— ¿Qué estás dibujando, Harrison?
Dejé mis lápices de colores para mirar a Mama, quien se encontraba agachada a mi lado acariciando a . Mama tiene el pelo largo y marrón, el cual le hacía contraste con sus ojos verdes que parecían dos aceitunas por las pintadas marrones de su iris. Llevaba una blusa de color negro, y unos pantalones holgados de varios colores.
— Es una escuela de magia, es complicado —dije restándole importancia, mientras apoyaba el folio de nuevo sobre la mesa y retomaba el dibujo—.
Mama se sentó en una silla cercana y apoyó su cabeza sobre su mano, mientras me miraba. Paré de dibujar y la miré, suspirando.
— ¿Qué? —dije algo irritado pero también con curiosidad—.
— Pasas mucho tiempo en casa. ¿Por qué no sales un poco al parque?
— Mama no podemos —dije mientras escogía un nuevo color para seguir de entre mi pila de lápices— Está prohibido salir sin un buen motivo.
— Boh... —Mama sonó enfadada. Cerré los ojos maldiciendo haber dicho eso y intenté hablar antes de que fuera tarde, pero Mama comenzó a elevar el tono mientras se levantaba de la silla—. No digas estupideces, solo dices eso para poder quedarte en casa jugando a videojuegos todo el día.
— Pero Mama...
— ¡Déjame en paz! —Mama salió de mi habitación y cerró la puerta con fuerza, haciendo un sonido estridente—
«Mierda» pensé, me lo tengo merecido por abrir la boca. Dejé los lápices sobre la mesa mientras abrí la puerta del salón y fui en dirección a mi habitación, donde al llegar me fijé en que la misma se encontraba completamente recogida y ordenada.
— ¡Mama! —grité hacía el pasillo, fijándome en la puerta del fondo que daba a la cocina— Gracias, no hacía falta pero gracias.
No hubo respuesta por su parte pero sabía que me había escuchado. Cerré la puerta de la habitación mientras me tumbaba en la cama y miraba al techo de mi habitación, cuantas veces me encontraba con esta escena antes de irme.
Alargué el brazo hasta el lateral derecho de mi cabeza y mantuve pulsado durante unos segundos uno de los botones en la misma hasta que delante de mi vi como aparecía una interfaz y una biblioteca de aplicaciones, flotando en el aire. Comencé a bajar por las mismas hasta encontrar lo que buscaba.
— Everline —dije mientras con la otra mano pulsaba el botón flotante en el aire y el mundo a mi alrededor se desvanecía—.
Selena apartó los pedazos del dibujo, los cuales se encontraban completamente oscuros, como si alguien hubiese llenado los mismos de pintura negra. Parpadeé mientras me frotaba los ojos de los cuales no paraban de salir lágrimas.
— ¿Por qué? —Sentía una profunda tristeza, una presión en el pecho constante y la sensación de haber olvidado algo importante. Todo por aquella mujer del dibujo de Selena—. ¿Quién era, Selena?
Selena cogió los trozos y los juntó con sus dos manos, y acto seguido, los volvió a dejar sobre la mesa; los trozos habían vuelto a su estado original. Pude ver en ellos de nuevo las torres de la Academia, y noté que Selena los miraba con curiosidad. Trazó en uno de los pedazos del dibujo con su dedo índice por el borde del mismo, mientras me hablaba con una voz neutra.
— Solo puedo ver lo que «él» me permite ver —Selena señaló con el mismo dedo hacía mi, en dirección a mi pecho—.
Me toqué el mismo con mi mano derecha mientras trataba de buscar sentido de esta situación.
— ¿Qué es Everline? ¿Overline y Afterline? ¿La Academia? —Negué con la cabeza, la situación era demasiado complicada y carecía de sentido. La opresión de tristeza se transformó rápidamente en una de ira y confusión mientras continuaba mi asalto de preguntas sobre Selena—.
Esta se levantó de la mesa y fue bordeando la misma hasta llegar a mi lado, mientras lo hacía yo continué lanzando preguntas que no me dejaban respirar, que me quitaban aliento y llenaban mi corazón poco a poco de desesperación.
— ¿Por qué Levine y su grupo nos atacaron? ¿Tuvieron ellos algo que ver con el incidente de hace ciento cincuenta años?
— Basta —Selena llegó a mi lado y puso sus dos manos sobre mi cara mientras me miraba fijamente. Sus ojos eran, extraños. No me había fijado hasta ahora pero juraría que es un color que no era capaz de describir, pero si eran radiantes, brillantes y que me hicieron olvidar lo que estaba diciendo—.
Dejé de hablar para mirar a Selena mientras notaba que mis preocupaciones se desvanecían, era reconfortante.
— Esta es tu prueba, Harrison —Selena separó sus manos de mi cara y se quedó de pie cerca de mi—. Everline es tu prueba.
— ¿Que? —Negué con la cabeza— No, no mas acertijos, ¡Quiero la verdad!
— No puedo decirte más, Harrison —Selena se encogió de hombros mientras me miraba con seriedad. Lo cierto es que a pesar de su baja estatura y apariencia juvenil, su tono de voz y palabras parecían las de alguien muy sabia, desde luego no para la edad que aparentaba—.
— Necesito respuestas, Selena, me siento atrapado y que todo carece de sentido, solo tengo preguntas y más preguntas.
— ¿Es eso todo lo que tienes?
Antes de contestar noté que el tono de Selena era más serio que antes, y me paré a pensar en sus palabras. Fue en ese momento que me percaté del peso que sentía en mi lado derecho, en el bolsillo de mi túnica. Metí mi mano en el mismo y al sacar el contenido, vi que eran un trozo de papel.
El mismo pesaba bastante para ser papel, lo dejé sobre la mesa mientras lo trataba de abrir con cuidado y a unir de una forma lógica con el resto de trozos, pese a que aun faltaban varios, este último trozo mostraba una parte del cielo de la Academia, donde se veían dos círculos: Uno amarillo, radiante y grande, mientras que detrás de este, otro círculo mas pequeño de un color azulado, mezclado con tonos violetas, se encontraba cerca de el mismo, haciendo relieve.
— El dibujo... —dije mientras miraba al fondo de la mesa, hacia el dibujo con el fondo negro que Selena había dejado cerca de su asiento y miré al mío— ¿Lo hice yo? ¿En aquel momento?