Mana Gretinnyer

CAPÍTULO V - El Dibujo del Pájaro Azul

El tiempo es como ir corriendo por una cuesta empinada, a veces parece que va demasiado rápido que incluso no eres capaz de seguirle el ritmo, pero sigues avanzando con rapidez. Hay otras veces donde parece que se frena de golpe, permanece inmóvil y tu con el, tanto que me preguntaría si esto es lo que se siente al estar muerto, la paz, el vacío, el sosiego. Pero los latidos de mi corazón, no se detienen ni en esta situación tan desoladora.

Lexa, Mociño y yo nos encontrábamos esperando a las afueras del Comedor, cerca del Patio Principal a que las puertas del Comedor se abriesen y pudiéramos ver a nuestros amigos. El ambiente era tenso, Lexa se encontraba sentada en una esquina de la rocosa pared de la Academia, mientras que Mociño se encontraba caminando en círculos mientras murmuraba una larga lista de posibles consecuencias de lo que podría pasar.

Yo me encontraba sentado en los escalones, mirando hacia Afterline, el cual se mostraba justo por encima nuestro, un gran cielo azul, brillante y donde las nubes tapaban el mismo allí donde miraba, pero dejaban entreverlo sin demasiada dificultad.

— ¿Qué pensáis que hay mas allá de Afterline? —pregunté al aire mientras miraba a la línea del horizonte, a lo lejos de Aguja Firme, donde las casas de piedra rústica, algunas dobladas, se mezclaban entre ellas hasta que las mismas, a medida que se alejaban, parecían dejar de tener forma y a mezclarse con el horizonte—.

— Ni lo se, ni me importa —Lexa bufó mientras tiraba alguna que otra piedra al patio. Vi como esta me dirigía la mirada por unos segundos antes de volver la vista al patio, tenía la misma expresión que cuando se fue con Oliver al Comedor, después de nuestro encuentro con el trio Mortis—.

Miré a Lexa sintiéndome algo furioso por su forma de actuar.

— ¿He hecho algo, otra vez? —dije con un tono sarcástico, haciendo hincapié en la última frase—.

Lexa negó con la cabeza mientras echaba una pequeña carcajada.

— No, claro que no, como siempre.

— Estoy empezando a cansarme de que siempre me eches en cara lo mismo, ¿sabes? ¿Qué esperabas que hiciera?

Lexa se levantó y yo lo hice con ella mientras nos acercábamos el uno al otro.

— Ciento cincuenta años sin usar tu maldito milagro—Lexa dijo mientras me daba un toque en el pecho con su dedo índice— sabes perfectamente que ellos fueron los causantes de ese incidente, ¿y eres capaz de dejar que hagan daño a Dorian solo para que no te descubran?

Mire a Lexa confuso, busqué ayuda en Mociño pero el mismo estaba pateando el suelo con los brazos cruzados, y la cabeza cabizbaja.

— De… ¿De que estás hablando? —dije confuso—.

— ¡Deja ya de tomarnos por imbéciles Mana! —Lexa me empujó furiosamente mientras caía al suelo y ella me apuntaba con la misma mano— Habló de lo que pasó hace ciento cincuenta años, de como Matteo estuvo a punto de perder la vida por salvarte, a ti.

— Lexa… —Mociño intentó entrar a la conversación y calmar a Lexa, pero ya era demasiado tarde para pararla—.

— Hace ciento cincuenta años yo… —Traté de recordar pero solo me venían los recuerdos de aquella sala y aquel planeta, los niños, mi casa. No tenía idea de que tenía que ver yo con esos años de oscuridad—

Lexa negó al ver que no era capaz de responder y echó a caminar hacia dentro del edificio, dirigiéndose a las puertas cerradas del Comedor y esperando cerca de ellas.

— Olvídalo, ¿vale? —Mociño se sentó cerca de mi y me puso la mano en el hombro, mientras yo me encontraba mirando al suelo, incapaz de recordar—

— ¿Qué pasó hace ciento cincuenta años, Mociño? —Le dije con la voz temblorosa— ¿Por qué Lexa me odia tanto?

— Yo… —Mociño me quitó la mano del hombro y entrecruzó los dedos, mirando hacia delante— Nadie lo sabe —miré extrañado a Mociño—, hay teorías, hay… Rumores, y luego está la historia de Matteo.

Ladeé las cejas y me posicioné mirando a Mociño y a Lexa de reojo.

— ¿Qué historia?

— No puedo decirlo, va en contra de…

— No me des ese argumento cuando hoy nos hemos saltado mas de la mitad de las normas —dije intentando no levantar el tono—. Por favor, Mociño.

— Mana no puedo —dijo levantándose, pero yo le cogí el brazo antes de que se alejase—.

— ¿Por qué? Pensaba que no había secretos entre nosotros.

Mociño retiró el brazo por el que le sujetaba la manga de la túnica, incapaz de mirarme a los ojos.

— Yo… —Mociño miró al suelo mientras cerraba los puños con fuerza— También lo pensaba.

Mociño se alejó hacía las puertas del Comedor dejándome a mi solo en el patio. Yo me levanté y me alejé de las puertas hacia el patio principal, y bajé por unas escaleras hasta llegar a un puente de piedra, el cual conectaba con una de las torres de la Academia. Allí, me apoyé en una de las pilas para mirar al horizonte.

Cerré los ojos e intenté calmar mis pensamientos, si están tan enfadados conmigo debe de haber una buena razón. La mentira en Overline está prohibida, se considera uno de los mayores ofensas que uno puede hacerle a su prójimo, tanto, que existen muchos casos de muerte por ella.

La verdad por el contrario, funciona como una curación poderosa, y es de vital importancia siempre intentar ser honesto. La fina línea que separa el dolor del alivio es intangible, hay personas que son capaces de estirarla mucho con tal de no decir una verdad, o de contar una mentira, pero eso no dura mucho tiempo.

Me agarré el pecho, tocando el emblema de la tutoría Keller que venia tallado en esta. Los Exorcistas no somos menos ante esa regla universal, por eso se con certeza que Lexa y Mociño tienen razones para estar enfadados conmigo, pero, ¿son razones suficientes? ¿Qué hice para que Matteo tuviera que exponerse a salvarme? Salvarme, ¿de que?

— ¿Gretinnyer?

Una voz femenina, algo rota me llamó desde la izquierda. Al mirar vi que se trataba de Annet Nascimbenne, la misma venía acompañada de Melanie Vanders y de otra chica a la que no reconocía.




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