El despertador sonó a las siete.
Julieta abrió los ojos y, como ya era costumbre, buscó el cuaderno antes de hacer cualquier otra cosa.
Mientras leía las primeras páginas, sintió una extraña tranquilidad.
No porque hubiera aceptado su enfermedad.
Sino porque había dejado de sentirse sola.
Terminó de leer y abrió el video del día anterior.
Su otra versión apareció en la pantalla con una sonrisa enorme.
—¡Buenos días, Juli!
Hoy no voy a darte muchas instrucciones.
Solo una.
Preguntale a Tomás cómo se llama la canción que estaba escribiendo.
Y, por favor...
Prestá mucha atención cuando responda.
La grabación terminó.
Julieta arqueó una ceja.
—Cada vez sos más misteriosa...
Tomás ya estaba esperándola.
Tenía un vaso de café en una mano y el termo bajo el otro brazo.
Al verla, sonrió con esa mezcla de alegría y nostalgia que Julieta todavía no sabía interpretar.
—Buen día.
—Buen día.
Comenzaron a caminar.
Después de unos minutos, ella recordó el video.
—Che...
¿Ya le pusiste nombre a la canción?
Tomás casi tropezó con el cordón de la vereda.
—¿Qué?
—La canción.
La de la guitarra.
Me dijiste que todavía no tenía nombre.
Él permaneció unos segundos en silencio.
—Sí...
Ya lo decidí.
—¿Y cómo se llama?
Tomás respiró hondo.
—Todavía no estoy seguro de decírtelo.
—¿Tan feo es?
Él soltó una risa.
—No.
Es que...
Capaz te reís.
—Prometo que no.
Tomás la miró de reojo.
—Se llama...
"Buenos días, Julieta."
Ella dejó de caminar.
—¿Qué?
—Porque...
Es lo primero que digo cada mañana.
El silencio que siguió fue diferente.
No era incómodo.
Era de esos silencios que dicen más que mil palabras.
Julieta sintió un calor extraño en el pecho.
No entendía por qué aquella respuesta la había emocionado tanto.
—Es... lindo.
Tomás sonrió.
—¿De verdad?
—Mucho.
Durante la clase de Matemática, el profesor anunció una salida educativa para el fin de semana.
Un campamento de dos días organizado por el colegio.
El aula explotó de emoción.
—¡Sí!
—¡Al fin!
—Va a estar buenísimo.
Julieta levantó la mano.
—Profesor...
¿Y si alguien... tiene un problema médico?
El hombre sonrió con comprensión.
—Ya hablamos con tus padres.
Y también con la dirección.
Está todo preparado para vos.
Habrá un cuarto donde puedas ver tus videos al despertar y tus compañeros ya saben cómo ayudarte.
Ella bajó lentamente la mano.
Era extraño.
Todos parecían haber organizado su vida alrededor de una enfermedad que ella ni siquiera recordaba tener.
En el recreo, Sofía se acercó con dos gaseosas.
Le entregó una a Julieta.
—¿Nerviosa por el campamento?
—Un poco.
—No te preocupes.
Ya fuimos una vez después del accidente.
Julieta abrió grandes los ojos.
—¿En serio?
—Sí.
Y fue un desastre al principio.
Pero después terminó siendo uno de los mejores fines de semana del año.
—No me acuerdo de nada.
Sofía sonrió con tristeza.
—Ya lo sé.
Pero yo sí.
Y te prometo que también podés ser feliz ahí.
Al terminar las clases, Tomás acompañó a Julieta hasta su casa.
Antes de despedirse, sacó un pequeño papel doblado del bolsillo.
—Tomá.
Ella lo recibió.
—¿Qué es?
—No lo abras ahora.
Abrilo esta noche.
Cuando estés escribiendo en el cuaderno.
Julieta lo observó intrigada.
—¿Es otra de tus canciones?
—Tal vez.
—¿O una carta?
Él sonrió.
—No hago spoilers.
Esa noche, después de grabar su video para la Julieta del día siguiente, abrió el papel.
Solo había una frase escrita con una letra prolija.
"Si alguna vez sentís que tu memoria te traiciona, dejá que mi corazón recuerde por los dos."
Julieta leyó aquella oración una segunda vez.
Y una tercera.
Luego tomó el cuaderno.
Debajo del mensaje para la Julieta del día siguiente escribió algo que nunca antes se había animado a escribir.
"Creo que estoy empezando a enamorarme de un chico que voy a volver a conocer mañana."
Se quedó mirando esas palabras durante varios minutos.
No sabía si era una locura.
O una de las decisiones más valientes de su vida.
Cerró el cuaderno.
Apagó la luz.
Y mientras el sueño comenzaba, en la habitación de al lado, Tomás observaba el calendario pegado en su pared.
Con un marcador rojo rodeó la fecha del próximo fin de semana.
El campamento.
Sonrió con nerviosismo.
Porque presentía que esos dos días podían cambiarlo todo.
O romperles el corazón a ambos.
Nota del Autor: Gracias por leer ❤️
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También te invito a leer mis demás libros completos.
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Editado: 17.07.2026