Isaac estaba jugando en el suelo cuando Pearl se acercó, con el rostro pálido y lágrimas en los ojos.
—Isaac… Alejandro… ya no… está con nosotros —dijo con voz temblorosa.
Isaac no entendía del todo, pero sintió un vacío enorme en el pecho. Sus lágrimas comenzaron a rodar mientras preguntaba:
—¿Por qué, mamá? ¿Por qué no está conmigo?
Pearl no pudo responder. Su corazón se rompió nuevamente al ver el dolor de su hijo pequeño, que ahora comprendía que algo irreversible había sucedido.