Mañana volveré a olvidarte

Capitulo 2: Mucho gusto, otra vez

—Hola... mucho gusto. Soy Tomás.
Julieta acomodó la mochila sobre su hombro y le devolvió una sonrisa tímida.
—Julieta.
—Lo sé.
Ella arqueó una ceja.
—Bueno... supongo que mi mamá te habló de mí.
Tomás soltó una risa breve.
—Sí... algo me contó.
En realidad, le habían contado mucho más.
La noche anterior, la madre de Julieta había ido hasta la casa de los nuevos vecinos para explicarles la situación. Les pidió paciencia, discreción y, sobre todo, que nunca la hicieran sentir diferente.
Tomás había pasado la noche pensando en aquella chica que olvidaba el mundo cada vez que se dormía.
Jamás imaginó que conocerla le rompería el corazón incluso antes de hablar con ella.
—¿Vamos? —preguntó él.
Julieta asintió.
Caminaron por las calles tranquilas del barrio mientras el sol de la mañana comenzaba a iluminar las veredas. El aroma a pan recién horneado escapaba de una panadería de la esquina y algunos chicos, vestidos con uniforme, caminaban rumbo al colegio entre risas y mochilas cargadas.
—¿Hace mucho que vivís acá? —preguntó Julieta.
—Nos mudamos hace unas semanas.
—¿Y extrañás tu ciudad?
—Un poco.
—¿De dónde sos?
—De Rosario.
—¿Y por qué vinieron?
Tomás dudó un instante.
—Por el trabajo de mi mamá.
—Ah...
El silencio volvió a instalarse.
Pero no era incómodo.
Julieta tenía esa costumbre de mirar todo como si fuera la primera vez. Observaba los árboles, los negocios, los perros jugando en las plazas.
Como una turista en su propia vida.
Tomás sonrió sin darse cuenta.
—¿Qué? —preguntó ella.
—Nada.
—Te reíste.
—Es que... parecés disfrutar las cosas simples.
—¿Está mal?
—Al contrario.
Creo que muchos dejamos de hacerlo.
Ella sonrió.
No sabía por qué, pero hablar con él resultaba extrañamente fácil.
El colegio estaba igual que en sus recuerdos.
O eso creyó.
Hasta que cruzó la puerta.
—¡Juli!
Una chica de pelo castaño salió corriendo y la abrazó con fuerza.
—¡Qué bueno verte!
Julieta quedó inmóvil.
Miró a Tomás de reojo, completamente perdida.
Él entendió enseguida.
La chica también.
La sonrisa de la joven se apagó apenas un segundo.
—Perdón...
Respiró hondo.
—Soy Sofía.
Tu mejor amiga.
Otra vez.
Julieta sintió un pinchazo en el pecho.
—Lo siento muchísimo...
—No pidas perdón.
Sofía sonrió con los ojos brillosos.
—Ya estoy acostumbrada.
Pero nunca deja de doler.
Las dos permanecieron abrazadas unos segundos más.
Tomás bajó la mirada.
No quería interrumpir ese momento.
Las primeras horas de clase transcurrieron con relativa normalidad.
Aunque para Julieta todo era nuevo.
Profesores que la saludaban por su nombre.
Compañeros que le preguntaban cómo estaba.
Chistes que todos entendían menos ella.
A veces sonreía por compromiso.
Otras simplemente fingía comprender.
Durante el recreo decidió salir al patio.
Necesitaba respirar.
Se sentó debajo de un jacarandá mientras hojeaba nuevamente su cuaderno.
Entonces escuchó una voz.
—¿Siempre llevás eso encima?
Levantó la vista.
Tomás sostenía dos alfajores.
Le ofreció uno.
—Gracias.
—¿Qué dice hoy?
Ella suspiró.
—Que iba a conocer a alguien.
—¿Y lo conociste?
Julieta lo observó unos segundos.
Después sonrió.
—Creo que sí.
Tomás sintió que el corazón le daba un vuelco.
—¿Puedo hacerte una pregunta? —dijo ella.
—Claro.
—¿Te da miedo hablar conmigo?
Él tardó en responder.
—Un poco.
—¿Por qué?
Porque mañana no te vas a acordar de esta conversación.
Julieta bajó la mirada.
—Debe ser horrible.
—¿Para vos?
—Para los demás.
Tomás negó lentamente.
—Creo que es más horrible para vos.
Ella permaneció en silencio.
Después apoyó la cabeza contra el tronco del árbol.
—¿Sabés qué es lo peor?
—¿Qué?
—Que todos recuerdan versiones de mí que yo nunca voy a conocer.
Tomás no encontró palabras.
Porque tenía razón.
Había una Julieta que reía, que lloraba, que hacía planes, que soñaba...
Y cada mañana desaparecía.
Como si jamás hubiera existido.
El timbre anunció el final del recreo.
Ambos se levantaron.
Antes de entrar al edificio, Julieta lo llamó.
—Tomás.
—¿Sí?
Ella sonrió con una dulzura que él jamás olvidaría.
—Me alegra haberte conocido.
Él sonrió también.
Pero en el fondo sintió un pequeño dolor.
Porque sabía algo que ella todavía no comprendía.
Al día siguiente...
Volvería a ser un desconocido para ella.




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