¿Por qué la tierra no me traga y me escupe en otro lado?
—¿Quién eres tú? ¿Cuál es tu nombre? ¿Cuáles son tus apellidos? ¿Cuántos años tienes? ¿Fumas? ¿Bebes? ¿Estudias? ¿Trabajas? ¿A qué dedicas el tiempo libre?
—¡Papá! —No encuentro en dónde meter la cabeza, esto es tan vergonzoso—. Hero… te veo mañana, ¿sí? —tomó a papá de la manga de su camisa, tiró de ella con fuerza en el intento de llevarlo muy lejos—. Gra-gracias… otra vez…
Le doy la espalda para dejar de ver su cara de espanto. A empujones consigo meter a papá a la casa. Quiero morirme, me avergonzó de la peor manera. Si tuviéramos perros, estoy segura de que se los hubiera echado encima a Hero. Si ya había perdido la pena de hablarle, ahora me va a dar más vergüenza mirarlo a los ojos y decirle un simple Hola.
Las manos se me durmieron. Me duele el estómago, seguro y pasaré lo que resta del día en el baño.
—¡Papá! ¿Qué… qué… fue todo eso?
—No, señorita, aquí el que reclama soy yo. ¿Por qué Roxana dejó que te fueras con un desconocido? ¿Por qué a ese muchacho no le pediste su teléfono o utilizaste uno público para llamarme y decirme en dónde estabas, con quién y si estás bien?
—No es… como tal… un desconocido. Es el chico de quien te hablé ayer, con el que almorcé… el que me rescató de esos maleantes, ¿lo recuerdas? —le refresco un poco la memoria. Noto cómo las mejillas se me sonrojan. Me dan ganas de aventarme por la ventana para que no me vea de esta forma.
—Sí me acuerdo, pero eso no justifica que pudiste haber encontrado la manera de hablar conmigo —se pasa las manos por el cabello en un intento por tranquilizarse. Conmigo nunca ha discutido hasta llegar a los gritos. Normalmente no le doy motivo para hacerlo. Pero, cuando está muy tenso o angustiado, no controla que las palabras le salgan con un tono golpeado y que los ojos se le humedezcan. Estoy con la mirada abajo para que no me entren ganas de llorar con su regaño—. Kenzie, ¿sabes lo preocupado que estaba por ti? Roxana solo me dijo que habías ido por un café con un chico, pero no me dijo a qué cafetería y mucho menos con qué chico. Me asusté tanto al ver la hora y que no regresabas. Sentí que… se me caía el mundo. Me entró una desesperación horrible al no saber nada de ti. Me dio tanta impotencia no tener manera de comunicarme contigo. Estaba a punto de llamar a la policía cuando te vi llegar.
No he cumplido una semana de que regresé a casa y ya van dos veces que por poco le provoco una verdadera crisis nerviosa. En un mes le estaré señalando que le salieron nuevas canas.
—Papá… perdón, no era mi intención hacerte sentir de esa manera. Estoy consciente de que debí llamarte… pero, no te voy a mentir, no se me pasó por la cabeza hacerlo. El tiempo se me pasó volando que, cuando me di cuenta, ya había oscurecido. De verdad, perdóname, papá. Te prometo que no volverá a pasar. Lo importante es que… estoy aquí. Estoy bien, sin ningún rasguño y con el estómago lleno de tanto pastel —sonríe con los ojos cerrados, soltando una ligera risa.
—Ven aquí.
Me sujeta en sus brazos, dejando salir un inmenso suspiro de alivio. Es lo que necesitaba para darse cuenta de que sigo con él. Mi abrazo lleva a que su cuerpo descanse. La tensión de sus hombros ha desaparecido y su respiración ha vuelto a la normalidad. No me cansaré de decir que es una dicha el que estemos juntos. Quiero tanto a mi papá. Perderlo de nuevo es como si me quitaran la última oportunidad que me queda para seguir viva.
—Siempre me voy a preocupar por ti, Cielo. No podría vivir si algo te llegara a pasar. No resistiré perderte otra vez.
—Papá, no pienses en eso. Aquí estoy, no volverás a perderme —le prometo al separarnos de nuestro abrazo.
—Está bien, no pasa nada… —Se limpia con la camiseta algunas lágrimas traicioneras. Me va a contagiar el sentimiento—. ¿Por qué no me cuentas cómo te fue? ¿Volviste a almorzar con el chico?
—El plan era ese… lo que pasa es que… Yo iba de salida de la cafetería cuando por accidente choqué con él y en el acto me derramó su café sobre mi sudadera —le echa un vistazo a mi nueva prenda. Se me olvidó que traigo la camiseta de Hero. Se la devolveré mañana cuando él me regrese mi sudadera. O tal vez no. Me gusta mucho, me luce muy bien—. Él se sentía muy culpable. Para disculparse me invitó un café a la cafetería que está cerca del campus.
—Espera… ¿Bebiste café? ¿Te sientes bien? —Me toca la frente con la palma de su mano para comprobar que mi temperatura está normal—. ¿Quieres que llame a José? —con desesperación se pone a buscar su teléfono dentro de las bolsas de su pantalón.
—No, papá, tranquilo. No llames a nadie —le sujeto las manos para que se detenga—. Pedí un chocolate caliente. Te juro que no hay ninguna gota de cafeína en mi cuerpo.
—Menos mal. Me asusté por un momento —se lleva una mano al pecho. Antes de dormir le prepararé un buen té para que pueda descansar como Dios manda.
—Si te soy sincera… Me gustó estar con él. Es un chico muy agradable. Estuvimos hablando por horas que el tiempo parecía no existir. Me la pasé muy bien.
Al igual que ayer cuando le conté que hablé con alguien que no es del hospital, se ha quedado sin palabras de lo inesperado que es todo este asunto. Tiene los ojos bien abiertos al no creerse que salí con un chico y mucho menos que me sentí bien a su lado.