Todo terminó, ella desapareció. Ya no existe.
Llegó el día que tanto esperaba. Puedo vivir, ser feliz, dejar de tener miedo. Mamá ya no podrá hacerme daño. No volveré a escuchar su voz, ni a encontrarla en mis pesadillas. En unos segundos estaré rodeada de paz y tranquilidad. Por fin, se ha cumplido lo que todas las noches le pedí al universo. Ella seguirá pudriéndose en el infierno, lo sé porque dudo mucho que le hayan abierto las puertas del cielo.
Toda esta mierda termina hoy.
O eso es lo que creo. No estoy tan segura como me gustaría. Hay algo que no está bien.
¿Por qué mis muñecas siguen ardiendo? ¿Por qué mi corazón lucha por latir? ¿Por qué algo dentro de mí quiere que abra los ojos? ¡¿Por qué no estoy cerca de esa luz blanca que todos dicen que ven cuando mueren?!
¡No! Mi intento no será en vano. Haré lo que sea para que funcione.
—¡Kenzie!
Papá… Papá, no… ¡No!
—¡Kenzie, no te atrevas a irte! ¡No te rindas! ¡Abre los ojos!
No, no, no, no… Papá, no puedo. Perdóname… Debo irme. Es la única forma de que ella nos deje en paz. Déjame ir, por favor. No quiero seguir.
—¡Kenzie! ¡No me dejes! ¡Kenzie!
Los ojos se me abren por unos segundos. Alcanzó a ver una luz blanca… pero no es la que estoy buscando. He dejado de sentir cómo la sangre se me escurre por las muñecas. Mis pulmones están recibiendo oxígeno. Escucho el sonido de una máquina. No quieren que me vaya, están luchando por mí…
No… no… ¡No!… ¡¿Acaso no ven que me quiero morir?! No quiero que me salven. ¡Déjenme ir!
—¡Kenzie, por favor! —Cada súplica es más desgarradora. Me aferro a la búsqueda de esa supuesta luz. Lo siento mucho por él, me iré de aquí sin importar nada, así sea sabiendo que nunca me perdonará—. ¡No puedo hacerlo sin ti!
—¡Tres unidades de sangre O positivo!
¡No, por favor!
¡Quiero morir! ¡Déjenme en paz! ¡Ella no se va a ir! ¡No me dejará en paz! ¡Mamá me perseguirá por toda la vida!
Sigo escuchando los gritos convertidos en súplicas por parte de mi papá. Él debe entenderlo, tiene que comprender por qué deseo tanto morir. No deja de pedirme que no lo abandone. Lo único que está haciendo es que las cosas sean más difíciles. ¿Por qué no me apoya en esta decisión?
—Señor Dávila, tiene que tranquilizarse. Entendemos la situación, pero está muy alterado y eso no ayudará en nada. Ella va a estar bien. Para poder cumplir con nuestro trabajo, le ordeno que se retire de aquí.
—¡Yo no voy a ningún lado! ¡Tengo que estar con mi hija!
—¡Señor, no complique más las cosas! Le prometo que voy a hacer todo lo posible para que su hija siga a su lado. Pero, por favor, salga y vaya a la sala de espera.
—Kenzie, por favor… no me dejes.
Siento varios piquetes en mi brazo, uno de ellos me bloquea por completo. Ya no escucho a papá. No hay más ardor. No tengo las fuerzas suficientes para moverme y mucho menos para abrir los ojos.
Todo es oscuro. El túnel hacia el camino de luz no aparece. Es mejor que me resigne a que hoy no aparecerá. Sigo atrapada aquí.
Mi plan fracasó, hoy no moriré.
Ella no se irá.