Mami, no quiero dormir |sueños oscuros #2|

2° Presencia

Domingo por la mañana. Lo rayos del sol entraban por las ventanas de la estancia, pintando las paredes y el suelo con los cálidos tonos del amanecer, junto con la brisa fresca del viento que hacía ondear las cortinas. La madera con la que la casa estaba construida resplandecía con la luz que ingresaba en ella haciéndola lucir acogedora, incluso para la familia Darnell que acababa de mudarse ahí apenas el día anterior.

En el interior de la casa se sentía un ambiente tan hogareño, que resultaba incitante para olvidar por completo el motivo por el cual se encontraban ahí. Al extremo izquierdo de aquella casa se lucía una cocina integral hecha de caoba, en donde se vislumbraba una mesa pequeña de forma circular con tres sillas rústicas, hechas del mismo tipo de madera. Ahí se encontraba una mujer de complexión esbelta que portaba un delantal de tela color amarillo claro en la parte superior y blanco en la parte inferior, con el que protegía sus jeans y su blusa negra.

Cuando terminó de preparar el desayuno en la estufa, caminó con un sartén de tamaño mediado entre sus manos hasta la mesa, para deslizar el último hot-cake que había cocinado sobre una hilera de panqueques humeantes.

La casa se había llenado del dulce y delicioso aroma que éstos desprendían, haciendo así rugir el estómago de la más pequeña habitante de esa casa.

La niña, con una gran sonrisa en su rostro y su conejito blanco entre sus brazos, se levantó del sillón alargado y de color marrón que reposaba en la sala, justo enfrente de la cocina.

De a saltitos se dirigió hasta su madre, rechinando contra el piso sus tenis blancos con azul cielo que combinaban con su ropa deportiva, al mismo tiempo que la madera crujía, inundando en un segundo el lugar con un tierno escándalo.

La pequeña se sentó a la mesa acomodando a su conejo blanco sobre ésta, con sus brillantes ojos negros dirigidos hacia ella como si la mirara fijamente; a Susy le encantaba sentir que el Señor Bigotes la veía, porque de alguna forma, la hacía sentir segura.

—¡Alan, ya está listo el desayuno! —llamó Valeria a su marido desde la escalera que estaba al fondo del pasillo, pasando la sala.

Regresó hasta la cocina y sirvió en el plato de la pequeña un hot-cake. Le untó un poco de mantequilla antes de agregarle la miel de maple, que con su consistencia característica no muy espesa y color tostado, se deslizó por los bordes del panecillo hasta terminar formando un pequeño lago en el plato.

Susy se relamió los labios mientras ensanchaba su sonrisa, adoraba los panqueques.

Tomó su tenedor, ansiosa por comenzar a comer pero no lo hizo, en su lugar, miró cómo su madre servía 2 hot-cake en su propio plato y dos más en el de su padre. Observó cómo Valeria repetía el proceso que había realizado con la mantequilla y la miel.

Mientras tanto, por las escaleras bajaba un hombre con barba de candado vistiendo un traje deportivo, que consistía en una camisa roja de manga corta, un pants negro con rayas blancas verticales a los costados y tenis gris oscuro.

Susy se giró hacia su padre al oír su saludo y fijó sus ojitos sobre él.

Alan se estaba acomodando la camisa, que no sólo dejaba ver sus grandes pectorales, sino también mostraba el bien marcado abdomen que el hombre poseía y que a Susy siempre le recordaba por su tamaño a una sandía.

Sonrió con más ahínco, recordando que en alguna ocasión su hermano mayor le había preguntado a su padre: “¿cuántos años de embarazo tienes?” mientras le acariciaba el abultado estómago. Ella no entendía bien a qué se refería con eso, pero ver a su madre reír tan fuerte que casi estuvo a punto de escupirle en la cara el café que se estaba tomando, la había hecho carcajearse también.

Desvió sus ojos hacia su plato con algo de melancolía, con la sonrisa desvaneciéndose y su mirada perdiendo toda su luz.

Extrañaba demasiado a su hermano…

Sintió la mano de su madre acariciar su cabecita con amor, estaba preocupándola. Sonrió para ayudarse a despejar su mente y no inquietarla más, prefiriendo concentrarse en esos deliciosos panqueques que le rogaban con su miel y delicioso aroma a mantequilla, el ser devorados.

Al terminar el desayuno, Susy y Alan habían salido al parque que estaba cercano a su nueva casa para hacer ejercicio; además, de tener así una forma de pasar el tiempo mientras terminaban las vacaciones de invierno para Susy, también daban el tiempo para que a Alan le llamaran del empleo que había solicitado.

Por lo tanto, Valeria se encontraba sola en el nuevo hogar, pues debido a que padecía de asma no le era permitido salir mucho al frío.



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En el texto hay: terror psicológico, demonios, horror

Editado: 07.03.2018

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