Mañana volveré a olvidarte

Capitulo 22: La primera amenaza

Esa noche, Tomás casi no durmió.
Cada vez que cerraba los ojos, volvía a ver el automóvil negro estacionado frente a su casa.
Y aquella frase seguía resonando en su cabeza.
"Hay recuerdos que deberían quedarse enterrados."
No podía ser una casualidad.
Alguien sabía quién era.
Y sabía que había sobrevivido al accidente.
A la mañana siguiente, Julieta hizo su rutina de siempre.
Cuaderno.
Video.
Libreta de emociones.
Antes de terminar el video, la Julieta del día anterior sonrió.
—Hoy quiero pedirte un favor.
Si notás que Tomás está raro...
No lo dejes solo.
Creo que intenta protegernos a todos.
Y se olvida de protegerse él.
Julieta frunció el ceño.
—¿Qué habrá pasado ayer...?
Guardó el celular y salió de su casa.
Tomás ya estaba esperándola.
Pero tenía profundas ojeras.
—Buen día.
—¿Dormiste algo?
Él intentó sonreír.
—Un poco.
—Mentiroso.
Tomás soltó una pequeña risa.
—¿Se nota tanto?
—Muchísimo.
Caminaron en silencio unas cuadras.
Hasta que Julieta se detuvo.
—Tomás...
Prometeme algo.
—¿Qué cosa?
—Si alguna vez tenés miedo...
Contámelo.
No decidas solo.
Él la observó con ternura.
—Te lo prometo.
Aunque, en el fondo, sabía que ya estaba rompiendo esa promesa.
Al llegar al colegio, Sofía los esperaba en la entrada.
—¡Llegan justo!
—¿Qué pasó? —preguntó Julieta.
—El director quiere hablar con todos los que estuvieron en el accidente.
Tomás y Julieta intercambiaron una mirada.
El corazón de ambos se aceleró.
En la oficina del director había cuatro alumnos más.
Todos habían viajado en aquel micro un año atrás.
El director respiró hondo antes de hablar.
—Anoche recibimos una llamada anónima.
El ambiente se congeló.
—¿Qué decía?
—Solo una frase.
El director bajó la vista hacia un papel.
—"Hay personas haciendo preguntas que nunca debieron hacerse."
Nadie habló.
—La policía ya fue avisada.
Probablemente sea una broma de muy mal gusto.
Pero quería que todos estuvieran al tanto.
Julieta sintió un escalofrío.
No parecía una broma.
Parecía una advertencia.
Al salir de la reunión, Tomás decidió contarle toda la verdad.
Le habló del hombre que lo había esperado en la puerta del colegio.
Del automóvil negro.
Y de haberlo visto nuevamente frente a su casa.
Julieta quedó completamente pálida.
—¿Por qué no me lo dijiste?
—Porque no quería asustarte.
Ella negó con la cabeza.
—Ya estoy asustada.
Tomás no encontró palabras.
Entonces Julieta hizo algo inesperado.
Tomó su celular.
Abrió la cámara.
Y comenzó a grabar.
—Hola, Julieta de mañana.
Hoy quiero que recuerdes algo importante.
Si alguna vez sentís que Tomás está distante...
No es porque dejó de importarle.
Es porque cree que puede protegerte solo.
Y eso es una tontería.
Porque...
Hizo una pausa y sonrió con dulzura.
—Ahora somos un equipo.
Apagó la grabación.
Tomás la miró con los ojos brillantes.
—Gracias.
—No me las des.
Mañana voy a olvidarme de haber dicho esto.
Así que haceme el favor de recordármelo.
Los dos rieron.
Por unos segundos, el miedo desapareció.
Esa misma tarde, un sobre blanco fue deslizado por debajo de la puerta de la casa de Tomás.
No tenía remitente.
Solo su nombre escrito con letras recortadas de revistas.
Lo abrió con cuidado.
Dentro había una única fotografía.
Era una imagen tomada desde lejos.
Mostraba a Julieta saliendo de su casa esa misma mañana.
En el reverso, escrito con tinta negra, había una frase.
"La próxima vez no la voy a estar mirando desde lejos."
Tomás sintió que la sangre se le helaba.
Apretó el papel entre sus manos.
Ya no había dudas.
Aquella amenaza era real.
Y si quería mantener a Julieta a salvo...
Tendría que tomar una decisión que podía romperle el corazón.

Nota del Autor: Gracias por leer ❤️
Si te gustó esta historia, agregala a tu biblioteca y seguime como autor. Eso me ayuda muchísimo a seguir creciendo.
También te invito a leer mis demás libros completos​​​​​




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.