El despertador sonó a las siete.
Julieta abrió los ojos y sonrió con cansancio.
Todavía dolía.
Pero ya no peleaba contra la realidad.
Tomó el cuaderno.
Leyó las notas.
Vio el video.
Cuando terminó, recordó una frase que había escrito la Julieta del día anterior.
"Antes de leer cualquier otra cosa... abrí el sobre que te dio Tomás."
Miró la mesa de luz.
Allí estaba.
Un pequeño sobre de papel madera.
Lo abrió con cuidado.
Dentro había varias fotografías del campamento.
La primera era la que se habían tomado en el micro.
En otra aparecía Sofía riéndose mientras intentaba prender la fogata.
Había una del lago al amanecer.
Otra donde todo el curso posaba con caras ridículas.
Y la última...
La última hizo que Julieta dejara de respirar por un instante.
Era una foto tomada de espaldas.
Ella estaba apoyando la cabeza sobre el hombro de Tomás mientras miraban el atardecer.
Ninguno estaba mirando a la cámara.
Debajo, escrito con birome azul, había una frase.
"No importa si mañana olvidás este momento. Yo lo voy a recordar por los dos."
Julieta sintió un nudo en la garganta.
—Sos un idiota... —susurró sonriendo mientras una lágrima caía sobre la fotografía.
Guardó todas las imágenes dentro del cuaderno.
Al salir de su casa, encontró a Tomás esperándola.
Como siempre.
—Buen día.
Ella levantó la fotografía.
—¿Fuiste vos?
Él sonrió.
—Sí.
—¿Quién sacó esa foto?
—Sofía.
Dice que somos muy distraídos.
Julieta observó nuevamente la imagen.
—No recuerdo ese momento...
Pero...
Se ve lindo.
Tomás la miró con ternura.
—Lo fue.
Y mucho.
Durante unos segundos caminaron en silencio.
Luego Julieta habló.
—Gracias por darme recuerdos cuando los míos desaparecen.
Tomás sintió que el pecho se le apretaba.
—Gracias a vos por seguir creando recuerdos conmigo.
Las clases transcurrieron con normalidad.
Al terminar Historia, la preceptora entró al aula.
—Julieta Ferreyra.
Ella levantó la mano.
—La directora quiere hablar con vos.
Al llegar a la oficina, encontró a sus padres sentados frente al escritorio.
Su mamá tenía los ojos rojos.
Su papá parecía más serio de lo habitual.
La directora le sonrió con amabilidad.
—No te preocupes.
No hiciste nada malo.
Solo queremos contarte algo.
Su padre tomó la palabra.
—El neurólogo llamó esta mañana.
Quiere hacerte nuevos estudios.
Julieta tragó saliva.
—¿Por qué?
—Porque los recuerdos que tuviste en el campamento son importantes.
Creen que tu cerebro está reaccionando de una forma distinta.
Existe la posibilidad de que...
Hizo una pausa.
—...tu memoria esté intentando recuperarse.
El corazón de Julieta comenzó a latir con fuerza.
—¿Eso significa que puedo curarme?
Nadie respondió enseguida.
La directora bajó la mirada.
Su madre le tomó la mano.
—Significa que hay esperanza.
Pero también muchos riesgos.
No queremos ilusionarte antes de tiempo.
Julieta asintió lentamente.
Esperanza.
Hacía mucho que esa palabra no aparecía en su vida.
Al salir de la oficina encontró a Tomás esperándola en el pasillo.
—¿Está todo bien?
Ella dudó unos segundos.
Después le contó lo que había ocurrido.
Tomás sonrió.
Una sonrisa sincera.
De esas que iluminaban los ojos.
—Es una buena noticia.
—¿Y si no funciona?
—Entonces...
Seguiremos haciendo lo que mejor sabemos hacer.
—¿Qué cosa?
Él levantó la fotografía del campamento que todavía llevaba en la mano.
—Llenar tu vida de recuerdos nuevos.
Aunque tengas que descubrirlos cada mañana.
Julieta no pudo evitar abrazarlo.
Fue un abrazo corto.
Espontáneo.
Pero suficiente para que ambos sintieran que algo estaba cambiando.
Esa misma tarde, a varias cuadras del colegio, un hombre observaba la salida de los alumnos desde el interior de un automóvil oscuro.
Llevaba una gorra que ocultaba parte de su rostro.
Cuando vio a Julieta abrazar a Tomás, apretó con fuerza el volante.
Después sacó un teléfono descartable.
Marcó un número.
—Sí...
Es ella.
Hizo una pausa.
Sin dejar de mirar hacia la escuela.
—No.
Todavía no recuerda todo.
Pero empezó a hacerlo.
Del otro lado hubo un breve silencio.
El hombre respondió con una voz fría.
—Entonces tendremos que adelantarnos antes de que recupere la memoria.
La llamada terminó.
Y el automóvil arrancó lentamente.
Sin que Julieta ni Tomás supieran que el pasado acababa de empezar a buscarlos.
Nota del Autor: Gracias por leer ❤️
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Editado: 05.08.2026