Mana Gretinnyer

CAPÍTULO I - La Condenada

“Tras los caminos sin rumbo, fuera de los horizontes y de los confines de la Tierra yace un nuevo mundo “Overline” es la salvación, donde podremos volver a intentar ser nosotros, ser mejores, ser humanos.”

El televisor sonaba al fondo de una habitación un tanto desordenada, la misma se componía de cuatro paredes y un techo, pero ¿es eso suficiente? Eso era lo que me preguntaba mientras miraba desde mi cama a mi alrededor, ¿por qué es mi habitación así? ¿y por qué este mundo es de la manera que es?

Me levanté de la cama, la estancia estaba llena de dibujos y papeles tirados por el suelo, conforme caminaba entre ellos, me topé con uno que no pude evitar coger del suelo y observar, este se encontraba doblado en el suelo, pensé que quizás estaría roto por estar pisándolos sin cuidado pero no era así; un pájaro azul sobre una rama, un colegio y un gran fuego sobre este, el fuego era intenso, abrasador y despiadado, tanto que tuve que dejar el papel de lo mucho que me empezó a doler la mano, este cayó junto al resto, uniéndose a la montaña de hojas que yacían en el suelo de mi habitación, y yo en medio de ellos.

Apreté los puños y me mordí el labio inferior mientras algunas lágrimas escapaban de mi rostro y se acomodaban sobre algunas de las hojas de papel del piso; “salvación”, ese estúpido anuncio seguía sonando en la antesala y retumbaba por todo el pasillo, casi como si se burlase de mí por si quiera pensar en estas cosas que, en el fondo se no puedo ni debo hacerlo.

Después de este arrebato de ira, me dirigí al salón para apagar la televisión, al salir de mi habitación y pasar por el marco de la puerta observé el largo corredor que seguía hacia el sonido del televisor, con cuidado fui pisando en el mismo hasta llegar a la puerta del salón, casi al entrar me paré en seco al ver una figura tumbada en el sofá la cual intuí era la de mi padre, haciendo una mueca me giré con el máximo cuidado de no hacer ruido y me volteé para ir hacia la cocina, donde de seguro estaría mi madre.

Al llegar pude comprobar cómo no era así, “extraño” pensé para mí mismo, quizás siga durmiendo y todavía no se ha levantado, de cualquier modo, yo tengo cosas que hacer, y no puedo perder el tiempo para otro sermón de ella, de lo mucho que necesitaba estar centrado en acceder a La Elemental para poder ser un exorcista de provecho.

Porque todos saben lo que les ocurre a aquellos que no son de provecho en este mundo.

Pasé de nuevo por el pasillo hacia mi habitación, esta vez sin mucho cuidado, entonces escuché la voz de mi padre “joder” pensé, mientras me daba la vuelta y le miré para saber que necesitaba.

— ¿Vas a ir a clase?

— Si.

— ¿Y supongo que hay algún avance con tu “milagro”?

— No.

— ¿No? ¿Estás seguro de que esa es tu respuesta?

Vi como mi padre se levantaba del sofá y se dirigía hacia la puerta donde yo me encontraba, sus intenciones eran claras mientras alzaba el mando a distancia en mi dirección, cuando se encontraba cerca de mí, la puerta se cerró de bruces y pude ver detrás de una de las cuatro cristaleras de la misma como su expresión de ira se agrandaba conforme pasaban los segundos.

— ¡Abre esta puta puerta ahora mismo Gretinnyer! —mientras decía esto el mismo trató de hacer fuerza en el manillar de la misma mientras seguía increpándome a voces—.

— Relájate y la soltaré, iré recogiendo mis cosas si no te importa.

— ¡Vuelve aquí ahora mismo! ¿Me oyes?

Mientras me dirigía a mi habitación y cogí la mochila para meter dentro unos cuantos papeles del suelo que fui seleccionando con cuidado, me topé con uno especial que hoy sabía debía de llevar a clase, metí este dibujo con cuidado en la mochila y cogí también el dibujo del colegio en llamas, eso sí, con la punta de mis dedos, ya había tenido una mala experiencia con ese trozo de papel.

Una vez que tuve todo listo, salí de la habitación y al pasar por el salón me fije en donde estaba mi padre, el mismo se encontraba de nuevo en el sofá, me quedé unos minutos observándole desde la cristalera de la puerta; mi padre siempre ha sido una persona así desde que mama falleció cuando me dio a luz, nunca he conocido otra versión de él, sin embargo, se por un amigo cercano a mi padre que él no era así antes de perder a mama, sino que era una persona amable, afable y muy, muy paciente con todo el mundo, incluso con los problemas de la vida cotidiana.

Mientras me iba la puerta del salón se desbloqueó por sí misma, y yo me dirigí al balcón de nuestra casa como siempre, el cual se encontraba en la cocina, al abrir la puerta el frio me invadió la piel con rapidez, era invierno y eso se notaba sin prestar mucha atención al calendario, no obstante, seguro que pronto dejará de hacer frio, no creo que la gente deseé esto por mucho tiempo.

Me posé encima de la barandilla y miré al parque, mi parque, mi mente se fue hacia viejos tiempos, amigos y juegos divertidos, ese era yo, y aun así aquí estoy ahora. Pensando esto, di un paso al frente con decisión y sentí como el peso de mi cuerpo y la gravedad me arrastraban hacia abajo desde el tercer piso de mi edificio, la brisa fría del viento golpeaba duramente durante los tres segundos que duré en caída libre, ¿tres segundos? Ese es un nuevo récord pensé mientras abría los ojos y encontré el suelo a solo dos palmos de distancia mientras flotaba boca abajo en la calle.

Esbocé una sonrisa y mientras me volteé hacia el frente y dejé de nuevo que mi propio peso me ayudase a caer de pie en el suelo, pensé en como el día de hoy podría hablar con Oliver y Vex de mi récord, de seguro a Oliver le parecería interesante, mientras que a Vex… Bueno, espero que por lo menos no se ría de que no he podido lavarme la cara hoy por las prisas.

Las calles de Aguja Firme eran tranquilas, eso pensaba mientras las sobrevolaba a una corta distancia del suelo y observaba los alrededores de la ciudad y siempre pensaba lo mismo al recorrer con mi mirada las largas y curvadas casas de las estrechas calles, de vez en cuando me topaba a ciertas personas por las mismas que me miraban con interés, por desgracia para ellos no era un tonto y sabía perfectamente lo que esas mirabas significaban, por tanto hice caso omiso a estos y continué haciendo zigzag por los edificios, impulsándome en estos para llegar a mi destino.




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