El despertador sonó.
Siete en punto.
Julieta abrió los ojos y extendió la mano hacia el cuaderno azul.
Lo abrió con calma.
Leyó las primeras páginas.
Después tomó el celular y reprodujo el video que había grabado la noche anterior.
Su otra versión apareció sonriendo.
—¡Buenos días, Juli!
Hoy empieza el campamento del colegio.
Sí, ya sé... te da miedo.
A mí también me daba.
Pero quiero que recuerdes una cosa.
No importa si mañana olvidás este viaje.
Vivilo igual.
Porque hay personas que van a recordar cada sonrisa por vos.
Y una última cosa...
Confiá en Tomás.
Más de lo que imaginás.
La grabación terminó.
Julieta respiró hondo.
—Bueno... allá vamos.
Frente a su casa la esperaba un micro escolar.
Varios compañeros ya estaban subiendo con mochilas, bolsas de dormir y parlantes portátiles.
Tomás levantó una mano al verla.
—¡Buen día!
—Hola...
—¿Lista para sobrevivir un fin de semana con treinta adolescentes?
Ella rio.
—Ahora que lo decís... ya no estoy tan segura.
Tomás tomó su mochila antes de que pudiera protestar.
—Yo la llevo.
—No hace falta.
—Lo sé.
Pero igual.
Julieta negó con la cabeza.
—Sos bastante terco.
—Es uno de mis peores defectos.
—¿Y tus mejores virtudes?
Él sonrió.
—Todavía las estoy buscando.
El viaje comenzó entre música, risas y conversaciones cruzadas.
Sofía se sentó del otro lado del pasillo, mientras Tomás ocupaba el asiento junto a Julieta.
Durante la primera hora hablaron de cualquier cosa.
Series.
Comida.
Fútbol.
Música.
Hasta que Julieta apoyó la cabeza contra la ventana.
—¿Sabés qué me da bronca?
—¿Qué?
—Que probablemente este sea uno de los mejores días del año...
Y mañana no voy a acordarme.
Tomás permaneció en silencio unos segundos.
Luego sacó una pequeña cámara instantánea de su mochila.
—Entonces vamos a hacer trampa.
—¿Cómo?
—Vamos a sacar una foto cada vez que pase algo importante.
Así mañana vas a poder verlo.
Julieta sonrió.
—Me gusta esa idea.
—Listo.
Empezamos ahora.
Levantó la cámara.
—Sonreí.
—Esperá...
¡No estaba lista!
Click.
La fotografía salió lentamente por la parte superior.
En ella aparecía Julieta riéndose mientras intentaba taparse la cara.
—¡Salí horrible!
—Saliste vos.
Y eso alcanza.
Ella le dio un suave golpe en el brazo.
—Mentiroso.
Pero guardó la foto con muchísimo cuidado dentro del cuaderno.
Al llegar al campamento, el paisaje parecía sacado de una postal.
Una enorme arboleda rodeaba las cabañas.
Más allá podía verse un lago de aguas tranquilas.
El aire olía a pinos y tierra húmeda.
Los profesores repartieron las habitaciones.
Las chicas por un lado.
Los chicos por otro.
Mientras todos acomodaban sus cosas, Tomás se acercó a Julieta.
—Tengo una misión para vos.
—¿Cuál?
Le entregó una pequeña libreta de tapas verdes.
En la primera página había escrito:
"Recuerdos prestados."
Julieta lo miró confundida.
—¿Qué es?
—Cada vez que pase algo lindo...
Escribilo ahí.
No para que lo recuerdes.
Sino para que mañana puedas leer cómo te sentiste.
Ella pasó lentamente las hojas vacías.
—¿La hiciste vos?
Tomás asintió.
—Anoche.
Los ojos de Julieta comenzaron a humedecerse.
Nadie había hecho algo así por ella.
Nunca.
—Gracias...
Él sonrió.
—Todavía no.
Primero llenémosla.
Después del almuerzo organizaron distintas actividades.
Carreras de orientación.
Juegos en equipo.
Búsqueda del tesoro.
Por primera vez en mucho tiempo, Julieta se olvidó de su enfermedad.
Corría.
Reía.
Discutía con Sofía porque ambas estaban convencidas de que el mapa estaba al revés.
Y Tomás no dejaba de reír cada vez que ella se equivocaba de camino.
Al caer la tarde, el profesor anunció la última actividad.
—Esta noche vamos a hacer una fogata.
Todos aplaudieron.
Tomás miró de reojo a Julieta.
Ella parecía ilusionada.
Pero también nerviosa.
No por la fogata.
Sino porque sabía que, al despertar...
Todo aquello desaparecería de su memoria.
Sin embargo, decidió dejar de pensar en el mañana.
Solo por esa noche.
Solo por unas horas.
Quería vivir el presente.
Y mientras el sol comenzaba a esconderse detrás de las montañas, Tomás sacó otra fotografía instantánea.
La observó sonriendo junto al lago.
La guardó con cuidado.
Y pensó que, aunque Julieta olvidara ese atardecer...
Él jamás permitiría que ese día se perdiera para siempre.
Nota del Autor: Gracias por leer ❤️
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Editado: 17.07.2026