Mamá no es real

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Mamá,

Vengo a desahogarme de cierta persona que tú conoces de pies a cabeza.

Hablo con él una vez al mes. Todas sus llamadas son de menos de un minuto. Solo me pregunta cómo estoy y me avisa que me depositó dinero. Es todo, ni una palabra más, ni una palabra menos. Muchas veces lo he intentado, paso días practicando qué decirle, pero cuando llega el momento, me bloqueo y todo se me queda en la garganta.

No digo que nuestra relación esté rota. Es muy frustrante el que me sea muy difícil hablar con él. Es como si fuera un extraño al que debo hacerle una pregunta muy importante y que, por más que lo intento, la ansiedad me gana y las palabras se me desaparecen. Es muy triste, porque amo mucho a papá. De pequeño lo veía como mi mejor amigo y ahora es como si fuéramos unos desconocidos.

Tal vez suene egoísta, pero me gustaría contar un poco más con él, no en el sentido de que me apoye en mis estudios, como escritor o económicamente, sino que desearía poder compartir lo que siento y lo difícil que ha sido para mí sobrellevar mi duelo yo solo. Sé que él está viviendo su propio dolor, pero desearía que estuviéramos juntos en esto y volver a ser unidos como lo éramos antes.

Lo extraño mucho, pero lo necesito más.

Tengo noticias de él gracias a sus actualizaciones en sus redes sociales. Pronto sacará un nuevo libro y ya se encuentra escribiendo dos más. Cómo me gustaría tener esa capacidad de escribir tanto como él. A muchos les funciona escribir con el corazón roto. A mí solo me desmotiva y me bloquea más de lo que ya estoy.

Ay, mamá.

No hay minuto en que no piense en él. Me pregunto si está bien, si no se salta comidas, si sigue meditando antes de dormir, si ya leyó el último libro que sacó Stephen King, si por fin le hizo caso a su doctor y dejó de tomar café por el bienestar de su salud estomacal. Me pregunto si todos los días se acuerda de mí, si algún día piensa volver o si no se ha rendido.

Lo correcto sería tomar un avión a Valle del Rock, llamar a su puerta y abrazarlo para nunca separarnos. En mi cajita especial tengo guardado el dinero exacto para el boleto. Todas las mañanas reviso vuelos disponibles, pero mientras más lo pienso, más pretextos me invento de por qué no puedo ir.

Lo que me preocupa es que se esté guardando en el corazón toda su tristeza y que llegue el día en que reviente y no tenga a nadie para sostener su mano.

Ahora que te escribo, acabo de pensar en algo que no se me había ocurrido. Ya que no puedo hablar con él con mi voz, le escribiré una carta. Total, escribir es nuestra forma favorita para comunicarnos con personas que no conocemos.

Mamá, ya tengo que irme, se me está haciendo un poco tarde.

No me quiero ir sin darte las gracias por todo. A ambos los amo con todo mi corazón y les agradeceré por toda la vida lo que vivimos juntos. No pierdo la esperanza de que llegará el día en que los tres nos reencontremos.

No dejes de cuidarnos y de guiar nuestros caminos, te amo.

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