Recorría un pueblo desconocido, pequeños pasos. Aun cuando logro entrar, guardias resguardaban lo preciado para ella.
Vagabas por los caminos que se te permitían caminar.
Entre tantos, solo te llevaban a un lugar.
Donde se encontraba una dama cubierta en trapos, una vista curiosa ocultando una verdad.
Tus pies comenzaron a caminar, tu mente decía que corriera.
Sin sentido alguno, solo perseguia a alguien.
Escuchabas una risa desvaneciéndose.
Encontrar eso que algún día querías que fuera el compás de tus chistes se volvió un juramento al alma.