mortales.

Elias tampoco busca el golpe final.

Se mueven como dos depredadores que se conocen demasiado bien.

Los murmullos crecen.

—"Esto parece un juego..."
—"No... es peor que eso."

Mis pies tiemblan contra el suelo de piedra porque empiezo a entender algo que los demás aún no ven.

Esto no es una pelea.

Es un mensaje.

Esto es serio, ellos no ven la situación como la estoy viendo yo. Esto podría ser considerado una traición para el linaje ante las malas leguas y su castigo puede ser peor que la muerte misma, un príncipe como ellos, como Lucien y Elias, deben demostrar no dejarse vencer ni siquiera por un dios, ni siquiera por alguien como yo.

Han sido arrogantes a lo largo de la historia. Encuentro no divertida esta situación, es preocupante cómo comienzan a murmurar más.

Mi guadaña palpita sacándome de mi trance y volteo a ver a mi derecha agudizando mi vista hacia el fondo para ver un arquero del clan de Noctis con una flecha sagrada apuntando a, probablemente, Elias. Mi guadaña palpita preparada para absorber el alma de Elias, aprieto el mango con fuerza. Cuando el arquero lanza su perfecta muerte segura hacia Elias, todos nos quedamos quietos al ver el desenlace de la flecha.
La mano de Lucien la detiene justo antes de que toque a Elias, tomandola del astil y la suelta con un jadeo frío. Elias cae al suelo a un lado con sorpresa mirando a Lucien con sorpresa en sus ojos, eso ni siquiera se lo esperó él, aprieta los puños sin poder aún asimilarlo.
Elias se levanta después de un carraspeo y mira a su alrededor un poco preocupado por cómo los vampiros habían dejado de matarse unos a los otros por ver cómo se desataba la situación, sus ojos brillan en rojo sangre, todos querían ver qué era lo que pasaba. Lucien también estaba algo anonanado imperceptiblemente de su sorpresa, manteniendo su rostro serio y estoico.
Mi visión se agudiza cuando el hilo rojo, antes opaco, brilla repentinamente y me muevo a otra rama para tener una mejor visibilidad, aprieta la madera del árbol y mi guadaña deja de palpitar. Lucien acaba de cambiar el destino de Elias.
Pronto un grito de mando se escucha de un comandante a lo lejos:
—"¡¿Qué están mirando?! ¡Sigan peleando!"
Los vampiros despiertan de su trance y continuan peleando entre ellos, aprovechando el shock de otros compañeros para atacar. Significa mucho para mí este momento. Nadie sabe lo que pasa aquí.
—"Esto ya ha pasado... Lucien, mírame. ¡Escúchame!"
Le habla Elias a Lucien deteniéndo un puño a su rostro con fuerza, apretando los nudillos fuertes y huesudos deLucien entre la palma de su mano. Lucien le mira confundido, en lo que me acomodo de rama para ver mejor esta pelea.
Esas palabras enfurecen a Lucien.
La batalla se intensifica, Elias intentando hacerle entrar en razón con palabras que probablemente Lucien no entiende. Ahora entiendo todo.
—Detengan esto... los herederos están marcados."
Es lo único que digo.




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