Mañana volveré a olvidarte

Capitulo 16: El examen

La lluvia golpeaba suavemente la ventana del auto.
Julieta iba en el asiento del acompañante junto a su madre.
Atrás, su papá conducía en silencio.
Era sábado por la mañana.
No había clases.
Solo una cita con el neurólogo.
Cada tanto, Julieta miraba por la ventanilla.
No recordaba haber estado en esa clínica.
Pero el cuaderno decía que el doctor la atendía desde hacía más de un año.
Y, por alguna razón, eso la tranquilizaba.
—Hola, Juli.
El doctor Esteban Ferrero le sonrió apenas entró al consultorio.
Era un hombre de unos cincuenta años, de cabello canoso y mirada amable.
Nunca la trataba como una paciente.
Siempre como una adolescente más.
—¿Cómo estás hoy?
Julieta hizo una mueca.
—Depende...
¿La respuesta corta o la larga?
El médico soltó una risa.
—Empecemos por la corta.
—Confundida.
—¿Y la larga?
—Confundida... pero con esperanza.
El doctor asintió.
—Eso ya es un avance.
Durante más de una hora realizaron distintos ejercicios.
Le mostró fotografías.
Le pidió recordar palabras.
Reconocer sonidos.
Dibujar figuras.
Describir emociones.
Después de terminar, el médico apoyó la lapicera sobre el escritorio.
—Tus resultados mejoraron.
Los padres de Julieta intercambiaron una mirada.
—¿Eso significa que está recuperando la memoria? —preguntó su mamá.
El doctor negó lentamente.
—No exactamente.
Lo que está ocurriendo es distinto.
Miró a Julieta.
—Tu cerebro sigue sin guardar recuerdos nuevos después de dormir.
Pero...
Los recuerdos antiguos están intentando salir.
Como si una puerta que permanecía cerrada comenzara a abrirse muy despacio.
Julieta tragó saliva.
—¿Y eso es bueno?
—Sí.
Aunque también puede ser doloroso.
Los recuerdos traumáticos suelen aparecer primero.
Porque fueron los más intensos.
El consultorio quedó en silencio.
Antes de despedirse, el doctor le entregó una pequeña libreta.
—Quiero que empieces algo nuevo.
Julieta la observó.
En la tapa decía:
"Las cosas que siento."
—¿Qué tengo que escribir?
—No quiero que escribas lo que hiciste.
Eso ya lo hacés.
Quiero que escribas cómo te sentiste.
Las emociones a veces permanecen más tiempo que los recuerdos.
Quizá encontremos un camino por ahí.
Julieta sonrió.
—Lo voy a intentar.
Al salir de la clínica, encontró a Tomás sentado en un banco de la plaza de enfrente.
Tenía la guitarra apoyada contra las piernas.
Cuando la vio cruzar la calle, se puso de pie.
—¿Cómo te fue?
Ella levantó la libreta.
—Tengo tarea.
Él sonrió.
—¿Difícil?
—Bastante.
Caminaron por la plaza mientras las hojas secas crujían bajo sus zapatillas.
Julieta le contó todo lo que el médico le había explicado.
Tomás escuchó sin interrumpirla.
Cuando terminó, permaneció unos segundos en silencio.
—Entonces...
¿Los recuerdos pueden volver?
—Tal vez.
—¿Y eso te pone feliz?
Julieta tardó en responder.
—Sí...
Pero también me da miedo.
—¿Por qué?
Ella lo miró.
—Porque si los primeros recuerdos que vuelven son los peores...
No sé si voy a poder soportarlo.
Tomás se detuvo.
Le tomó ambas manos.
—Entonces no los vas a enfrentar sola.
Ella sintió ese calor conocido en el pecho.
Ese calor que aparecía cada vez que él estaba cerca.
Antes de despedirse, Tomás sacó una pequeña caja del bolsillo de su campera.
Era de madera.
Muy sencilla.
—¿Qué es?
—Abrila.
Dentro había dieciséis papelitos de colores, cuidadosamente doblados.
Cada uno tenía una fecha.
Julieta levantó la vista.
—¿Qué significa esto?
Tomás sonrió.
—Cada papel tiene algo que pasó ese día.
Un chiste.
Una conversación.
Una foto.
Una anécdota.
Cuando tengas un día muy triste...
Abrí uno.
No todos.
Solo uno.
Porque todavía nos quedan muchos días por vivir.
Julieta sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.
—¿Vos hiciste esto?
—Sí.
Quiero que siempre tengas algo lindo esperando por vos.
Ella cerró la caja con cuidado.
Era, sin duda, el regalo más especial que alguien le había hecho.
Esa noche, antes de dormir, Julieta abrió la nueva libreta.
En la primera página escribió:
"Hoy sentí esperanza."
"También miedo."
"Pero sobre todo..."
Se quedó pensando unos segundos.
Después sonrió mientras apoyaba la lapicera.
"Sentí que, aunque mi memoria siga rota..."
"Hay personas que nunca dejan que me rompa yo."
Cerró la libreta.
Apagó la luz.
Y mientras el sueño comenzaba a borrar una vez más el día de su memoria...
En algún lugar de la ciudad, el hombre del automóvil negro dejó sobre una mesa varias fotografías.
Una de ellas mostraba a Julieta saliendo de la clínica.
Otra...
A Tomás sosteniéndole las manos.
El hombre las observó unos segundos.
Después tomó un encendedor.
Quemó lentamente la fotografía de Tomás.
Y murmuró con frialdad:
—Si él sigue cerca...
Va a arruinarlo todo.
Las llamas consumieron el papel.
Pero la amenaza apenas acababa de comenzar.

Nota del Autor: Gracias por leer ❤️
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