Hace un año...
El vidrio estalló.
Después llegó el silencio.
No un silencio cualquiera, sino ese que aparece cuando el mundo deja de tener sentido.
Julieta abrió los ojos apenas unos centímetros. Todo estaba dado vuelta. Había olor a combustible, humo y tierra mojada. La lluvia golpeaba la carrocería del micro mientras a su alrededor se escuchaban gritos, llantos y el sonido lejano de las sirenas.
Intentó moverse.
Un dolor insoportable le atravesó la cabeza.
—¿Hay alguien? —susurró con la voz quebrada.
Nadie respondió.
Su vista era borrosa. Apenas distinguía los asientos retorcidos y los bolsos desparramados por el piso.
Entonces lo vio.
Un hombre parado afuera del micro.
No era un rescatista.
Vestía una campera negra empapada por la lluvia y observaba el accidente con una calma imposible. Durante unos segundos, sus ojos se cruzaron con los de Julieta.
Él la había visto despertar.
Y sonrió.
No fue una sonrisa amable.
Fue una sonrisa que le heló la sangre.
Después desapareció entre la oscuridad.
Las sirenas llegaron unos segundos más tarde.
—¡Acá hay otra sobreviviente!
Un paramédico rompió el vidrio restante y tomó su mano.
—Tranquila, ya estás a salvo.
Julieta quiso decir algo.
Quiso contarles sobre ese hombre.
Sobre aquella mirada.
Sobre esa sonrisa.
Pero antes de que pudiera pronunciar una sola palabra, la oscuridad volvió a envolverla.
Y cuando despertó al día siguiente...
Ya no recordaba nada de lo que había ocurrido después del accidente.
Ni imaginaría que, desde entonces, cada noche perdería un día entero de su vida.
Y que, algún día, conocería a un chico dispuesto a enamorarla una y otra vez, aunque para ella siempre fuera la primera vez.
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Editado: 17.07.2026