Mana Gretinnyer

CAPÍTULO III - A ti, hace 150 años

Abrí los ojos poco a poco, una suave brisa de viento me acariciaba las mejillas y el aire olía a algo dulce mezclado con ceniza y algo metálico, inconscientemente pensé si venia de mi propia garganta como otras veces, pero no era así. Me encontraba de pie en un extraño jardín lleno de flores de colores extravagantes, reconocía el mismo, es donde el señor Vaas solía dar sus clases de perpetuación. Alrededor de este había una serie de piedras rotas y una estructura rodeando el mismo que, parecía haber sufrido algún tipo de daño.

Miré al origen de ese olor, pero al hacerlo la luz del sol me cegó completamente, lo que me obligó a poner mi brazo delante mía, al hacerlo me asusté, mi manga se encontraba ensangrentada al igual que toda mi túnica. Asustado entendí de donde procedía ese olor metálico. Caí al suelo de espaldas mientras me agarraba la cabeza con las dos manos, «algo no va bien» pensé.

Me volví a poner de pie e intenté caminar hacia el borde de esta estructura, pasé con cuidado por las piedras y me apoyé en los restos de las ruinas de este lugar, al avanzar, me di cuenta de que el camino se terminaba y que no podía continuar, avancé un poco más hasta el borde de este. Nos encontrábamos en el aire, a muchos pies del suelo, donde pude observar movimiento, pero lo más impactante de todo era que nos encontrábamos en La Academia, y al fijar la vista en el horizonte no podía vislumbrar Afterline, ni Aguja Firme, tampoco ninguna de las estructuras de La Ciudadela. Solo un inmenso bosque, cubierto por una azulada niebla y un cielo despejado, que contenía varios puntos blancos en el cielo, brillantes y preciosos.

De pronto escuché a alguien llamándome detrás de mí, en el jardín. Al investigar el origen del sonido, encontré a una figura que estaba tumbada boca arriba en el suelo, a la sombra de un pilar destrozado y cerca del inicio del jardín. Aun nervioso por todos los estímulos, me hice paso entre los escombros para llegar hasta ella. Cuando llegué me sorprendí al instante y sentí una gran emoción recorrer mi espina dorsal de arriba a abajo, no comprendía el porqué, si era por su aspecto extraño o por el estado de esta, pero al mirarla más de cerca me quedé paralizado, y notaba dificultad para coger aire.

La figura aparentaba ser humanoide, pero medía más del doble que yo. Tenía la piel verdosa y brillante, la luz del sol que salpicaba sobre la criatura, se colaba de entre los restos de las columnas que mantenían la estructura en pie, parecía que iluminaba sobre la misma un brillo parecido al de la purpurina, como si esta estuviese esparcida sobre su piel, pero no lo era, era una reacción natural a la claridad, yo lo sabía. Tenía el pelo largo y rojo como el fuego, ojos color azul, con un gran iris que recogían una pupila en forma circular, que me miraba, fijamente, era hermosa. Su mirada era de tristeza y dolor, pues se encontraba sangrando en el suelo, y su boca repetía una palabra entre adoloridas exhalaciones, me llamaba a mí, yo lo sabía. Me arrodillé cerca de esta criatura mientras cogía su mano y me acercaba a su cabeza, llorando.

- Es...Tre...Lla... -La criatura repetía esa palabra mientras unas lágrimas escapaban de sus ojos color cielo, las mismas, transparentes, se mezclaban con la sangre carmesí de sus mejillas, y terminaban en el suelo en una tonalidad rosácea, casualmente parecidas a algunas de las flores de este jardín. Cada vez que la criatura repetía esa palabra, sentía un gran punzón sobre mi pecho que me doblegaba de tristeza, yo solo me atreví a coger su mano y a poner mi cabeza sobre la suya, sollozando; yo conozco a este ser, yo lo sabía, y no podía recordar su nombre, no podía recordarlo-.

El sabor metálico subió por mi garganta, entonces lo comprendí, esa fue la primera vez que conocí ese sabor, esa sensación, por que yo...

-¡Gretinnyer! -Oliver me sacudía exageradamente hasta que me propinó un tortazo que me hizo ver a Lexa a mi derecha, quien se encontraba llorosa, con un rostro de preocupación-

- ¿Que? ¿Qué pasa, que ocurre? -dije vacilando mientras intentaba entender la situación-

- ¡Menos mal! -Lexa dio un gran suspiro y vi cómo se secaba los ojos con su túnica- Pensaba que te habías muerto idiota, ¿Qué te pasa?

Confuso miré a mi alrededor, nos encontrábamos exactamente entre el Comedor y la antesala de la poalina, justo donde nos encontrábamos antes de entrar por el portal de Mociño, ¿Cómo es posible? ¿Y el jardín? ¿La criatura? Miré detrás de mí, Mociño se encontraba recitando el mantra mientras tenía su mano levantada apuntando a la pared.

- ¿Mociño? Pero, nosotros ya habíamos ido, y vosotros -antes de terminar la frase noté como se me cortaron las palabras antes de que mi voz pudiese seguir, recordando lo que Levine les hizo-.

- No era real -Oliver se encontraba revisando su diario, hasta que lo cerro con una mano y lo guardó en su túnica- fui yo, perdóname Mana, pero tenía que comprobar tu plan.

- ¿Como? -me quedé sin saber que decir por unos segundos antes de agarrar a Oliver por la túnica y ponerlo contra la pared justo al lado de Mociño-

Lexa vino corriendo a mi lado a tirar de mi brazo el cual tenía sujeto a Oliver -¡Para Gretinnyer! ¡El solo estaba intentando ayudarte!

- ¿¡Ayudarme!? -Dije mientras notaba como los ojos se me nublaban, cuanto más quería evitar el llorar, más rabia me daba la situación- Os vi morir, ¡muertos! -Las imágenes de los hermanos Danvers en el suelo, inmóviles, asaltaban mi cabeza, al igual que la criatura ensangrentada, llamándome, llorando en el jardín exterior-.

Solté poco a poco a Oliver mientras él me ponía una mano en el hombro.

- Perdóname de verdad, Gretinnyer. Necesitaba saberlo, estabas muy nervioso y sabía que ibas a lanzarte a hacer algo que no habías meditado a fondo, solo quería saber cómo acabaría todo -Oliver sacó su diario de la túnica y me enseñó su portada, la palabra "Saudade" se encontraba grabada en el centro del diario, con toques dorados. - Por si te sirve de consuelo, yo estaba dentro contigo, he sentido y visto todo lo que has vivido tu.




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