El viento movía suavemente las hojas de los árboles de la plaza.
Tomás permanecía en silencio.
La guitarra descansaba a su lado.
Julieta no apartaba la mirada de él.
La pregunta seguía flotando entre ambos.
—¿Por qué nunca me dijiste que estabas en el accidente?
Tomás respiró profundamente.
Sabía que ya no podía seguir ocultándolo.
—Porque no quería que pensaras que me acerqué a vos por lástima.
Julieta frunció el ceño.
—¿Entonces por qué te acercaste?
Él sonrió con tristeza.
—Porque no podía dejar de pensar en vos.
Tomás bajó la vista.
—Ese día...
Yo iba sentado cuatro filas atrás.
Había viajado con mi primo porque jugábamos un amistoso con otro colegio.
Julieta escuchaba en absoluto silencio.
—Cuando empezó a llover, el chofer quiso frenar.
Pero...
Hizo una pausa.
Como si volver a ese momento todavía doliera.
—Un auto apareció de frente.
Demasiado rápido.
El chofer giró el volante para evitar el choque.
Y el micro terminó saliéndose de la ruta.
Julieta sintió un escalofrío.
Las imágenes comenzaban a mezclarse con los pequeños recuerdos que habían regresado.
—¿Vos... me viste?
Tomás asintió.
—Cuando recuperé el conocimiento.
Había mucho humo.
Gritos.
Vidrios rotos.
Vi que una chica seguía atrapada entre los asientos.
Eras vos.
Los ojos de Julieta se llenaron de lágrimas.
—Intenté ayudarte.
Pero los bomberos me sacaron primero.
Tenía el brazo fracturado.
No podía volver a entrar.
Su voz comenzó a quebrarse.
—Y durante semanas pensé que...
No habías sobrevivido.
Julieta sintió que el pecho le dolía.
Nunca había imaginado que Tomás también cargaba con heridas invisibles.
—Después pregunté por vos en el hospital.
Todos los días.
Hasta que un enfermero me dijo que habías despertado.
Pero...
Que ya no recordabas nada de lo que pasaba después de dormir.
Julieta bajó lentamente la mirada.
—Entonces...
¿Me conocías antes de que yo te conociera?
Tomás sonrió.
—Muchísimo antes.
—¿Y por qué esperaste tanto para hablarme?
Él soltó una pequeña risa.
—Porque tenía miedo.
—¿Miedo de qué?
—De convertirme en un extraño cada mañana.
Julieta sintió un nudo en la garganta.
Era exactamente eso.
Cada amanecer...
Él volvía a ser un desconocido.
Y aun así...
Nunca dejaba de volver.
Los dos permanecieron en silencio.
Hasta que Julieta rompió a llorar.
No era un llanto desesperado.
Era un llanto tranquilo.
De esos que nacen cuando una verdad encuentra por fin su lugar.
Tomás se acercó.
—Ey...
No llores.
Ella negó con la cabeza.
—Perdón...
Es que...
Todos los días siento que soy yo la que pierde cosas.
Pero nunca pensé en todo lo que vos también perdiste.
Tomás sonrió con dulzura.
—No perdí todo.
Ella levantó la vista.
—¿No?
Él negó lentamente.
—Te encontré a vos.
Julieta sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.
Durante unos segundos, ninguno de los dos habló.
Solo se miraron.
Como si el resto del mundo hubiera desaparecido.
Esa noche, Julieta llegó a su casa con la cabeza llena de preguntas.
Antes de grabar el video para la Julieta del día siguiente, tomó la cámara.
Respiró hondo.
—Hola, Juli...
Hoy descubrimos algo muy importante.
Tomás también estaba en el accidente.
Y entendí que no soy la única que vive con cicatrices.
Solo que las de él...
No se ven.
Sonrió con tristeza.
—No tengas miedo cuando leas esto.
Al contrario.
Creo que ahora entiendo un poco más por qué confío tanto en él.
Porque estuvo ahí...
Incluso antes de que yo supiera su nombre.
Apagó la grabación.
Después abrió la libreta de emociones.
Escribió lentamente.
"Hoy comprendí que hay personas que llegan a tu vida dos veces."
"La primera, cuando el destino las cruza."
"La segunda..."
"Cuando deciden quedarse."
A varios kilómetros de allí, dentro del automóvil negro, el hombre misterioso observaba una vieja fotografía del accidente.
En ella aparecía el micro destrozado.
Con un marcador rojo, había dibujado un círculo sobre dos nombres.
Julieta Ferreyra.
Tomás Álvarez.
Luego tomó el teléfono y habló con una voz fría.
—Ya no podemos esperar más.
Del otro lado de la línea solo hubo una respuesta.
—Entonces empezá con el chico.
El hombre sonrió.
Y, por primera vez, su objetivo dejó de ser únicamente Julieta.
Ahora... Tomás también estaba en peligro.
Nota del Autor: Gracias por leer ❤️
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Editado: 05.08.2026